lunes, 9 de junio de 2014

Nonatos o mal nacidos

Hace ya unos meses, oí, y prometo que hasta intenté escuchar, al ministro ese que se parece a Groucho Marx. Si hombre, ese que en la oposición parecía ser el más progresista de los retrógrados habitantes del PP y que ahora se ha mostrado como el cruzado mas intrépido de la moral católica y de la vida del nonato.

Alberto Ruiz Gallardón hablaba en su tele amiga del Anteproyecto de Ley Orgánica para la protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada.

Lo recuerdo porque me llamó mucho la atención esa defensa que hacía mientras que miles de niños estaban entonces y siguen estando mal nutridos porque la pobreza se ha instalado en el país. 

Decía, arqueando sus pobladas cejas como quién quiere infundir conocimiento, no sé que cosas sobre los derechos del nonato, derechos que, según mantenía, le acoge desde el mismo momento de la concepción, desde el preciso instante en que un polvo, consensuado, consentido o fruto de la violencia, se convierte en cigoto y comienza la mitosis celular. Derechos que luego perderá en el momento de nacer si siguen ustedes con esta nefasta política antisocial.

Insistía en la necesidad de salvaguardar los derechos del embrión. Decía también que la ley, polémica y retrógrada ley, obedece a un acuerdo programático comprometido con los españoles y, entiendo, con las españolas que, digo yo, también tendrán algún derecho más que los de una vulgar probeta de fecundación; ellas tendrán algo que decir respecto de algo tan importante como es su maternidad.

Tenemos un sardónico ministro de Justicia que habla de proteger los derechos y vida de los nonatos cuando en éste país solo hay derechos para los bien nacidos y abortos sajones o lusos para los de alta cuna y baja cama; cuando su partido ha convertido a la mayoría de españoles, a los más débiles, en unos mal nacidos de derechos pisoteados.

Es insultante oír hablar de cumplimiento programático cuando ésta ley, tal cual la proyectan, no estaba en su programa y cuando, uno tras otro, los compromisos del partido al que pertenece han sido incumplidos para beneficiar a pocos y joder aún más a los muchos preñados por esa embarazosa política conservadora. Y es que quieren hacernos ver su supuesta coherencia, pero levantan la polémica tanto cuando dicen cumplir su programa como cuando lo olvidan.

Pregunten a la mujeres, incluidas las de su partido, y no me refiero a esas ya in-fértiles cacatúas del PP que han recibidos bolsos de la Gürtel, ni a esa feligresía que se da golpes de pecho después de que ellas o sus hijas regresaban de Londres o Lisboa liberadas del engorroso apéndice crecido de la infidelidad o el desliz; pregúntenles sobre que piensan de privarlas de la libertad de decidir en que momento y condiciones quieren ser madres.

Ya han terminado las europeas y, a saber de los expertos en materia electoral de su partido, ya ven oportuno dar cuerpo legal a este nuevo retroceso social: la ley del aborto más restrictiva de la democracia. Ya el Consejo de Ministros ha consumado una nueva transgresión, esta vez la del derecho de la mujer a decidir sobre su maternidad.

Sr. Rajoy dígase usted mismo, dígale a su visir de justicia y dígales a los sectores ultra-conservadores que anidan en sus filas que el momento por el que atravesamos no es el más apropiado para empeorar la Ley del Aborto. Dígase y dígales que en estos momentos utilizar el aborto, por el que tanto sufren las mujeres, para contentar a su electorado, no es justo con las mujeres, pero tampoco con la sociedad.

Dígase y dígales que este retroceso de décadas deroga una ley que no conculca la Constitución y que funciona, que no distingue entre mujeres pobres y ricas, que salvaguarda mejor y con más calidad la vida de los nacidos y la seguridad y salud de las madres que toman la difícil decisión de abortar; no es el momento (nunca lo es) de derogar una ley que tiene una mayoritaria aceptación social y que está en consonancia con nuestro entorno europeo.

Dígase y dígales que, acaso, conservar un puñado de monjiles votos les llevará a la debacle porque las mujeres y hombres de este país les pasaran factura en los próximos encuentros electorales.

Yo, y le aseguro que muchos, nos alegraremos de esa caída, pero no la queremos a ese precio.






F. Sánchez
09/06/2014

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