jueves, 29 de enero de 2026

La doble vara de Ayuso

La doble vara de medir: Entre el luto oportuno y el olvido selectivo


​Hoy la Catedral de la Almudena ha sido el escenario de un acto que, más allá de lo religioso, se ha sentido como un desplante institucional y una lección de oportunismo político. Isabel Díaz Ayuso ha decidido organizar su propio funeral para las 45 víctimas del accidente de Adamuz, desmarcándose del acto oficial en Huelva donde estaban los Reyes y el Gobierno.

​Lo que para algunos podría parecer un gesto de respeto, para muchos otros —incluido quien esto escribe— destila una doble moral bañada de oportunismo.

Resulta hiriente ver el desplique de solemnidad y cámaras de hoy cuando recordamos el silencio sepulcral que la Puerta del Sol mantiene sobre los llamados "protocolos de la vergüenza". Es inevitable preguntarse: ¿Por qué para las víctimas del tren hay misas de Estado en Madrid, pero para los miles de ancianos que murieron en nuestras residencias solo hay portazos a las comisiones de investigación?

​Es la política del "caiga quien caiga". Se utiliza un hecho luctuoso ajeno para alimentar una cruzada personal contra el Gobierno central, elevando la confrontación a niveles que rompen incluso el respeto debido a la Corona y al protocolo mínimo de una nación.

Cuando el dolor se utiliza para contraprogramar, deja de ser consuelo para convertirse en propaganda. Al ignorar la unidad que exigía una tragedia de esta magnitud, se ha priorizado el titular y la foto por encima del respeto a las familias. Los gritos de "asesina" que se han escuchado hoy a las puertas de la catedral no son solo ruido; son el eco de una herida que la presidenta se niega a cerrar en su propia casa.

Es la culminación de una política cínica. Para la presidenta de los "madrileños de bien", queda claro que los 7.291 ancianos fallecidos no merecían cuidados médicos cuando aún estaban vivos y, por lo visto, no merecen justicia ni atención una vez muertos. ¿Para qué, si entonces no iban a mejorar y ahora ya no van a resucitar? Esa parece

ser la máxima de una gestión que prefiere las misas coreografiadas por víctimas ajenas que la asunción de responsabilidades por los muertos propios. No hay piedad real si se usa exclusivamente como munición electoral.

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