Por: F. Sánchez | 11 de enero de 2026
Ayer, 10 de enero, Miguel Tellado volvía a pulsar la tecla del código programado: “A los ciudadanos les va mejor cuando gobierna el PP”. Lo decía en un escenario diseñado para el aplauso sordo, en una Interparlamentaria que, más que un foro de ideas, parecía una sala de servidores lanzando el mismo algoritmo de siempre: el ataque como único proyecto y la desmemoria como bandera.
Pero para quienes nos negamos a tragar la píldora azul de la desgana, la frase de Tellado no es un balance de gestión; es un glitch en el Matrix.
1. La realidad detrás del código
Afirmar que el bienestar ciudadano es patrimonio exclusivo de las siglas del PP requiere una desconexión total de la realidad. Para que el sistema funcione, debemos olvidar. Olvidar la gestión de la DANA en Valencia, los incendios que devoraron nuestros montes, el trauma del 11-M o aquella guerra de Irak a la que nos arrastraron por pura soberbia.
Nos venden un "milagro económico" que, al mirarlo de cerca, revela sus líneas de código: la adoración especulativa al ladrillo. No fue un milagro; fue una huida hacia adelante que hipotecó el futuro de una generación, desmanteló la hucha de las pensiones y cimentó un modelo donde el éxito de unos pocos se asienta, invariablemente, sobre el sacrificio de los más débiles. Como progresista, tengo una convicción inamovible: la economía de un país no puede medirse por el brillo de sus élites, sino por la dignidad de sus vulnerables.
2. El pecado original: Una democracia de aparatos
¿Cómo hemos llegado a este punto de anestesia colectiva? La respuesta está en el diseño original. Al recuperar la democracia, fuimos cobardes o, al menos, demasiado acomodaticios. Construimos un sistema que, por miedo al desorden, otorgó todo el poder a los aparatos políticos y se lo arrebató a los ciudadanos.
Esa estructura partitocrática ha incentivado la desgana política. Nos han convencido de que la política es un "fango" donde todos son "unos golfos" para que dejemos de participar. Mientras nosotros nos retiramos decepcionados, ellos blindan sus cuotas de poder, mantienen sus reminiscencias de un pasado que nunca terminaron de condenar y operan bajo una corrupción de Estado que parece inmune al castigo electoral.
3. La deshumanización como estrategia
El gran éxito del Matrix actual es la satanización del rival. El PP ha encontrado en el "antisanchismo" su único motor de combustión. Al deshumanizar al adversario, eliminan el debate: ya no importa si la ley de vivienda funciona o si la financiación autonómica es justa; lo único que importa es derribar al "enemigo".
Este vacío de proyecto es peligroso. Si el PP lograra su objetivo de "echar a Sánchez", se encontraría frente al espejo de su propia nada. Sin un enemigo al que culpar, ¿qué queda? Queda una derecha que ha servido de salvoconducto a la ultra, permitiendo que resurjan esencias que creíamos superadas.
4. ¿Punto de no retorno?
España necesita una refundación radical. Necesita una derecha moderna, europea y limpia, que rompa con el cordón umbilical del pasado y entienda que la política es el noble arte de la convivencia, no una guerra de trincheras.
Muchos tememos que, al paso que vamos, para recuperar esa nobleza tengamos que tocar fondo. La radicalización nos está robando lo que nos distingue como sociedad: la capacidad de vernos como iguales a pesar de las urnas. Si no despertamos pronto del Matrix, si no exigimos que los aparatos vuelvan a servir al ciudadano y no a sus propias siglas, cuando queramos reaccionar, quizás ya sea tarde.
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