lunes, 1 de junio de 2015

Acuerdos, desacuerdos y recuerdos


He llegado a la conclusión que padezco una extraña conmoción, producto sin duda de las descargas verbales, explosiones de aristócratas vestidas de democracia azul, arengas de salva patrias que ponen el objetivo en personas de ideas contrarias,  exabruptos y sandeces que desde la derecha, desde la izquierda, desde los centros (¿?), desde todas las partes políticas y lugares geográficos, impactan en mis entendederas, aturdiéndolas hasta cuestionarme ¿Qué puñetas hemos dicho los españoles el 24 de mayo?

Ha habido un proceso electoral, el primero en ámbito nacional desde unas generales en las que desoyendo el clamor de los movimientos sociales, y a pesar de ellos, la derecha del PP obtuvo el apoyo rotundo del electorado, que ahora empieza a perder, y la izquierda del PSOE perdió notoriamente la confianza de unos electores que no se la quieren devolver.

Son las primeras en las que han irrumpido con fuerza organizaciones políticas de diseño que han invertido las mayorías rotundas convirtiéndolas en mayorías disputables, y han desmenuzado el bipartidismo clásico en favor de un tetra o, en algunos casos, polipartidismo diseñado para solapar y preservar hasta las generales el gran nuevo proyecto de izquierdas. ¿Acaso no será esto la transición hacia un nuevo modelo bipartidista?

Se ha dado, o al menos eso parece, un cambio de tendencia en los deseos de los gobernados que prefieren regidores menos monolíticos, más plurales y orientados, según puede parecer, a la izquierda.

Veremos finalmente que ocurre pues en aquellos ámbitos en que las urnas han susurrado y no gritado se ha mostrado un complicado puzle para cuya resolución se hará preciso, además de los recuerdos, el acuerdo y, ¿por qué no?, el desacuerdo.

Acuerdo en lo que une, y a la nueva izquierda debe unirle más la izquierda clásica que la derecha, sea nueva o tradicional; a la izquierda conocida debe unirle más la nueva izquierda que cualquier derecha; y a ésta, … a ésta parece que le vale cualquiera con tal de seguir gobernando.

Desacuerdo en lo que separa; los programas con intención de progreso social nunca van a ejecutarse desde la pragmática derecha y los proyectos neoliberales y conservadores no son hacederos por la izquierda ideológica sin renunciar a su perfil social.

Recuerdos, que no rencor, para no olvidar las consecuencias de las políticas prometidas y no cumplidas.

Sé que esto parece una obviedad, una simpleza o una perogrullada pero, cuando se hacen las manifestaciones políticas que venimos oyendo, lo obvio es discutible, lo simple torna a complejo y la verdad notoria se transforma en incertidumbre hasta el punto de entrar en una insana contradicción ideológica y de poner en riesgo acuerdos naturales y necesarios.

Por eso, ahora me pregunto ¿Qué puñetas hemos votado?
 
 
F. Sánchez
01/06/2015

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