La política española ha cruzado el umbral de la supervivencia democrática. Lo que comenzó como una estrategia de desgaste extremo para desalojar al Gobierno de las instituciones, y de paso deteriorarlas como elemento vertebrador de nuestra sociedad, ha terminado por parir un engendro. Alberto Núñez Feijóo, el líder que llegó con aura de moderado, se encuentra hoy con una hija putativa que ya no puede esconder: la "Derecha Borroka".
No estamos ante una ira espontánea, sino ante un compuesto sintetizado en think tank. La Dextroborroka es ese jarabe amargo que la vieja guardia derechista suministra a las bases. El prospecto es claro: para que el efecto sea total, hay que mantener la calle y las redes en agitación permanente. Si la tensión baja, el veneno pierde su efecto y el partido corre el riesgo de volver a la cordura institucional. Por eso, desde las alturas, la orden es clara: agítese antes de usar.
Observamos una deriva alarmante en los expresidentes de la era pre-15M. Aquellos que gestionaron el país antes de que las plazas exigieran una democracia real, parecen hoy empeñados en tejer una red neuronal que castigue cualquier avance que se salga de su control.
- Aznar camina abiertamente dando consignas y marcando la doctrina de la confrontación total desde su atalaya en FAES.
- Felipe González, por su parte, parece obsesionado con quitarle al actual Gobierno progresista la chaqueta de pana que él mismo calzó hace décadas.
Ambos comparten un objetivo: preservar un sistema donde solo ellos y sus herederos tengan la llave de las instituciones. Al deslegitimar al Gobierno actual como una anomalía peligrosa, están dando un cheque en blanco a los radicales.
La Derecha Borroka es la fuerza de choque resultante de este clima. Su objetivo es el silenciamiento de la disidencia. Como documenta el reportaje sobre el acoso ultra a activistas y periodistas, la estrategia consiste en trasladar el odio de los canales de Telegram al acoso personal. Mientras Feijóo calla o balbucea condenas tibias, sus "hijos" más radicales buscan que cualquier voz crítica se retire por puro terror.
El PP ha cometido el error histórico de alimentar al monstruo creyendo que podría pastorearlo. Pero la Derecha Borroka ya camina sola.
Como analizamos en El PP ante su propio diablo, engendrar bestias solo garantiza que acaben devorando la casa. Feijóo podrá negar la paternidad en público, pero la historia recordará que esta hija putativa nació bajo su guardia y con la bendición de unos expresidentes que no perdonan que el país haya seguido adelante sin pedirles permiso.
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