lunes, 29 de diciembre de 2025

Entre la justicia poética, la política y la algorítmica



​Ayer vi la película Justicia Artificial y salí del cine con esa extraña inquietud que te deja la ciencia ficción cuando se siente demasiado cerca. Hoy, con el café en la mano, leo las noticias sobre el Senado llevando al Gobierno ante el Constitucional por los presupuestos, y mientras tanto, ahí sigue, flotando en el ambiente, el eterno bloqueo del CGPJ que parece no tener fin.

​Esa mezcla de sensaciones me ha llevado a una reflexión sobre los tres tipos de justicia que nos rodean en este laberinto institucional:

​¿Existe la justicia poética? A veces parece que sí, sobre todo cuando vemos al Senado (con mayoría del PP) reclamar "pureza constitucional" al Gobierno, mientras ellos mismos han mantenido el órgano de los jueces en el congelador durante años. Es la ironía máxima de nuestra actualidad: exigir que se cumpla la ley a rajatabla solo cuando el rival es el que se salta el semáforo.

​Frente a ella aparece la justicia política, esa que vemos cada día en los titulares. Una justicia donde los jueces son elegidos por cuotas de partido y donde las sentencias se celebran o se critican según el color del carné de quien las dicta. El Tribunal Constitucional, que debería ser el árbitro supremo, acaba pareciendo un jugador más con la camiseta de un equipo debajo de la toga, dejando al ciudadano con la sensación de que el derecho es solo una herramienta más para el desgaste del contrario.

​Viendo el film ayer, me asaltó una duda: ¿y si la solución fuera la justicia algorítmica? Un software no tiene amigos, no debe favores y no quiere ser reelegido. Suena como la salvación, ¿verdad? Pero la trampa es la que todos sospechamos: a ese robot lo programa una persona. Y si el programador tiene sesgos o intereses, el algoritmo acabará teniendo "corazoncito" político, aunque sea de silicio.

​Al final, ni los robots nos salvarán si no recuperamos la decencia. Entre el presupuesto que no llega y los jueces que no se renuevan, nos queda la sensación de que la justicia en nuestro país es un plato que se cocina según quién sea el chef de turno en la Moncloa o en las Cámaras.

Y tú, ¿dejarías tu futuro en manos de un juez humano con ideología o de un algoritmo programado?


PD (Última hora): Mientras cierro estas líneas, salta la noticia: el Supremo ordena repetir un juicio contra el Fiscal General con un tribunal distinto porque el actual no garantiza la imparcialidad. ¿Justicia política? ¿Falta de ética? Sea lo que sea, es la prueba de que nuestro sistema judicial necesita algo más que un parche.

​Viendo cómo se está estirando este chicle, ya os aviso que en el próximo espacio nos meteremos de lleno en el "caso FGE". Analizaremos cómo se ha convertido en la pieza maestra de la instrumentalización política por parte de la derecha española. ¡No os lo perdáis!

F. Sánchez

29/12/2025

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