viernes, 13 de diciembre de 2013

La "indisolubre" unidad de España

Buenos días Sr. Rajoy. ¿Quiere usted que España sea un Estado? y, en caso afirmativo, ¿Quiere que España sea un Estado independiente?

Perdone el juego de palabras en que he convertido el órdago a la grande que le han hecho desde Catalonia, pero es dudoso que España se ajuste a la definición de Estado independiente.

Sí, porque cuando se habla de Estado se hace referencia a una forma de organización social soberana que tiene el poder administrativo y de regulación sobre un determinado territorio, y la independencia es la situación de un país o nación que no está sometido a la autoridad de otro.

Visto por lo que estamos pasando y como lo han justificado una y otra vez en las recetas economicas, laborales, sociales,... impuestas, ora de por Bruselas, ora por Merkel -muy callada ahora por cierto-; visto como los hombre de negro de la Comisión y del Comité Económico y Financiero supervisan la ejecución presupuestaria y nuestros gastos e ingresos publicos y los de la banca; visto como Adelson les ha hecho legislar por y para Eurovegas; Visto lo que hemos visto en este país en los años de crisis, yo le preguntaría ¿Es España un Estado independiente?

Su respuesta será un rotundo sí; sin embargo,el capitalismo con la ayuda de la democracia liberal ha unificado mercados, sociedades y culturas mediante transformaciones sociales, económicas y políticas, provocando la interdependencia entre los países y, con ello, la soberanía ha pasado a ser una entelequia.

Entonces, ¿por qué precisamente ahora que las fronteras se han disuelto; ahora que la economía manda sobre la política y que la soberanía de los pueblos es una palabra en boca de políticos sometidos se ha montado esta bola del independentismo?

Los motivos, con toda seguridad, están en la mediocridad de nuestros líderes políticos.

La mediocridad aconseja a Artur Mas que para mantener su sillón elabore, como el más bananero de los presidentes, un discurso que oculte su incapacidad avivando el antiespañolismo, que finalmente acabará con él.

De la misma forma, usted, Sr. Rajoy, asesorado por las mismas cualidades políticas que Mas, pero azuzado por los suyos, esos de la triada nacional, y en un derroche de prepotencia ha desoído los rentoys y se ha limitado a avivar el anticatalanismo.

Tienen un problema porque, al  final, cualquier cosa que hagan tendrá el mismo resultado.Su capacidad, o mas claramente dicho incapacidad, nos ha metido en un problema porque cualquier cosa que haga usted para impedir el referéndum no hará otra cosa que avivar el antiespañolismo y exacerbar a separatismo el sentimiento catalanista.

A la inversa, cualquier cosa que haga Mas por llevar a cabo la consulta solo conducirá a avivar el anticatalanismo y exacerbar a separatismo el sentimiento catalanista. Y lo peor es que ya, cuando se ha tensado tanto la cuerda, casi tampoco cabe el apaño. En cualquier caso, una nueva decepción cocinada desde la mediocridad política. Nuevas promesas políticas incumplidas para consolidar en la opinión pública la consideración que se tiene acerca de la clase política.

Usted lo ha dicho "La iniciativa choca con el fundamento mismo de la Constitución, que es la indisolubre unidad española. El Gobierno que presido no puede negociar sobre algo que es del conjunto de los españoles". Y ahí están las verdades y las mentiras de la “indisolubre” unidad española y sobre lo que es intocable porque es del conjunto de los españoles.

El catalanismo, el Eukadismo, el Andalucismo o el Galeguismo no disuelven la unidad de España, como si lo hace el nacional catolicismo, porque la unidad de un Estado debe basarse en la búsqueda de fórmulas de convivencia y no en una férrea imposición de doctrinas o principios ideológicos, rayanos en la intolerancia y en el fanatismo.


Hay formas de acoger en esta piel de toro a todos, dentro del mismo estado, y la norma de todos (¿?), de la que ya le hablé desde mi rincón, no es “indisolubre”, ni tan siquiera indisoluble Sr. Rajoy. Es más, la mayoría de los españoles, como le decía entonces, ya no se sienten identificado con ella y, por más miedo que inspire a sus mediocridades políticas el abrirla, hay sobradas razones, además de las territoriales, para que demuestren algo de altura política y aborden su reforma negociada para que realmente pueda ser eso, La Norma de Todos.

Quizás porque hay sobradas razones para ello es por lo que no lo hacen. Y eso,... es preocupante.


F. Sánchez
13/12/2013

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