Por cierto sr. Rajoy, una pena que no podamos aprovechar la banderas para celebrar el pase a octavos de la selección, encarnada o colorá como gustaban decir en otros tiempos para evitar el color asociado ala izquierda. Ello, además de un ahorro, hubiese supuesto un alivio en las críticas al gobierno, pues a los ojos de millones de españoles hubiese llegado la realidad filtrada por los cristales del orgullo de sentirse héroes del balón. Los españoles, si no tenemos como tema de conversación las heroicidades de nuestros chicos en el césped, volvemos a caer en la cuenta de la realidad social que nos aqueja.
No cabe duda que es un momento histórico, como ya lo fue la coronación del hasta ayer Rey Juan Carlos I. En aquellos tiempos el monarca, en su discurso de investidura, hablaba de un cambio de político y social y es cierto que lo hubo.La España de hoy, aunque queden anacrónicos nostálgicos, nada tiene que ver con aquella heredada del franquismo.
Hoy toca el turno al sucesor, su primogénito. Casi todos los coprotagonistas de la política española hablan de renovación generacional, pero pocos de ellos osan hablar de cambios.
Hoy Felipe VI debe enviarnos un mensaje. Hoy el Jefe del Estado debe construir un discurso que, por una parte, diagnostique certeramente la realidad política, económica y, sobre todo, social del Reino (otra cosa no sería perdonable); un discurso con aspiración de regenerar la ilusión y confianza en nosotros mismos como pueblo (otra cosa no sería esperable); un discurso, valiente y cargado de complicidad social, en el cual se vea y se crea ese cambio a una generación más briosa capaz de opinar sobre las soluciones deberíamos aportar y adoptarlas (que sería lo deseable).
Muchos son los problemas que aquejan a la economía, muchas las cuestiones que afligen a una democracia cuyas reglas de juego fueron establecidas, como digo, en un momento diametralmente distinto al actual, y muchos son los problemas que inquietan a la sociedad española: La crisis, la especulación financiera y laboral, el desempleo, los sintecho, la pobreza, la honradez institucional y política, la corrupción, la definición de estado y su estructura territorial, la regeneración democrática,… hoy día parece que ya no es el terrorismo endógeno, pero si el usa que el islam como coartada (con cuanta sangre se ha escrito la historia de los hombres en nombre de dios...).
Es un momento histórico y su protagonista es Felipe VI.
Ahora le toca hacerse un sitio en la historia, demostrar que reina una democracia adulta y madura; demostrar que el rey cree en la democracia y en la madurez de su pueblo. Es el primer español, el que porta el estandarte, el que sirve de ejemplo a una sociedad que difícilmente podrá creer en ella misma si no se la deja andar, si no se la deja decidir sobre las cuestiones que importan porque otros entiendan que la democracia representativa es tomar las decisiones que nos corresponden a todos.
Por ello, aunque no sea epifanía, quiero pedir a SS.MM. que agarre el toro por los cuernos, confíen en la sabiduría, sentido común y madurez de quienes habitamos en esa piel y sea capaz de promover las reformas constitucionales que necesitamos para crecer como pueblo, incluidas las que afectan a la propia monarquía.
Puede resultar paradójico que un rey someta a la opinión plebeya su propio empleo real, pero hoy día se puede considerar una aberración democrática no contar con el apoyo social explícito para reinar.
¿Existe el riesgo real de una mayoría republicana? ¿Existe una aceptación social de la monarquía?, no lo sabemos, pero si hay una mayoría republicana ¿qué sentido tiene entonces reinar un pueblo que no quiere nobles?, si la mayoríua es monárquica ¿cuanto mejor contar con esa reválida social para afrontar como estado los retos? .
En cualquier caso, Felipe VI se ganaría su sitio en la historia y el respeto de todos, o al menos el mio.
F. Sánchez
19/06/2014

No hay comentarios:
Publicar un comentario