viernes, 2 de enero de 2026

​El PP ante su propio diablo

Crónica de una "Voxilización" que amenaza nuestra democracia

​En política, hay errores que se pagan con la historia y otros que se pagan con la propia supervivencia del sistema. Alberto Núñez Feijóo llegó a Madrid con la vitola de "buen gestor" y moderado, pero al despuntar este 2026, la realidad es mucho más oscura: el Partido Popular padece una debilidad estructural que le impide conformar gobiernos por sí mismo y, en su desesperación, ha decidido meter al diablo en el salón de casa en lugar de exorcizarlo.

El lastre ético: La sombra de la carcoma judicial

​No podemos analizar el presente del PP sin mirar su "mochila". Mientras la cúpula de Génova intenta dar lecciones de moralidad institucional, el horizonte judicial sigue proyectando sombras alargadas. No es solo una opinión; es una realidad judicial: el PP es un partido condenado por lucrarse de la trama Gürtel. Esa "caja B" que acreditó la Audiencia Nacional no es agua pasada; es la carcoma original que debilitó los cimientos éticos de la formación.

​Esa falta de autoridad moral es la que impide a Feijóo ser un líder con personalidad propia. ¿Cómo vas a censurar los excesos de otros cuando tu propia marca lleva el sello de la condena judicial por corrupción sistémica?

Tensiones internas y barones: Un partido a la deriva

​La "votanemia" de Feijóo no es solo electoral, es de liderazgo. El PP es hoy un polvorín de tensiones internas:

  • ​Por un lado, barones como Juanma Moreno que, aun con mayorías, "tontean" con Vox blanqueando su agenda para no molestar a la derecha mediática.
  • ​Por otro, el modelo de Isabel Díaz Ayuso, que ha decidido que la mejor forma de combatir a la carcoma es convertirse en ella, adoptando un populismo que desdibuja cualquier frontera con la ultraderecha.

​Esta bicefalia estratégica deja al PP en un "empate infinito": incapaz de atraer al centro y rehén voluntario de sus socios más radicales.

El peligro para la democracia española

​Aquí reside la verdadera gravedad de lo que nos aqueja. La deriva antiinstitucional del PP —cuestionando la legitimidad de los jueces, de la Fiscalía y del propio Parlamento— no es solo una estrategia de oposición; es un aval a las políticas ultra que pone en riesgo nuestra convivencia. Al validar el discurso del "enemigo interno" y el bulo como herramienta política, el PP está rompiendo el consenso básico que sostiene nuestra democracia.

El Congreso de "Orden o Final"

​Llegados a este punto, la única salida es una intervención quirúrgica. El PP necesita un Congreso refundacional urgente. Pero no un congreso de cartón piedra para aplaudir al líder, sino un espacio donde los compromisarios decidan si el partido va a recuperar la disciplina, limpiar sus sombras judiciales con una renovación ética real y, sobre todo, exorcizar al diablo que hoy se sienta en sus consejos de gobierno.

Hacia la orfandad del centro-derecha

​Mientras esto ocurre, el tablero se reconfigura. El PSOE seguirá echando redes en busca de electores moderados ante el miedo que genera este "PP Voxilizado". Sin embargo, millones de ciudadanos de centro-derecha moderado quedarán huérfanos. Si el PP termina de ser fagocitado por Vox, no servirá a ese sector moderado y veremos nacer nuevas fuerzas que recojan esa inquietud.

​Pactar con quien quiere sustituirte no es estrategia, es suicidio. Y el PP, si no pone orden ya, habrá elegido una destrucción lenta pero inexorable, llevándose por delante al propio sistema.

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F. Sánchez

02/01/2026


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