Las organizaciones emergentes, abanderando siglas
cargadas de una castidad política que vienen avaladas por la falta de historia,
han contribuido a modificar la orografía política en Andalucía.
La irrupción de jóvenes y mediáticos líderes, ora
desde una violada izquierda, ora desde una derecha anaranjada, apelan a la
“cosa nova” para desmarcarse de esa “cosa nostra” en la que algunos
sinvergüenzas quieren convertir el ejercicio político y ha propiciado que los
andaluces y andaluzas, con su voto, construyan un mapa en el cual, si bien es
verdad que el antonomástico partido de gobierno en Andalucía no ha sabido
recuperar la confianza perdida, si ha ganado, claramente, las elecciones
autonómicas, principalmente gracias a la impresionante debacle de la derecha
tradicional y al reparto de la Ley d'Hondt.
Esas nuevas caras nuevas, esos purpúreos o anaranjados
trapos, banderas de una nueva política que parecía traer nuevos y frescos aires
de ilusión solo consiguieron, si se les puede atribuir también ese otro éxito,
rebajar la abstención en tres puntos y cuarto;
133 mil votantes más visitaron las urnas pero casi 2,3 millones, 1 de
cada tres, prefirieron no remar para cambiar el rumbo, o para enderezarlo. El
objetivo de reavivar la ilusión ha quedado en poco.
La importante entrada en el parlamento
de estas nuevas fuerzas ha defraudado, no obstante, expectativas y
también, por qué no decirlo, ha aliviado temores pues la bolsa electoral perdida por la
derecha tradicional desde 2012 (500 mil votos) aún no ha sido totalmente
recogida por una pulida y deslumbrante neoderecha que bebe de fuentes
ignotas; por su parte, la purpúrea organización parece haber mezclado en
su seno los votos rojos perdidos por la izquierda parlamentaria y los
azules no recogidos aún por C’s para, en esa mezcla de colores políticos
conformar una singular izquierda parlamentaria cuya polidipsia electoral la ha llevado y llevará (y eso
les perderá) a beber de
cualquier fuente con tal de calmar su sed de escaños.
Este nuevo mapa construido con nuestros votos que,
idílicamente y por miedo a las mayorías absolutas, sería el mejor para
propiciar el diálogo, los debates, las propuestas, los acercamientos y el
acuerdo, convirtiendo el parlamento en el instrumento de representación
política de la variopinta realidad social es, no obstante, muy susceptible a
maniobras espurias que, revestidas del bien general, tienen motivaciones
distintas, persiguen réditos electorales
u obedecen a cuestiones tan poco altruistas como inconfesables, más mundanas y
relacionadas con la no aceptación del propio resultado de las urnas que con la
vocación de servicio al bien general.
Transcurridos dos meses ya desde los últimos comicios
en Andalucía, nos encontramos inmersos nuevamente en un proceso electoral que,
por encima del bien general, ha marcado el bloqueo en la compostura del
gobierno de Andalucía. Difícilmente se podrá, al menos en sede
parlamentaria, dialogar, debatir,
proponer, acercar posturas, acordar y legislar sobre los muchos problemas que
aquejan a los andaluces y andaluzas si no se es capaz de construir el
parlamento que han construido para este mandato los representados por ese
torbellino, de colores, en que se ha transformado la política andaluza.
Es entendible que el antagonismo político impida
apoyar la conformación de un gobierno que no sea el propio, pero no lo es tanto
que, no ofreciendo alternativa de gobierno ni con los milagros de la aritmética
parlamentaria, se impida materializar la voz de las urnas.
Tiempo habrá para, en base a acercamientos
programáticos, apoyar o no las acciones de gobierno, pero ahora, ... ahora es
el tiempo de hacer esa nueva política que todos prometen; ahora es el momento
de hacer ese ejercicio de responsabilidad que queremos ver; es tiempo
ahora de demostrar que hay un nuevo tiempo político en el que importa lo
que dicen los ciudadanos.
Si no se hace ese esfuerzo
perderemos todos. Primero los andaluces, sí; pero también aquellos que quieren
reeditar, después de las municipales/autonómicas, lo dicho por las urnas.
Y,... sobre todo, en mi opinión siempre subjetiva, saldrá perjudicada la credibilidad de un régimen que añoramos durante 40 largos años de dictadura.
F. Sánchez
08/05/2015

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