viernes, 6 de marzo de 2026

No a la Guerra, si a la Defensa.

​En el complejo tablero de este marzo de 2026, parece que hemos olvidado los matices. Hoy, si defiendes la necesidad de un ejército moderno o la protección de las fronteras, te tachan de belicista. Si gritas "No a la Guerra", te acusan de ingenuo. Pero, ¿es tan difícil entender que se puede aborrecer la agresión militar y, al mismo tiempo, entender que la libertad necesita un escudo?

​La situación ha dado un vuelco dramático. No solo nos enfrentamos a las presiones de gasto militar; nos enfrentamos a un Donald Trump incendiario que ha vuelto a poner sus miras en Cuba. Bajo el cínico concepto de una "toma de control amistosa" y calificando a la isla de "nación fallida", Trump está jugando con fuego en el Caribe.

​Este belicismo trumpista no busca la estabilidad, busca el dominio mediante la intimidación. Poner freno a este impulso imperialista es una obligación moral para cualquiera que crea en el derecho internacional. El "No a la Guerra" cobra hoy más fuerza que nunca frente a quienes ven en la intervención militar la primera y única solución a los problemas geopolíticos.

​Mientras el mundo mira con contención hacia el Caribe, en España el Gobierno se encuentra en una situación de "perder-perder" en el relato doméstico:

  1. La derecha "plus ultra": Esos "patriotas" cuya única brújula es hacer caer al Presidente. Para ellos, la soberanía nacional es secundaria si pueden usar a Trump como ariete. Exigen un vasallaje absoluto a Washington, aplaudiendo incluso las amenazas de aranceles y la retórica intervencionista con tal de ver debilitado al Ejecutivo español. Su "patriotismo" termina donde empieza su obsesión por el poder.
  2. La izquierda "podemita" y dogmática: Instalada en un purismo que los ha llevado a la irrelevancia (así les va). Critican cada euro invertido en seguridad como si las amenazas de Trump o la inestabilidad global fueran ciencia ficción. Ignoran que los derechos sociales que defienden no durarían un asalto sin un Estado capaz de proteger su integridad territorial y su autonomía estratégica.

​A pesar de esta pinza asfixiante, está ocurriendo algo que a muchos les cuesta digerir: se está generando una corriente internacional de respeto hacia la figura del Primer Ministro español. En un momento donde otros líderes se pliegan o callan, Sánchez está manteniendo la dignidad frente al matón internacional.

​España está demostrando que se puede ser un socio fiable en Europa y la OTAN sin ser un súbdito de los caprichos de Trump. Se puede decir "No" a las aventuras incendiarias en Cuba o Irán y, simultáneamente, fortalecer nuestras fronteras para que nadie piense que nuestra libertad está en venta o desprotegida.

​La paz no es la ausencia de armas, sino la presencia de justicia y soberanía. Debemos plantar cara al belicismo de Trump, que solo busca incendiar regiones enteras para su beneficio electoral. Pero esa firmeza diplomática solo es posible si tenemos la capacidad de defendernos.

​Es hora de superar los eslóganes vacíos: ser pacifista no es ser pasivo; ser patriota no es ser vasallo. Defender lo nuestro —y lo de Europa— es la única base real para poder seguir diciendo, con la cabeza muy alta, "No a la Guerra".

jueves, 5 de marzo de 2026

Dictocracia populista


El silencio ya no es una opción.

Mientras escribo estas líneas, el mundo contiene el aliento ante una escalada bélica que no solo amenaza con incendiar Oriente Medio, sino que está demoliendo los cimientos mismos de lo que entendemos por soberanía y decencia diplomática.

​Lo que hemos vivido esta semana con el anuncio de la Casa Blanca sobre la "colaboración" de España —mantenido por Washington con una frialdad asombrosa pese al desmentido categórico de nuestro Gobierno— no es un simple malentendido. Es una maniobra de intoxicación informativa propia de regímenes que no rinden cuentas a nadie y que pretenden doblegar la voluntad de naciones soberanas mediante la confusión y el hecho consumado.

​Una dictocracia populista no necesita convencer con argumentos; le basta con señalar a un enemigo (Irán, o incluso aliados "rebeldes" como España) y actuar de forma mesiánica, como si el líder fuera el único capaz de salvar a la nación, por encima de congresos, jueces o tratados internacionales.

​Debemos llamar a las cosas por su nombre. El Sr. Trump ha iniciado la "Operación Furia Épica" contra Irán sin contar siquiera con la aprobación del Congreso de su propio país. Ignorar los contrapesos democráticos internos para lanzar misiles es, por definición, un acto que roza la tiranía dictatorial de otros tiempos.

​Cuando un líder se cree por encima de las leyes de su nación y del Derecho Internacional, el mundo deja de ser un lugar seguro. No se puede permitir que el destino de millones de personas dependa del cálculo electoral de un solo hombre que desprecia los foros de debate internacionales. La violencia nunca ha sido el camino; es solo el atajo de quienes carecen de argumentos.

​En este contexto, la postura del Gobierno de España es, sencillamente, valiente. Al prohibir el uso de las bases de Rota y Morón para ataques ofensivos, España se ha quedado prácticamente sola frente al "lanzallamas" de Trump, mientras otros vecinos europeos callan o ceden por miedo.

​Trump ya ha respondido con su arma favorita: el chantaje económico. Amenazar con un bloqueo comercial total y aranceles destructivos a nuestro aceite o nuestro vino por no querer ser cómplices de una guerra ilegal es la prueba de que, para esta Casa Blanca, no somos "aliados", sino "vasallos". Alzar la voz hoy es defender que España es una nación con principios, no un tablero de Risk donde Washington mueve las fichas a su antojo.

​Lo más hiriente es observar el papel de la oposición en casa. Mientras España es señalada y amenazada internacionalmente, el PP y Vox mantienen una postura más que tibia.

​Es paradójico: muestran una ferocidad inaudita para atacar al Gobierno por cualquier cuestión doméstica, pero agachan la cabeza ante un líder extranjero que insulta a nuestro liderazgo y amenaza nuestra economía. ¿Dónde queda el patriotismo cuando se trata de defender nuestra soberanía frente a las imposiciones de una administración que nos llama "aliados terribles" solo porque no queremos más sangre?

​Desde este rincón, quiero ser claro: la solución no está en las bombas. Si queremos un futuro para nuestros hijos, debemos fortalecer los foros de debate internacional. La ONU no puede ser un simple decorado mientras un presidente "desregula" la guerra como si fuera una norma ambiental.

​Si permitimos que se normalice el ataque preventivo y la mentira como herramienta diplomática, hoy es Irán, ayer fue Venezuela, pero mañana puede ser cualquiera. No podemos dejar que el mundo retroceda a los tiempos donde el más fuerte dictaba la moral a base de pólvora y aranceles.

​Hoy más que nunca: No a la guerra. Sí a la soberanía. Sí a la política frente a la tiranía.


P.D. El desprecio final: Diplomacia de alcoba frente a la ONU

No quiero cerrar esta reflexión sin mencionar el gesto de ayer, que termina de retratar el talante del inquilino de la Casa Blanca. En plena crisis bélica, con el mundo al borde del abismo, Trump decidió enviar a la Primera Dama a representarlo ante las Naciones Unidas. No es una cuestión de género, es una cuestión de rango y dignidad institucional. Enviar a un familiar en lugar de a un diplomático de carrera o a un alto cargo del Estado es una humillación deliberada a la comunidad internacional. Es el comportamiento propio de un sátrapa que confunde los asuntos de Estado con su patrimonio privado; una señal clara de que, para él, los foros de debate no son más que un estorbo en su camino hacia el poder absoluto.

martes, 3 de marzo de 2026

Soberanía SÍ. Vasallaje NO.



​​La historia no se repite, pero rima con una crueldad asombrosa. Hoy, 3 de marzo de 2026, el presidente de EE. UU. nos tacha de "aliado terrible" por negarnos a ser su portaaviones en una guerra que no hemos buscado. Sin embargo, lo que Trump considera un insulto, el resto del mundo lo está empezando a leer como una lección de dignidad.

​Mientras en Washington se lanzan rayos y centellas, desde Turquía se ha iniciado un movimiento masivo de reconocimiento hacia el Gobierno español. En las redes y en la diplomacia de Oriente Medio, España se ha convertido en un referente de autonomía. Al negarnos a que Rota y Morón sean el muelle de lanzamiento de una ofensiva ilegal, hemos ganado un respeto internacional que no se compra con fotos en ranchos ajenos.

​Resulta sangrante observar la actitud de esa derecha española que hoy, en lugar de cerrar filas con la soberanía nacional, prefiere jalear las amenazas de Trump. Es la misma derecha que nos metió en el lodazal de las Azores en 2003 y que hoy hace cualquier cosa por desgastar al gobierno.

​Aquellos que hoy critican que "perdemos peso" con EE. UU. son los herederos de quienes sacrificaron nuestra seguridad por un ridículo acento tejano impostado. Aquella derecha no buscó el interés de España; buscó el vasallaje. Nos convencieron de que la "lealtad" consistía en validar mentiras sobre armas de destrucción masiva para servir a intereses ajenos. Y mientras ellos se daban palmaditas en la espalda con Bush, nosotros pagamos la factura de su soberbia en los andenes de Atocha aquel 11-M.

​Hoy, esos mismos sectores parecen preferir que nos arrodillemos ante el impulso visceral de un líder que, según los expertos, actúa por puro instinto primitivo. Es un "patriotismo" de cartón piedra que prefiere ver a España como un satélite sumiso antes que como una nación respetada por su coherencia.

​No nos engañemos: ser un "aliado terrible" para quien busca incendiar el mundo es la mayor prueba de salud democrática. La verdadera traición no es decirle "no" a la Casa Blanca; la verdadera traición fue lo que hicieron en 2003: vendernos una guerra ajena basada en una mentira que ellos conocían o consintieron, y comprarnos un terrorismo propio.

​Ni las amenazas de Trump ni el oportunismo de quienes nos llevaron al desastre en el pasado van a borrar nuestra memoria. España ha elegido no tropezar con la misma piedra. Hoy, el respeto que llega desde Estambul o Ankara vale mucho más que el beneplácito de un despacho que exige nuestra sumisión a cambio de sus guerras.

lunes, 2 de marzo de 2026

EL REY ENROCADO⁷

Desde el dorado retiro de Abu Dabi, donde el sol no proyecta dudas y el desierto guarda silencios milenarios, nos llega un eco que suena a sentencia: "Voy a acabar ganando". Es la voz de Juan Carlos I, el hombre que una vez fue motor y hoy es nostalgia, el monarca que levanta la mano en la foto de LOC con la suficiencia de quien se sabe a salvo tras un movimiento de enroque perfecto, protegido por el muro de la desclasificación y la amnesia colectiva.

​Dice el emérito que al final tendremos que reconocer lo que hizo. Y tiene razón, aunque quizás no de la forma que él imagina. Reconocemos la coreografía del 23-F, esa función de gala donde las luces apuntaron al palco real mientras las sombras movían los hilos en el foso. Pero en este tablero de piezas marcadas, su "victoria" no nace de la luz, sino de la asombrosa elasticidad de una moral pública que permite separar al "héroe de la democracia" del "evasor confeso".

​Porque en esta España nuestra, parece que los "españoles de bien" están dispuestos a elevar el consentimiento al rango de ley. Se escucha ya el ruido de sables dialécticos, con figuras como Feijóo lanzándose al ruedo para normalizar lo que en cualquier otra democracia sería un escándalo terminal. Se habla de formalizar legislativamente una asignación presupuestaria para el exmonarca, una suerte de pensión de gratitud que selle, por fin, la paz con sus "devaneos fiscales". Es el triunfo de la narrativa sobre la ética: transformar las cuentas opacas en simples descuidos de juventud institucional que el contribuyente, en un alarde de generosidad casi mística, debe sufragar con una nómina oficial.

​Como bien analizan estos días las voces más lúcidas de la prensa, estamos ante un choque de trenes entre la legitimidad histórica y la decencia tributaria. El Rey sonríe porque sabe que el tiempo es el mejor abogado y que la justicia de los hombres tiene un límite que la majestad sabe sortear con elegancia. Su victoria es lograr que el lodo de ayer se convierta en la asignación de mañana, convenciendo a los suyos de que sus deudas con Hacienda son solo una nota al pie en una biografía de gloria.

​Esta Matrioska institucional que nos prometieron vacía de lodo solo enseña la piel para ocultar el hueso. Se desclasifica lo que ya no quema para tapar lo que aún escuece: un Rey que exige ser reconocido mientras sus deberes como ciudadano siguen bajo la arena de los Emiratos. Su triunfo es el de la forma sobre el fondo, el de la capa exterior de la muñeca rusa que brilla pintada de democracia mientras las capas interiores guardan el frío de los pactos de alcoba y las facturas sin nombre.

​Al final, Juan Carlos I se proclama vencedor en un juego donde él mismo puso las reglas, el tablero y hasta el árbitro. Pero en este Rincón de Kurro sabemos que, por mucho que el lodo se seque bajo el sol del desierto y se disfrace de partida presupuestaria, la mancha no se va con decretos. Quizás gane la batalla de los titulares, pero su corona de gloria siempre tendrá el amargo sabor de una redención comprada y el cinismo de quien se cree libre de cargas en un país que aún paga sus deudas.

domingo, 1 de marzo de 2026

La Matrioska del 23 F

1 de marzo de 2026. La desclasificación de los archivos del 23-F no ha traído la paz que algunos esperaban. Al contrario, ha levantado la tapa de una matrioska cuya capa más profunda huele a erosión institucional. Mientras los historiadores analizan el lodo de 1981, Alberto Núñez Feijóo intenta vendernos un perfume de "buen español" que ya no convence a nadie.

Los historiadores en RTVE han sido tajantes: los documentos revelan una democracia que en 1981 estaba "erosionada" desde dentro. No fue solo Tejero; fue un sistema que permitió que se gestara una Operación Ariete (heredera del tardofranquismo) y que grupos económicos financiaran la asonada.

​Aquí es donde el manuscrito de 1980 que analizamos cobra su valor real: la estrategia de "calentar el ambiente" no fue una ocurrencia de cuatro militares, sino una táctica de erosión calculada para que la sociedad aceptara el golpe como un "mal menor". Feijóo saca pecho de una transición idílica, pero los papeles nos hablan de una democracia que se salvó por los pelos mientras sus cimientos estaban carcomidos por la duda.

Al líder del PP ni le toca ni le compete la gestión de la vuelta de Juan Carlos I, pero ha decidido usar la historia como si fuera su cortijo particular. Su petición de regreso es una sobreactuación para evitar que miremos la capa interna de la matrioska: esa donde los civiles "de bien" pactaban la Operación Mixta.

​Respirar tranquilo porque el Rey paró el golpe es ignorar que los espías —según las notas del CESID hoy publicadas— trabajaron durante el juicio para "introducir la duda" y proteger a la institución de sus propios errores. Feijóo quiere que compremos la épica para que no preguntemos por la ética.

El patriotismo de Feijóo es de cebolla: muchas capas de bandera, pero vacío por dentro. Ha querido convertir el 23-F en un salvoconducto para blanquear la dudosa conducta del Emérito en otros ámbitos. Pero la Casa Real le ha dado el baño de realidad definitivo: al Rey no le impide volver el recuerdo de Tejero, sino su residencia fiscal.

​Resulta patético ver a Feijóo intentando anotar el tanto de la "reconciliación histórica" mientras la Zarzuela le recuerda que la lealtad se demuestra en la ventanilla de la Agencia Tributaria. El "buen español" tributa donde vive; el "patriota de cebolla" solo grita para que no se vea que prefiere el mito a la transparencia.

La matrioska está abierta y los historiadores nos dicen que aún faltan piezas (especialmente las transcripciones completas y la trama civil). Feijóo puede seguir montando su teatro, pero el 26 de febrero de 2026 ha marcado un antes y un después.

​En "El Rincón de Kurro" no aceptamos el punto final. La democracia no se fortalece con el regreso de un ausente envuelto en celofán histórico, sino reconociendo la erosión que casi nos cuesta la libertad. Menos sacar pecho y más pelar la cebolla, porque la verdad no necesita sobreactuaciones, necesita luz, aunque a algunos les escuezan los ojos.


Lo que pasa en Irán, no se queda en Irán


28 de febrero de 2026. La historia ha dado un vuelco violento que marcará a generaciones. Lo que comenzó como un anuncio de Donald Trump sobre una "gran operación de combate" junto a Israel, se ha convertido en un incendio global tras las explosiones en el corazón de Teherán. Pero más allá de los misiles, lo que hoy presenciamos es el acta de defunción de un sistema y la confirmación de un fracaso internacional.

Si algo ha quedado sentenciado hoy es la absoluta inutilidad de las Naciones Unidas. Mientras los misiles cruzaban el espacio aéreo, el Consejo de Seguridad se perdía en vetos y retórica vacía. La ONU es hoy un edificio de cristal en Nueva York que solo sirve para emitir comunicados de "profunda preocupación" mientras el mundo arde. Su incapacidad para frenar un ataque unilateral o para intervenir en una masacre interna demuestra que el derecho internacional ha muerto; ahora solo impera la ley del más fuerte.

No podemos ignorar que, antes de las bombas externas, el régimen iraní ya estaba en guerra contra su propio pueblo. La noticia de RTVE sobre Alí Jamenei como el "último ayatolá" cobra sentido ante una teocracia que ha perdido toda legitimidad.

Solo en este inicio de 2026, se denuncian más de 7.000 civiles asesinados por las fuerzas del régimen por el simple hecho de pedir libertad. Un sistema que sobrevive ametrallando a su juventud y colgando a sus ciudadanos en plazas públicas no tiene futuro. Rechazar la agresión exterior no puede significar, bajo ningún concepto, validar a un régimen opresor que ha convertido a Irán en una cárcel.

La onda expansiva de este conflicto nos alcanza a todos en cuestión de horas:

 * Economía en Shock: El bloqueo del Estrecho de Ormuz ya dispara el petróleo. Prepárate para una inflación salvaje en la gasolina y la cesta de la compra.
 * Tropas en Alerta: Con ataques iraníes a bases en Irak y Kuwait, la seguridad de nuestros soldados españoles en la zona pende de un hilo.
 * Guerra de Información: Los bots y la propaganda inundan las redes.

 En momentos de caos, la verificación es nuestra única defensa.

¿Es Reza Pahlavi la solución?
En medio de este vacío de poder, surge con fuerza la figura del príncipe Reza Pahlavi. Su propuesta de un Irán laico, democrático y abierto al mundo suena a gloria para una juventud que solo conoce la soga del régimen. Sin embargo, el debate está servido: ¿sería el salvador que Irán necesita o simplemente el regreso de una dinastía ya expulsada?

Lo cierto es que su programa de libertades civiles y apertura económica es una esperanza real, pero en Irán nada es sencillo: el cambio solo será legítimo si es el propio pueblo, y no las bombas extranjeras ni las imposiciones externas, quien decida su destino.

Hoy el mundo es más oscuro. La diplomacia ha fracasado, la ONU ha demostrado su irrelevancia y el pueblo iraní se encuentra atrapado entre los misiles de fuera y las balas de dentro. La noche será larga.

viernes, 27 de febrero de 2026

Matrioska: El 23-F o el arte de la estafa institucional


El rompecabezas de la desclasificación se cierra por ahora con una última pieza: la confirmación de que Juan Carlos I prohibió a Armada personarse en la Zarzuela aquella tarde. Es el dato que la derecha utiliza ahora para sacar pecho, pero que, si se mira de cerca, revela la profundidad del engaño.

1. El "No" que salvó al sistema, pero no la verdad

Que el Rey frenara a Armada en la puerta de palacio confirma que el golpe fue, ante todo, una estafa de despacho. Armada quería entrar en la Zarzuela para que los capitanes, que ya estaban en la calle "engañados" por los bulos de la trama, creyeran que el apoyo era total. Al denegarle la entrada, el Rey abortó la puesta en escena, pero no borró la existencia de esa "Operación Mixta" que llevaba meses cocinándose en la sombra.

2. La sobreactuación de Feijóo.

Aquí es donde entra el "patriotismo de cebolla" que comentábamos. Feijóo aprovecha este dato para inflar el pecho de "buen español". Pero hay que ser claros: a Feijóo ni le toca ni le compete gestionar la vuelta del Emérito. Intentar usar este "No" de 1981 como un salvoconducto para blanquear un regreso en 2026 es una pirueta oportunista.

Juan Carlos I no está fuera por lo que hizo o dejó de hacer esa noche —un relato que el sistema ya blindó hace décadas—, sino por su conducta dudosa en otros ámbitos económicos y éticos posteriores. Mezclar el éxito militar de aquella noche con la impunidad ética de hoy es engañar al lector.

3. La Matrioska sigue abierta

Respiran tranquilos porque el "No" de la Zarzuela sirve de tapa perfecta para la matrioska. "El Rey dijo no, fin de la historia", parecen decir. Pero nosotros sabemos, por los documentos y el manuscrito de 1980, que debajo de esa tapa hay capas mucho más incómodas:

  • ​¿Quiénes convencieron a Armada de que el Rey sí le recibiría?
  • ​¿Qué civiles estaban en la lista del gobierno de concentración que Armada llevaba en el maletín y que el Rey se negó a validar?

Conclusión:

La muerte de Tejero y estos archivos nos dejan un panorama agridulce. Tenemos la confirmación del "No" real, pero seguimos sin los nombres de los que susurraban al oído de Armada. El patriotismo de superficie de Feijóo busca que nos quedemos en la anécdota heroica para no entrar en la miseria política de la trama civil.

​En "El Rincón de Kurro" celebramos la luz, pero denunciamos el blanqueamiento. Porque una democracia que necesita usar hitos de hace 45 años para tapar vergüenzas actuales, es una democracia que todavía tiene miedo de pelar la cebolla hasta el final.

jueves, 26 de febrero de 2026

23-F: El silencio definitivo y el lodo de hoy


Parece un guion escrito por el destino. El mismo día en que el Estado decide, tras 45 años, levantar las alfombras de nuestra historia desclasificando 153 documentos, muere Antonio Tejero. Con él no solo se va el hombre del tricornio y el grito en el hemiciclo; se va, definitivamente, el último eslabón de un silencio pactado. Mañana, los archivos nos darán papeles, pero la muerte nos ha quitado la voz que podría explicarlos.

1. Fabricar el "ruido"

Al leer los manuscritos ahora liberados, uno entiende que el caos de aquel día no fue un accidente. Anotaciones como "¿Quiénes sembrarán bulos?" o "Calentar el ambiente" revelan que la desinformación fue un arma estratégica.

Es desolador ver cómo esa "rémora" sigue vigente. El "ruido" que hoy empaña nuestras instituciones, con políticos lanzando bulos desde la tribuna del Congreso —el mismo lugar que Tejero asaltó—, es el heredero directo de aquella táctica. Se busca la confusión para que el ciudadano, abrumado, deje de buscar la verdad.

2. El "Cromo"

Siempre sospechamos que el indulto a la cúpula del golpe fue un pago por servicios prestados: el silencio. Armada calló sobre la "Operación Mixta" (la de los políticos de salón) y Tejero calló sobre quiénes le engañaron para entrar en el Congreso. Hoy, ese silencio planea más que nunca sobre los legajos. El Estado nos entrega hoy el índice del libro, pero los protagonistas se han encargado de arrancar las páginas más comprometedoras antes de irse.

3. El mito de los "españoles de bien"

Los documentos revelan planes de atentado contra la Corona (Operación Hermes), rompiendo el mito de que todos los golpistas eran "monárquicos". Esto debería hacer reflexionar a esa derecha que hoy se apropia de la bandera y sataniza al resto tildándolos de "enemigos de la patria". Los verdaderos enemigos de la estabilidad fueron aquellos que, bajo el disfraz de la salvación nacional, estaban dispuestos a todo.


Nos lamentamos de ser una sociedad desinformada a pesar de la tecnología. Hoy tenemos los PDFs, pero ya no tenemos a quién preguntar. Hemos pasado de la era de La Clave, donde se buscaba la luz del debate, a una era de clips de 20 segundos y sombras permanentes.

Tejero muere el día que nacen sus archivos. Es la metáfora perfecta de nuestra democracia: llegamos a la verdad cuando ya nadie puede rendir cuentas. Ahora solo queda el ruido, y nuestra responsabilidad de no dejar que nos ensordezca.

La muerte de Tejero hoy se cruza con las transcripciones de sus llamadas familiares de aquella noche. En ellas, el eco de una traición percibida: la creencia de que el Rey estaba detrás y luego les dejó solos. ¿Fue un engaño de sus superiores para que apretara el gatillo? ¿Fue el bulo definitivo? Sea como sea, esa duda sembrada en el seno de la familia Tejero es la misma que hoy, en 2026, sigue dividiendo a un país que aún no sabe distinguir entre el relato de salvación y la cruda realidad de la traición.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Maniobras Orquestales (y salvajes) en la Oscuridad

Lo advertimos aquí primero! Como os comentaba hace apenas unos días en mi entrada "El karaoke de Génova: ¡Cállate niña!", en la sede central del PP no solo estaban eligiendo la lista de reproducción, sino que estaban deseando quitarle el micrófono a los solistas regionales para que nadie desafinara.

​Pero el 25 de febrero de 2026, la realidad ha dado un golpe de plato que ha dejado a todos sordos: El PP ha intentado domar a Vox y ha acabado arrodillado.

​El supuesto “reseteo” de las conversaciones, escenificado tras la llamada entre Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, saltó por los aires en menos de 24 horas. Génova presentó un documento marco con guiños evidentes a la ultraderecha en inmigración y políticas climáticas, esperando una transición suave. ¿La respuesta de Abascal? Acusarles de tratarles como “salvajes” por el simple hecho de mencionar el respeto a la ley y la unidad de España.

​La dirección popular finge sorpresa, pero la realidad es otra: cuando asumes el marco del adversario, te conviertes en rehén de su estrategia.

​En privado, los populares ya admiten lo inevitable: la primera investidura de María Guardiola apunta al fracaso, y Jorge Azcón en Aragón comprobará cómo su autonomía se diluye bajo el mando nacional.

​¿La excusa? La campaña en Castilla y León para el 15 de marzo. Según el PP, Abascal no puede rebajar el tono en plena contienda. Traducido al lenguaje de la calle: la estrategia electoral de Vox condiciona la gobernabilidad de dos comunidades autónomas. Incluso Miguel Tellado ha empezado a matizar el discurso, diciendo que “exigir no es un verbo que conjugue bien”. Es decir: negociar sin molestar, o lo que es lo mismo, ceder para no incomodar al socio necesario.

​El problema ya no es solo táctico, es político y estructural. Cada vez que el PP incorpora el discurso ultra para facilitar un acuerdo, el centro del debate se desplaza. No se modera a la extrema derecha gobernando con ella; se la fortalece.

​En esta lógica de "Maniobras Orquestales en la Oscuridad" (como los míticos OMD), quien pretendía dirigir la batuta ha terminado gestionando su propia humillación pública. Porque la lección es clara: cuando dependes de quien te desprecia, ya no negocias; simplemente obedeces.

​Hasta José María Aznar, derechonoico donde los haya y gran arquitecto de la unión de la derecha, ha tenido que saltar a la palestra. Su diagnóstico es demoledor: contra lo que algunos quieren creer, la derecha populista —es decir, Vox— no ha venido a compartir el escenario, ha venido a fagocitar al PP. Mientras Feijóo intenta "domar" al salvaje, el salvaje está afilando los cubiertos para merendarse las siglas populares desde dentro. En este karaoke político, el PP corre el riesgo de perder no solo el micro, sino el local entero. Porque, como parece confirmar Aznar, quien se acuesta con hambre de poder, corre el riesgo de despertarse siendo el menú del día.

¿Qué pensáis vosotros? ¿Es una rendición estratégica o el principio del fin para el PP tal como lo conocemos? ¡Os leo en los comentarios!

martes, 24 de febrero de 2026

Agente 006: Sin licencia para discrepar


​El carné número 006 de Vox no es solo un trozo de plástico; es la reliquia de un tiempo en el que el partido cabía en un taxi. Javier Ortega Smith, el hombre que nadó hasta Gibraltar y que se erigió en el "fiscal de la nación" durante el procés, ha sacado su identificación ante las cámaras como quien blinda un búnker. Pero en la nueva "Misión Imposible" de Santiago Abascal, la veteranía no es un grado, es una amenaza.

La sede de Bambú ha dictado sentencia: en el Vox de 2026 no hay espacio para "espías" con criterio propio. La resistencia de Ortega Smith en el Ayuntamiento de Madrid —donde se aferra a la portavocía contra viento y marea— no es solo una defensa de ideales, es el último suspiro de un fundador que se niega a ser enterrado políticamente. Lo irónico es que el mismo Ortega que durante años exigió lealtad ciega y disciplina de cuartel, hoy clama por la "democracia interna" y los estatutos.

La respuesta de Abascal ha sido quirúrgica y despiadada. Las noticias de las últimas horas no dejan lugar a dudas: la dirección nacional ha expulsado ya a los concejales leales a Ortega, dejándolos como "no adscritos" y dinamitando el grupo municipal en la capital. Prefieren la amputación a la disidencia; prefieren perder peso institucional en el Ayuntamiento antes que permitir un contrapoder que no baje la cabeza.

​Como bien ha señalado Ortega Smith en sus últimas declaraciones en la Cadena SER, acusa a Abascal de "torpedear" la labor municipal para priorizar el control del aparato. Es la guerra total: el líder contra el mito

Como en las mejores películas de espionaje, el agente que sabe demasiado y vuela demasiado alto termina siendo declarado "activo tóxico" por su propia agencia. Ortega Smith ha descubierto que, en los partidos de autor, el pasado se borra con un clic y el carné 006 no sirve para abrir puertas si el jefe ha cambiado la cerradura.

​Hoy, el "agente Ortega" se queda solo en la Plaza de la Villa. Tiene el carné, tiene los galones y tiene la historia, pero se ha quedado sin licencia para discrepar. En el cuartel general ya no contestan a sus señales: la orden es silencio, purga y reemplazo.