martes, 20 de enero de 2026

El mico congelado​

​En el tablero de la geopolítica de este inicio de 2026, el "Gran Simio" americano ha decidido que el mundo es su Isla Calavera particular. Como ya analizamos en The Great America Again I y su segundo volumen, Trump no entiende de diplomacia, solo de dominio territorial y fuerza bruta. Tras el impacto mundial del asalto a Venezuela y la captura de Maduro el pasado 3 de enero, King Kong ha fijado su mirada en el Ártico, amenazando con aranceles del 25% a quienes se opongan a su capricho sobre Groenlandia.

​La parálisis del antiliderazgo

​Mientras el mundo tiembla, en España asistimos al espectáculo de un mico congelado. Alberto Núñez Feijóo, aquel que llegó de tierras gallegas con la aureola de hombre de Estado y conciliador, ha demostrado que su talla política no alcanza siquiera para asomarse al horizonte.

​Dedicado únicamente a su supervivencia doméstica, Feijóo mantiene un antiliderazgo que se rezaga ante los hechos, quedándose atrás de su propia manada. Mientras Manfred Weber y el PP Europeo ya han exigido paralizar los acuerdos comerciales con EE. UU. ante el chantaje del titán, Feijóo se refugia en un silencio sepulcral que evidencia su falta de reflejos.

​No es prudencia; es un estrabismo político crónico. Es incapaz de articular una respuesta de Estado porque sus ojos no miran al interés general: con un ojo vigila el patio de Ayuso, temiendo el zarpazo de la leona, y con el otro intenta contener el sorpasso de Abascal. Al salir de su selva protegida de mayorías absolutas gallegas, el macaco desnortado ha descubierto que, en el ruedo internacional, los bandazos no sirven para esconder la mediocridad de quien llega siempre tarde a la historia.

​El contraste del funambulista

​En este escenario, el papel de Pedro Sánchez se repite con una precisión casi coreográfica. Al igual que ocurrió con el conflicto entre Palestina e Israel, el presidente aprovecha el vacío de la oposición para jugar la carta del perfil internacional. Sánchez se mueve como un funambulista, ocupando el espacio de "estadista" que deja libre el PP, mientras el mico sigue atrapado en la base del árbol, incapaz de decidir si mirar a la derecha o a la extrema derecha por miedo a perder su rama.

​Es difícil marcar rumbo cuando, en lugar de mirar al mar, estás pendiente de tus rivales en la orilla. En la era de los titanes y el fuego, el mico congelado sigue buscando una sombra donde esconderse, sin darse cuenta de que la mediocridad es el hielo que terminará por romper su propia liana.

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