viernes, 8 de mayo de 2015

Andalucía: Torbellino de colores.


Las organizaciones emergentes, abanderando siglas cargadas de una castidad política que vienen avaladas por la falta de historia, han contribuido a modificar la orografía política en Andalucía.

La irrupción de jóvenes y mediáticos líderes, ora desde una violada izquierda, ora desde una derecha anaranjada, apelan a la “cosa nova” para desmarcarse de esa “cosa nostra” en la que algunos sinvergüenzas quieren convertir el ejercicio político y ha propiciado que los andaluces y andaluzas, con su voto, construyan un mapa en el cual, si bien es verdad que el antonomástico partido de gobierno en Andalucía no ha sabido recuperar la confianza perdida, si ha ganado, claramente, las elecciones autonómicas, principalmente gracias a la impresionante debacle de la derecha tradicional y al reparto de la Ley d'Hondt.

Esas nuevas caras nuevas, esos purpúreos o anaranjados trapos, banderas de una nueva política que parecía traer nuevos y frescos aires de ilusión solo consiguieron, si se les puede atribuir también ese otro éxito, rebajar la abstención en tres puntos y cuarto;  133 mil votantes más visitaron las urnas pero casi 2,3 millones, 1 de cada tres, prefirieron no remar para cambiar el rumbo, o para enderezarlo. El objetivo de reavivar la ilusión ha quedado en poco.

La importante entrada en el parlamento de estas nuevas fuerzas ha defraudado, no obstante, expectativas y también, por qué no decirlo, ha aliviado temores  pues la bolsa electoral perdida por la derecha tradicional desde 2012 (500 mil votos) aún no ha sido totalmente recogida por una pulida y deslumbrante neoderecha que bebe de fuentes ignotas; por su parte, la purpúrea organización parece haber mezclado en su seno los votos rojos perdidos por la izquierda parlamentaria y los azules no recogidos aún por C’s para, en esa mezcla de colores políticos conformar una singular izquierda parlamentaria cuya polidipsia electoral la ha llevado y llevará (y eso les perderá) a beber de cualquier fuente con tal de calmar su sed de escaños.

Este nuevo mapa construido con nuestros votos que, idílicamente y por miedo a las mayorías absolutas, sería el mejor para propiciar el diálogo, los debates, las propuestas, los acercamientos y el acuerdo, convirtiendo el parlamento en el instrumento de representación política de la variopinta realidad social es, no obstante, muy susceptible a maniobras espurias que, revestidas del bien general, tienen motivaciones distintas, persiguen réditos  electorales u obedecen a cuestiones tan poco altruistas como inconfesables, más mundanas y relacionadas con la no aceptación del propio resultado de las urnas que con la vocación de servicio al bien general.

Transcurridos dos meses ya desde los últimos comicios en Andalucía, nos encontramos inmersos nuevamente en un proceso electoral que, por encima del bien general, ha marcado el bloqueo en la compostura del gobierno de Andalucía. Difícilmente se podrá, al menos en sede parlamentaria,  dialogar, debatir, proponer, acercar posturas, acordar y legislar sobre los muchos problemas que aquejan a los andaluces y andaluzas si no se es capaz de construir el parlamento que han construido para este mandato los representados por ese torbellino, de colores, en que se ha transformado la política andaluza.
Es entendible que el antagonismo político impida apoyar la conformación de un gobierno que no sea el propio, pero no lo es tanto que, no ofreciendo alternativa de gobierno ni con los milagros de la aritmética parlamentaria, se impida materializar la voz de las urnas.

Tiempo habrá para, en base a acercamientos programáticos, apoyar o no las acciones de gobierno, pero ahora, ... ahora es el tiempo de hacer esa nueva política que todos prometen; ahora es el momento de hacer ese ejercicio de responsabilidad que queremos ver; es tiempo ahora de demostrar que hay un nuevo tiempo político en el que importa lo que dicen los ciudadanos.

Si no se hace ese esfuerzo perderemos todos. Primero los andaluces, sí; pero también aquellos que quieren reeditar, después de las municipales/autonómicas, lo dicho por las urnas.
 
Y,... sobre todo, en mi opinión siempre subjetiva, saldrá perjudicada la credibilidad de un régimen que añoramos durante 40 largos años de dictadura.
 
F. Sánchez
08/05/2015
 
 
 

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