Las lentejas, para algunos paradigma de la dieta mediterránea moderna, formaba parte del banquete ritual de las ceremonias mortuorias en el antiguo Egipto y en la Grecia clásica, y aún hoy se comen ritualmente en la cultura judía durante las cenas de duelo. Quizás de ahí la mala fama que precede a esta denostada legumbre, aborrecida por muchos otros a los que se nos obliga a “tomar dos platos”.
De pequeños, nuestras mamás para convencer, recordarán ustedes, nos decían: “Comeros todas las lentejas, que tienen mucho hierro y son muy sanas”.
Hasta el bíblico Jacob se aprovechó de la necesidad de alguien de su misma sangre, comprando a Essau la mitad de su reino por un plato de lentejas (de ahí la expresión).
Del mismo modo nuestros Essau vendieron la democracia a los derechos de cuna aprovechando la necesidad de un pueblo al que no gustaba las lentejas, pero que acabó comiéndolas porque obedecimos el maternal consejo y nos mostramos dispuestos a tragarnos el plato de lentejas que tan poco gustaba.
Creímos entonces que si nos comíamos las dichosas lentejas, su calcio, sus vitaminas, sus proteínas y su hierro nos haríamos fuerte, nos consolidaríamos como pueblo, desarrollaríamos y fortaleceríamos una incipiente democracia, amenazada por los procaudillistas, construiríamos un estado de bienestar e igualdad social. Aquellas lentejas fueron luego, durante 34 años, aderezada con chorizos, morcillas y otras pringues, privándola de sus sanas propiedades y, ya hoy, nos vienen a decir “Españoles, ¿no os gustan las lentejas? ¡¡Dos platos!!
¿Pedís que se os pregunte democráticamente si os gusta la monarquía como diseño de estado? pues tendréis dos reyes. El Rey Juan Carlos y el Rey de España, su hijo, Felipe VI.
Además de la inviolabilidad ante la justicia de que gozan los reyes constitucionales, se busca una formula especial para distinguir al Rey Juan Carlos protegiéndole frente a la Justicia, para evitar que cualquier bastardo pueda, contra quién ha sido tan proclive a corretear sobre féminas perneras en camas ajenas, querellarse reclamándole, entre otras cosas, paternidad como ya ocurriera en 2012.
"La justicia es igual para todos" decía Juan Carlos I en su discurso navideño para (solo escénicamente) distanciarse del escándalo real, del real escándalo de los duques de Palma.
Y es que si ustedes señores y señoras monarco y monarca-parlamentarios, dan carpetazo al debate sobre que receta queremos cocinar y comernos (todos) los españoles, se convertirán en los nuevos Essau que volverán a vendernos. Nos venderán, venderán la democracia a pesar de la necesidad que de ella tenemos como pueblo, venderán la igualdad social por mantener chorizos y pringues institucionales, no a cambio de un humilde plato de lentejas. Nos venderán con tal de mantener su estatus sus miles de euros anuales, sus dietas, sus direcciones generales y sus prebendas y el pueblo para el cual gobiernan y legislan, mientras nos dicen ¡¡Lentejitas, que está muy ricas!!.
El pueblo les va a responder, les está diciendo ya aunque se emperren en no oírle, que lentejas, como no las queremos, pues las dejaremos.
F. Sánchez
16-06-2014

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