martes, 10 de junio de 2014

Juego de poltronas


Puede parecer una tontería pero me pregunto yo, a cuento de todo esto de la abdicación, ¿En qué situación queda usted Sr. Rajoy una vez que, tras la jubilación de Juan Carlos I, ocupe la vacante el príncipe de Asturias y sea coronado como Felipe VI? 

Dice la CE que corresponde al Rey “proponer el candidato a Presidente del Gobierno y, en su caso, nombrarlo, así como poner fin a sus funciones en los términos previstos en la Constitución” (art. 62.d).

No resulta por tanto disparatado que la abdicación del monarca deba traer consigo su dimisión como presidente del Gobierno de España hasta tanto Felipe VI le proponga a usted nuevamente, o proponga a otro candidato ante la Cámara Baja y ésta revalide su confianza en usted, o la deposite en otro para que, así, el heredero pueda nombrar, a usted o a otro, como presidente del Gobierno.

¿Se va a hurtar esta prerrogativa real a Felipe VI?

Si su dimisión no se liga a la abdicación la respuesta es sí y usted, Sr. Rajoy, será presidente de Gobierno en un reino en el cual su Rey no le ha propuesto y nombrado como tal.

El momento democrático es jodido, cada vez más gente se cuestiona el anacronismo de los derechos de sangre en una democracia moderna, y por eso sé que, ante esta hipótesis, saltarían muchas voces, más enérgicas cuanto más acomodadas en inmovilistas, diciendo que le propuso y nombró la institución y que la dimisión real no es un presupuesto constitucional para cesarle. Pero la institución es la corona, el Rey su portador y el portador de la Corona no gobierna, pero tiene ciertas prerrogativas constitucionales de las que, hasta que esta no se cambie, no se puede privar.

No le veo ganas de dimitir en estos delicados momentos por lo que está claro que Felipe VI va a tener que renunciar al ejercicio de dicho privilegio y ustedes seguirán moldeando el Estado con retortijones interpretativos; está claro que las afrentas que se produzcan se verán satisfechas como lo fueron con los herederos del Caudillo de España y de la Cruzada, Generalísimo de los Ejércitos, salvaguardando al ex-rey y a su familia; está claro que crearan leyes “ad hoc” para proteger y protegerse sin consultar con el pueblo, porque han convertido la ilusión democrática de los españoles del 78, verdadero motor de la transición, en una democracia paternalista en la que los que no están en el poder, los que no pertenecen a la casta, no están lo suficientemente ilustrados para decidir sobre su destino como pueblo.



F. Sánchez
10062014

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