Estamos en marzo de 2026 y el mundo contiene el aliento. Lo que muchos temíamos ya está aquí: una guerra de desgaste en Irán que huele, suena y duele como el preludio de la III Guerra Mundial. Y lo peor no es la fatalidad del destino, sino la catadura moral de quienes nos han empujado al precipicio.
Hablando en plata, como nos gusta aquí, esta crisis tiene nombres y apellidos. Si otrora el "trío de la guerra" se fotografiaba en las Azores, hoy el escenario ha cambiado pero la soberbia es la misma:
- Netanyahu, el pirómano: Actuando como un auténtico genocida, ha estirado la cuerda hasta romperla. Su estrategia de supervivencia política ha pasado por incendiar toda la región, arrastrando a sus aliados a una trampa de la que no hay salida fácil en Irán.
- Trump, el incendiario: Un líder de corte facistoide al que, sencillamente, "le va la marcha". Ha roto con décadas de contención del Pentágono para jugar a los soldaditos con la estabilidad global. Se creía que con un bombardeo de un día en junio de 2025 ganaría la partida, y ahora se encuentra enfangado en una guerra que no sabe cómo cerrar.
- Los "palmeros" timoratos: Esa mancha de políticos y asesores sin un gramo de criterio que, por puro servilismo, se dan codazos para salir en la foto, han permitido que se crucen todas las líneas rojas. Su silencio y su falta de valentía nos están saliendo caros a todos.
El circo de los "patriotas" de pacotilla
El nivel de bajeza llega a lo grotesco con esos "patriotas" e "imbécilas" de pacotilla que montan el espectáculo en Nueva York o en Madrid.
Siguiendo la estela de su "pater putativo" —aquel que ponía las botas sobre la mesa en el rancho del yankee para mendigar un sitio en la foto—, estos herederos del vasallaje buscan cualquier excusa para figurar. Ya sea intentando entrar en el ranking de los "100 sionistas del año" o montando un 4 de julio impostado en la Castellana, su meta es la misma: aplaudir al impresentable de Trump en la cara de Sánchez, o al genocida ávido de sangre árabe.
Es un patriotismo de bandera encargada en AliExpress: mucho ruido, mucha tela de plástico brillante, pero a la mínima que sopla el viento de la realidad, se deshilacha. Son peones que prefieren las espuelas de Texas a los intereses de su propio país.
Mientras Washington e Israel rompen platos, China observa en un aparente "sopor estratégico". Pero no nos engañemos: Beijing está practicando el arte de la guerra de Sun Tzu.
Para el Dragón, la asfixia lenta de EE. UU. tiene un límite. Cuando decidan que el bloqueo del Estrecho de Ormuz es inasumible y salgan de su letargo para decir "hasta aquí", no lo harán con un tuit, sino cerrando el grifo del que depende toda la tecnología y defensa de Occidente. El dueño de la fábrica está a punto de dejar de enviar el pedido.
Dicen que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Y quienes alegre, inconsciente y peligrosamente ponen en manos de estos irresponsables personajes el poder de gobernar, comparten la responsabilidad de sus actos.
La historia no perdonará a los que apretaron el gatillo, pero tampoco a los "patriotas de AliExpress" que jalearon el desastre, ni a quienes, con su voto o su silencio, permitieron que estos desalmados jugaran al ajedrez con nuestras vidas.