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martes, 7 de enero de 2014

El miedo constitucional.

Buenos días Sr. Rajoy. Después de la pausa navideña vuelvo a dedicarle mi saludo, que intentaré intercalar con otros asuntillos que llaman mi atención al verlos pasar.

Quedan poco más de 11 meses para la consulta que da forma al desafío independentista catalán.

Sí, esa que pretende saber de los catalanes de si quieren que Catalunya sea un estado y, en caso afirmativo, si quieren que sea un estado independiente. Pregunta, dicho sea de paso, que tiene cierto truquillo pues excluye de la segunda parte de la misma a todos aquellos que nieguen la primera con lo cual el Sr. Arturo, Artur en aquellas tierras, y sus compañeros de viaje podrían ganar la consulta, caso de celebrarse, aunque una mayoría de ciudadanos votasen NO.

Truquillo si, porque suponiendo un censo electoral de 10 catalanes y una participación del 80%, se manifestarían ocho catalanes. Pongamos que, de éstos, tres votan NO a la primera cuestión. Esa opinión negativa les descartaría para responder a la segunda pregunta y solo quedarían cinco con derecho a opinar sobre el cogollo. Imaginemos que, de éstos, 3/5 dijeran SI a la independencia y, consecuentemente, 2/5 opinaran que NO. Para Arturo, y mas, una mayoría (60%) apoyaría el independentismo frente a un 40% que manifestaría NO al independentismo. Recarga de discurso.

La realidad, por el contrario, sería que cinco de cada ocho, el 62,5% de los catalanes en este supuesto, habrían dicho NO.

El problema no se hubiese solucionado, los sentimientos anticatalanistas vs antiespañolistas y viceversa seguirían enfrentados tanto si se hace referéndum, como si no se hace. Se daría, eso sí, un nueva componente: el federalismo como solución intermedia.

¿Qué quiero decirle con esto? ¿Que soy contrario al independentismo catalán o de cualquier otra de las autonomías nacidas de la Constitución del 78? ¿Qué soy contrario a la creación de un estado federal? No. No soy contrario, ni tampoco quiero decir que, en estos momentos, sea favorable a ello.

No vivo ni trabajo en Catalunya y, aunque hubiese nacido allí, entiendo que mi opinión no tendría validez constitucional. De lo que realmente soy favorable es que los nobles caballeros de la política ofrezcan soluciones y no enredos.

No veo muy acertada su postura al respecto, pues el decir lacónicamente “se cumplirá la ley” para negar cualquier demanda catalanista no sólo no soluciona el desafío, más al contrario, aviva aun más los ánimos y la animosidad, que no es lo mismo; como no veo tampoco solución la que hace el Sr. Pérez, como gusta llamar Celia Villalobos al líder del PSOE, de poner vela a dios y al diablo con la propuesta del estado federal porque ¿un estado federal de qué forma? ¿Monarquía Federal o República Federal? ¿y que más?

Y es que la letra de nuestra Constitución, esa que pactamos los españoles en el 78, es intocable por los ilustres políticos aunque, en su espíritu de norma convivencial, sea agredida una y otra vez para mantenerlos como casta privilegiada a costa de manipular a la población. Las únicas modificaciones han sido, sin el concurso ciudadano, para favorecer el liberalismo económico.

En el 78, con un momento histórico determinado, consensuamos una  norma de convivencia sobre la que ya se alzan voces de actualización cuya existencia, aunque por distintos motivos, reconoce hasta el propio monarca español.

Consensuamos una norma que otorga la Jefatura del Estado al designado por Francisco Franco; una norma que parece reconfigurarnos territorialmente cuando lo que hace es renombrar como comunidades autónomas, con escasa autonomía, a las regiones del fransquismo; una norma que mantiene un trato de favor a la iglesia católica y ¿por qué no? ya puestos, a los descendientes de quien se alzó contra el estado de derecho en 1936, que gozan de beneficios vedados a otros españoles.

Ya fuimos muy generosos en 1978 para superar la transición de la dictadura a la democracia y ahora ese ejercicio de generosidad, pero también de responsabilidad para con un pueblo, corresponde a otros.

Creo que esa generosidad a la que aludía D. Juan Carlos I en su discurso navideño debería exigirse a una clase política, a una nobleza aristocrática y a un rey que viven a costa de la democracia de este país al que dicen querer tanto.

La transición pasó, se superó ese momento y ahora caminamos por el s XXI, padecemos una sociedad en crisis económica, que siempre se pone lo primero, pero también institucional, política, asociativa, territorial y, por las prácticas que nos escandalizan, de valores, causada por esa falta de determinación en la resolución de los problemas ciudadanos.

Es el momento que preguntar con valentía y generosidad no a catalanes ni vascos, al conjunto de los españoles sobre el modelo de estado que queremos; sobre la monarquía o la derrocada república; sobre nuestra configuración territorial y su capacidad de decisión; sobre las reglas de juego político, sistemas de elección, limitación de mandatos, …; sobre si nuestro estado ha de ser católico, budista, aconfesional o laico, sobre la educación, los servicios públicos que deben ser intocables y el grado de protección social mínimo; sobre los sindicatos y su papel institucional; sobre tantas y tantas cuestiones sobre las que debemos opinar para configurar unas normas de convivencia que reparta en igual medida derechos y obligaciones.


Sr. Rajoy, y por extensión, Sr. Pérez Rubalcaba, Sr. Cayo Lara, Sra. Diez y tantas y tantas señorías elegidas por un pueblo al que dicen representar, pero que cada día se siente menos representado, es el momento de abordar una reforma constitucional con realismo, generosidad y compromiso democrático.


F. Sánchez
07/01/2014

viernes, 13 de diciembre de 2013

La "indisolubre" unidad de España

Buenos días Sr. Rajoy. ¿Quiere usted que España sea un Estado? y, en caso afirmativo, ¿Quiere que España sea un Estado independiente?

Perdone el juego de palabras en que he convertido el órdago a la grande que le han hecho desde Catalonia, pero es dudoso que España se ajuste a la definición de Estado independiente.

Sí, porque cuando se habla de Estado se hace referencia a una forma de organización social soberana que tiene el poder administrativo y de regulación sobre un determinado territorio, y la independencia es la situación de un país o nación que no está sometido a la autoridad de otro.

Visto por lo que estamos pasando y como lo han justificado una y otra vez en las recetas economicas, laborales, sociales,... impuestas, ora de por Bruselas, ora por Merkel -muy callada ahora por cierto-; visto como los hombre de negro de la Comisión y del Comité Económico y Financiero supervisan la ejecución presupuestaria y nuestros gastos e ingresos publicos y los de la banca; visto como Adelson les ha hecho legislar por y para Eurovegas; Visto lo que hemos visto en este país en los años de crisis, yo le preguntaría ¿Es España un Estado independiente?

Su respuesta será un rotundo sí; sin embargo,el capitalismo con la ayuda de la democracia liberal ha unificado mercados, sociedades y culturas mediante transformaciones sociales, económicas y políticas, provocando la interdependencia entre los países y, con ello, la soberanía ha pasado a ser una entelequia.

Entonces, ¿por qué precisamente ahora que las fronteras se han disuelto; ahora que la economía manda sobre la política y que la soberanía de los pueblos es una palabra en boca de políticos sometidos se ha montado esta bola del independentismo?

Los motivos, con toda seguridad, están en la mediocridad de nuestros líderes políticos.

La mediocridad aconseja a Artur Mas que para mantener su sillón elabore, como el más bananero de los presidentes, un discurso que oculte su incapacidad avivando el antiespañolismo, que finalmente acabará con él.

De la misma forma, usted, Sr. Rajoy, asesorado por las mismas cualidades políticas que Mas, pero azuzado por los suyos, esos de la triada nacional, y en un derroche de prepotencia ha desoído los rentoys y se ha limitado a avivar el anticatalanismo.

Tienen un problema porque, al  final, cualquier cosa que hagan tendrá el mismo resultado.Su capacidad, o mas claramente dicho incapacidad, nos ha metido en un problema porque cualquier cosa que haga usted para impedir el referéndum no hará otra cosa que avivar el antiespañolismo y exacerbar a separatismo el sentimiento catalanista.

A la inversa, cualquier cosa que haga Mas por llevar a cabo la consulta solo conducirá a avivar el anticatalanismo y exacerbar a separatismo el sentimiento catalanista. Y lo peor es que ya, cuando se ha tensado tanto la cuerda, casi tampoco cabe el apaño. En cualquier caso, una nueva decepción cocinada desde la mediocridad política. Nuevas promesas políticas incumplidas para consolidar en la opinión pública la consideración que se tiene acerca de la clase política.

Usted lo ha dicho "La iniciativa choca con el fundamento mismo de la Constitución, que es la indisolubre unidad española. El Gobierno que presido no puede negociar sobre algo que es del conjunto de los españoles". Y ahí están las verdades y las mentiras de la “indisolubre” unidad española y sobre lo que es intocable porque es del conjunto de los españoles.

El catalanismo, el Eukadismo, el Andalucismo o el Galeguismo no disuelven la unidad de España, como si lo hace el nacional catolicismo, porque la unidad de un Estado debe basarse en la búsqueda de fórmulas de convivencia y no en una férrea imposición de doctrinas o principios ideológicos, rayanos en la intolerancia y en el fanatismo.


Hay formas de acoger en esta piel de toro a todos, dentro del mismo estado, y la norma de todos (¿?), de la que ya le hablé desde mi rincón, no es “indisolubre”, ni tan siquiera indisoluble Sr. Rajoy. Es más, la mayoría de los españoles, como le decía entonces, ya no se sienten identificado con ella y, por más miedo que inspire a sus mediocridades políticas el abrirla, hay sobradas razones, además de las territoriales, para que demuestren algo de altura política y aborden su reforma negociada para que realmente pueda ser eso, La Norma de Todos.

Quizás porque hay sobradas razones para ello es por lo que no lo hacen. Y eso,... es preocupante.


F. Sánchez
13/12/2013

viernes, 6 de diciembre de 2013

Dia de la Constitución

Buenos días Sr. Mariano Rajoy Brey, en día tan especial como hoy, le invito se lea nuestra Constitución. Sin más, porque hoy es fiesta.


F. Sánchez
06/12/2013

miércoles, 4 de diciembre de 2013

La norma de todos

Buenos días sr. Mariano Rajoy Brey ¿sabe que, de los 26.632.180 inscritos en el censo electoral de 1978, 35 años después de aquel 6 de diciembre, sólo quedamos 15.041.817?
Poco más de 15 millones de españoles, entre los cuales nos encontramos usted y yo, tuvimos opción de pronunciarnos, y no todos lo hicimos, respecto al reglamento de juego democrático de una España inmovilizada por 40 años de dictadura. De estos españoles con más de 53 años solo tomaron partido respecto de nuestra Carta Magna 10.094.563.

Conviene recordar que la postura política de su partido (AP) ante aquel referéndum fue la abstención (algunos de su partido incluso votaron en contra), con lo cual es muy posible que yo votara, y lo hice a favor, y usted sea de los que engrosó ese casi 33% de españoles que, entonces, no quisieron votarla.

Quiero decirle con todo esto que en la España actual, con casi 47 millones censados, todo aquel que tenga menos de 53 años, casi 37 millones, no se ha podido pronunciar respecto de nuestra Constitución, lo que nos acerca a una pasmosa relación en la que 3 de cada 4 españoles con derecho a voto no se han pronunciado sobre una Norma que ha de ser de todos los españoles.

Mucho ha llovido desde aquel 6 de diciembre, la forma de hacer política, Europa y soberanía nacional, la corona y sus cosas, los territorios y sus asimetrías, la economía y los derechos sociales, la justicia y su independencia, ….

La España del 1978 no es la actual. La constitución española tuvo su origen en el franquismo, que impuso sucesor y hasta conserva su escudo, pues la España constitucional tiene bandera, pero no escudo constitucional.

Convengamos en decir que la transición fue superada (¿memoria histórica?), acaso por aquella norma conciliadora que, con complejos pactos, conquistas y cesiones, dejó, mas de unos que de otros, plumas en el camino, y hoy el momento es otro; hoy, 35 años después, se apuntan modificaciones como la reforma del Senado, la sucesión real de las mujeres; el modelo territorial o las normas electorales; el papel de las Fuerzas Armadas; las relaciones Iglesia-Estado; o tantas y tantas matizaciones a unos y otros artículos que sería muy conveniente hacer.

Solo ha habido dos modificaciones constitucionales y ambas han sido pactadas políticamente, medidas políticamente, con origen en los compromisos con Europa y sin considerar necesario el refrendo popular; nadie se atreve a abrir el melón, “no es el momento” dicen. La clase política quiere seguir administrando los tiempos y los contenidos pues el mantenimiento de su estatus quo va en ello.

Como esto les da un poco de miedo, ustedes estiran y retuercen la Constitución “de todos los españoles” hasta, a veces, zambullirse fuera de sus márgenes. Todo menos abrir la posibilidad de una reforma constitucional que pueda servir para hablar de no solo de modificaciones cosméticas, o pactadas para satisfacer a Europa, o tranquilizar a los mercados.

Puede que, ya, sea el momento de hablar de las grandes cuestiones, superada la transición, sin eufemismos; puede que sea hora de hablar de reformas constitucionales que recojan el sentir de todos los españoles y que nos saque de la crisis política e institucional en la que hemos caído y de la cual no saldremos si no cambiamos las cosas con el mayor compromiso y consenso social.



F. Sánchez
09/10/2013