Las guerras rara vez son el resultado de un solo evento aislado; suelen ser el clímax de tensiones acumuladas durante años. Como suele ocurrir, para que estallen se necesita "combustible" y una "chispa". En el caso venezolano, el tablero ha sido diseñado para el incendio, pero el guion actual parece escrito por un loco.
El "Combustible": PDVSA y el control del surtidor
Para entender lo que ocurre, hay que mirar más allá de las consignas. Seamos claros: el interés de Washington no es —si es que lo ha sido alguna vez— solo "democratizar" el país. La democracia es el relato para la prensa; controlar el surtidor venezolano es el objetivo real.
Venezuela posee, a través de PDVSA, las mayores reservas de crudo del mundo. Quien tiene la mano en esa manguera, controla el equilibrio energético del hemisferio y decide quién se llena el tanque y quién se queda varado en la cuneta de la historia.
La eterna Trampa de Tucídides
Estamos ante una versión caribeña de la Trampa de Tucídides. Hace 2.500 años, el historiador griego observó que la guerra entre Atenas y Esparta fue inevitable porque el ascenso de una potencia llenó de miedo a la dominante. Hoy, Washington (la potencia establecida) ve con paranoia cómo China y Rusia se han instalado en su "patio trasero" a través del petróleo. La historia se repite y parece no enseñarnos nada: cuando el miedo a perder el trono supera a la razón, la diplomacia muere.
La "Chispa": El ruido del "Great American Again"
Muchos se preguntan por qué Trump ha preferido una ruidosa intervención militar con explosiones en Caracas en lugar de una discreta operación de los servicios secretos. La respuesta es el escarnecimiento.
Trump no busca solo quitar a un líder; busca humillar al sistema ante los ojos del mundo para demostrar su "grandeza". Es puro teatro de fuerza. Al romper el cristal del Derecho Internacional, deja manos libres a Rusia en Ucrania y a China en Taiwán.
Conclusión: Un mundo de locos
Mientras el chavismo intenta adaptarse a través de figuras como Delcy Rodríguez o una transición pilotada, asistimos al sarcasmo final: ¡llegaron a proponer a Trump para el Premio Nobel de la Paz!
Si bombardear una capital para controlar un surtidor es el camino a la paz, entonces la cordura ha sido la primera baja en este regreso al Planeta de los Simios. En esta nueva era, no importa la razón jurídica, sino quién tiene el mazo más grande. Definitivamente, el mundo se ha vuelto loco.
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