Torrente: Operación salvar al soldado Alberto.
Habían diseñado la semana perfecta en los laboratorios de Génova. El guion era digno de una serie de suspenso de bajo presupuesto: el jueves, querían la foto de un José Luis Ábalos escoltado, entrando en el Senado como el gran villano de la función para alimentar las tertulias y saturar los informativos. El objetivo no era la verdad, sino el ruido. Un estruendo lo suficientemente fuerte como para que el viernes, cuando Alberto Núñez Feijóo tuviera que recorrer el camino hacia el juzgado de Catarroja, nadie estuviera mirando.
Pero el destino —y un Tribunal Supremo que no está para espectáculos de variedades— les ha devuelto el bumerán directamente a la frente.
El 'coitus interruptus' de la distracción
La jugada le ha salido al PP por la culata. El juez instructor ha sido tajante: la justicia no se detiene para que los partidos políticos monten sus campañas de marketing. Al denegar la salida de Ábalos de prisión, el Supremo no solo ha protegido el proceso judicial, sino que ha dejado al PP sin su "escudo humano".
La suspensión de la comisión de investigación en el Senado es el símbolo del fracaso de una estrategia de distracción que ha resultado ser tan burda como desesperada. Querían que el "caso Koldo" fuera la anestesia para el "caso Catarroja", pero la anestesia se ha evaporado antes de la operación. La "singular premura" que el juez les echa en cara es, en realidad, el nombre técnico de las prisas del que tiene mucho que ocultar.
Sin abogados y sin coartadas
Para colmo de males, la defensa de Ábalos ha dimitido hoy mismo alegando "discrepancias económicas". El hombre que lo fue todo en el socialismo se queda solo, abandonado en Soto del Real porque parece que ya no hay fondos para sostener su relato. Pero esa soledad es el espejo de la que sentirá Feijóo este viernes. Ya no hay cortina de humo. Ya no hay "trama de las mascarillas" que valga para tapar lo que viene. El 9 de enero ha quedado limpio de interferencias, y el silencio que rodea al líder del PP es ahora mismo ensordecedor.
La verdad no se borra con un "eliminar para todos"
A Catarroja no se va a hacer política de oposición; se va a responder ante una jueza por un recurso de las víctimas que Génova no pudo frenar. Y allí, a diferencia de los canutazos de prensa, los WhatsApps no se pueden desmentir. Esos mensajes, que han visto la luz tras 14 meses de mentiras sistémicas, son el acta de defunción del relato oficial del PP.
Mañana, Feijóo entra en el juzgado como testigo. Bajo juramento. Con la obligación legal de no mentir ante las familias que lo perdieron todo mientras en los despachos se cruzaban mensajes más preocupados por la cuota de pantalla que por el nivel del agua. No hay plasma que valga para esconderse de los metadatos de un teléfono móvil.
Una operación digna de Torrente
Vista con distancia, la "Operación Senado" parece diseñada por el mismísimo Torrente. Tiene todos los ingredientes: un plan "maestro" ejecutado con una chapucería épica, unos secundarios que abandonan el barco a mitad de rodaje (abogados incluidos) y un protagonista que termina cubierto de barro tras intentar una carambola imposible.
Génova ha intentado jugar a House of Cards, pero le ha salido un remake de Torrente: mucha caspa, mucha mentira y un final inevitable en el fango. Al final, el grito en el cielo que pone ahora el PP no es por la salud democrática, sino por el pánico de ver cómo su fábrica de ficción ha quebrado justo el día antes de que la realidad, en forma de jueza y mensajes de texto, les pida cuentas en Catarroja.
F. Sánchez
08/01/2026
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