En El Rincón de Kurro llevamos tiempo analizando la "vuelta a la tortilla" de 2022, pero los sondeos de este mes de marzo de 2026 nos dejan una foto fija inquietante: Andalucía parece haber aceptado una sanidad de dos velocidades como el "nuevo orden natural".
Lo que estamos viviendo este marzo no es falta de presupuesto, es una estrategia de goteo. Se asfixia el sistema público —listas de espera infinitas, centros de salud bajo mínimos— para que el ciudadano, desesperado, acepte como "única salida" la derivación a la clínica privada.
Los datos de la encuesta de El Periódico son demoledores: el 70% de los andaluces califica la situación sanitaria como "mala o muy mala". Sin embargo, el dinero sigue fluyendo hacia los hospitales privados mediante contratos "a dedo". Es el "Azarías" del siglo XXI: un ciudadano que espera pacientemente mientras los recursos que deberían curarle en lo público terminan engordando los beneficios de las aseguradoras.
Aquí viene el verdadero giro de guion. ¿Cómo es posible que con ese descontento sanitario el PP siga rozando la mayoría absoluta? Según el sondeo, Juanma Moreno obtendría entre 56 y 59 escaños (la absoluta está en 55).
La respuesta no está solo en la gestión, sino en la incapacidad aritmética de la izquierda. Mientras el bloque de derechas es monolítico, la izquierda andaluza sigue perdida en su laberinto de "enemigos íntimos":
- El PSOE de María Jesús Montero: No logra el vuelco esperado y se estanca en los 30-32 escaños, lastrado por el desgaste de la marca nacional.
- La izquierda fragmentada: Por Andalucía y Adelante Andalucía siguen dándose la espalda. Al ir por separado, miles de votos progresistas en provincias como Cádiz o Huelva se irán directamente a la basura por la Ley D'Hondt.
La unidad técnica que algunos plantean como tabla de salvación es hoy una quimera. Al presentar tres o cuatro papeletas, la izquierda le regala los escaños "de resto" al PP y a Vox. Es puro realismo matemático: la división de la izquierda es el mejor respirador artificial para la mayoría absoluta de la derecha.
Andalucía ya no tiene miedo al "señorito", pero está empezando a sufrir las consecuencias de un modelo que favorece al que puede pagárselo. Si el PSOE y sus socios no logran superar sus rencillas antes de que se abran las urnas, este 2026 no será un examen para el PP, sino la consolidación definitiva de un diseño de privatización que ya no tiene vuelta atrás.
¿Qué pesa más en vuestro ánimo? ¿El cabreo por la Sanidad que revela la encuesta o la desilusión ante una izquierda que no sabe sumar?