viernes, 4 de julio de 2014

EL AMOR ES UN VIENTO, QUE IGUAL VIENE QUE VA

Desafiando Cupido y el placentero estado que sus flechas provocan, el ensayista español José Ortega y Gasset definía el enamoramiento como un estado de miseria mental en que la vida de nuestra conciencia se estrecha, empobrece y paraliza.

Desde una perspectiva más científica, menos filosófica, el amor podría explicarse como la consecuencia de la exposición constante a oxitocinas, dopaminas, fenilananinas, endorfinas y epirefrinas que, combinadas con los estrógenos (ellas) y testosteronas (ellos), parece ser que son liberadas con la única finalidad de volvernos idiotas.

¿A qué viene esta premisa? ¿Qué tienen que ver las cosas del amor con la línea editorial  de este Rincón de Kurro y su particular percepción de las cosas que día a día llaman la atención de este simple españolito del sur? Se preguntarán los hipotéticos lectores de estas palabras.

Pues esta premisa surge del asombro que produce en mí las loables dosis de imaginación que emplean los letrados de este país en la defensa de sus representados en causas judiciales por corrupción.

Y es que esa señora portadora de la venda de la objetividad y de la balanza de la verdad, paradigma de la ecuanimidad, no es insensible a los argumentos lenitivos a la hora de pronunciarse.

Porque claro, argüirán los abogados imaginativos que quieran zafar a sus clientes de los rigores de la diosa Lustitia, si en este país puede considerarse como atenuante la comisión de un delito bajo los efectos provocados por el consumo de alcohol o drogas (voluntario, imprudente o fortuito), como no va a encontrar acogida el zambullirse en ese endógeno cóctel de sustancias químicas y verse sometido a ese tsunami hormonal que nubla el cerebro de las víctimas del enamoramiento para llevarlos a ese estado de idiotez que, por lo visto, parece afectar de manera más especial a mujeres que a hombres. 

Y además existen precedentes, como el de la tonadillera condenada por blanqueo de capitales, que ahora, junto con otros argumentos, blande el insigne constitucionalista Roca Junyent, para evitar que prospere la imputación de la Infanta Cristina en el proceso por el caso Nóos.

El estado de idiotez transitorio provocado por la saeta de Cupido, la nesciencia económica  y fiscal de ésta licenciada en ciencias política con un máster en relaciones internacionales y en nómina de La Caixa, los lapsus de memoria de doña Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia (¿?), los denodados esfuerzos de la fiscalía y el “providencial” pacto del contable de la Nóos con ésta  podrán hacer que finalmente, la hermana pequeña de Felipe VI no caliente el banquillo de los acusados.

Si todo esto falla, y finalmente vemos a una de las grandes de España en el banquillo, habrá argumentos jurídicos más técnicos, y menos al alcance de los comunes, como la “doctrina Botín” que harán que los ujieres de Lustitia dicten una sentencia que, si bien no la absuelvan culpa por mor del escándalo social, si evite su paso por prisión. Al fin y al cabo como comparar los delitos presuntamente cometidos por ella y su marido con los que pueda cometer un sindicalista en el ejercicio del derecho fundamental de huelga. Estos sin son merecedores de la trena.

El enamoramiento es una enfermedad mental transitoria...que nubla la razón e impide el buen funcionamiento del cerebro...pudiendo ver en la otra persona cualidades que no existen y ocultando defectos evidentes..., pero… ¿Cuánto tarda el cerebro en hacerse inmune a los efectos hormonales?  



F. Sánchez
04/07/2014

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