martes, 3 de febrero de 2026

Marte puede esperar, la humanidad no



​En este inicio de 2026, el tablero internacional nos está dejando una imagen para la posteridad. Un enfrentamiento que va mucho más allá de lo político y que se adentra en el terreno de la ética de nuestra especie. Por un lado, el eje Musk-Trump; por otro, la resistencia de un modelo social que en España —y por extensión en Europa— encarna Pedro Sánchez.

​Para entender dónde estamos, es obligatorio mirar atrás. Hubo un tiempo en que otro trío ocupaba el tablero: Aznar, Bush y Blair. En aquella infame foto de las Azores, el papel de España fue el de la "pelotilla", el del acompañante que buscaba una palmada en la espalda a cambio de hipotecar nuestra soberanía y nuestra ética en una guerra basada en mentiras. Era el seguidismo del alumno que busca la aprobación del matón de la clase.

​Hoy, la historia se repite pero con una diferencia fundamental: el criterio. Sánchez no ha buscado la foto de cortesía con el nuevo eje de poder estadounidense. Al contrario, se ha convertido en el "antígeno" de un sistema que Musk y Trump pretenden imponer a escala global. Si Musk ataca con saña, llamando "tirano" al presidente español, no es por el tamaño de nuestro país, sino porque le irrita que un líder se atreva a decirle "no" en nombre de la ley.
⁰⁰
​Como especie, nos comportamos de manera inquietantemente similar a las levaduras en un caldo de cultivo. Cuando el medio es apropiado, crecemos desmedidamente, transformando el entorno y desprendiendo residuos. La levadura produce alcohol hasta que la concentración es tan alta que acaba por destruirla.
​La humanidad está haciendo lo mismo con la tecnología:
​El alcohol de nuestro tiempo: Son los algoritmos sin control, la polarización extrema y el abandono de nuestros menores en el vertedero digital de las redes sociales.
​La obsesión de Musk por Marte no es una solución, es una huida. Es buscar un nuevo tubo de ensayo porque el nuestro está empezando a ser tóxico. Pero, como bien dice la frase de Sánchez: "Marte puede esperar, la humanidad no". No sirve de nada conquistar las estrellas si en el camino nos hemos intoxicado hasta dejar de ser humanos.
​Lo que más escuece en el búnker tecnológico de Musk no es solo que se pongan reglas al juego, sino que se haga mientras España presenta unos resultados económicos que desmontan el dogma ciber-libertario.

​Resulta que se puede proteger al trabajador, regular el algoritmo y poner límites a las Big Tech sin que la economía se hunda. Al contrario: España lidera el crecimiento y la creación de empleo en una Europa que busca su brújula. Para el eje Musk-Trump, este es el escenario más peligroso de todos: la prueba viviente de que el progreso social es el motor de la eficiencia económica, y no su freno.
​Debemos considerar nuestro planeta como un organismo vivo, como Gaia. Un sistema dinámico que aguanta agresiones hasta que, para sanar, reacciona eliminando al agente tóxico. La evolución tecnológica es imparable, pero si no va de la mano de una evolución social y una conciencia ética, será nuestra propia sentencia de muerte.
​La verdadera batalla de 2026 no es entre izquierda o derecha, sino entre el imperialismo económico-tecnológico que quiere tratarnos como datos y la democracia social que nos trata como personas.

​Hoy, España no es la "pelotilla" de nadie. Es el adulto en la sala recordando que el progreso sin conciencia es solo un viaje más rápido hacia el abismo. Marte puede esperar; nosotros, aquí y ahora, no.

Marte puede esperar, la humanidad no



​En este inicio de 2026, el tablero internacional nos está dejando una imagen para la posteridad. Un enfrentamiento que va mucho más allá de lo político y que se adentra en el terreno de la ética de nuestra especie. Por un lado, el eje Musk-Trump; por otro, la resistencia de un modelo social que en España —y por extensión en Europa— encarna Pedro Sánchez.

​Para entender dónde estamos, es obligatorio mirar atrás. Hubo un tiempo en que otro trío ocupaba el tablero: Aznar, Bush y Blair. En aquella infame foto de las Azores, el papel de España fue el de la "pelotilla", el del acompañante que buscaba una palmada en la espalda a cambio de hipotecar nuestra soberanía y nuestra ética en una guerra basada en mentiras. Era el seguidismo del alumno que busca la aprobación del matón de la clase.

​Hoy, la historia se repite pero con una diferencia fundamental: el criterio. Sánchez no ha buscado la foto de cortesía con el nuevo eje de poder estadounidense. Al contrario, se ha convertido en el "antígeno" de un sistema que Musk y Trump pretenden imponer a escala global. Si Musk ataca con saña, llamando "tirano" al presidente español, no es por el tamaño de nuestro país, sino porque le irrita que un líder se atreva a decirle "no" en nombre de la ley.
⁰⁰
​Como especie, nos comportamos de manera inquietantemente similar a las levaduras en un caldo de cultivo. Cuando el medio es apropiado, crecemos desmedidamente, transformando el entorno y desprendiendo residuos. La levadura produce alcohol hasta que la concentración es tan alta que acaba por destruirla.
​La humanidad está haciendo lo mismo con la tecnología:
​El alcohol de nuestro tiempo: Son los algoritmos sin control, la polarización extrema y el abandono de nuestros menores en el vertedero digital de las redes sociales.
​La obsesión de Musk por Marte no es una solución, es una huida. Es buscar un nuevo tubo de ensayo porque el nuestro está empezando a ser tóxico. Pero, como bien dice la frase de Sánchez: "Marte puede esperar, la humanidad no". No sirve de nada conquistar las estrellas si en el camino nos hemos intoxicado hasta dejar de ser humanos.
​Lo que más escuece en el búnker tecnológico de Musk no es solo que se pongan reglas al juego, sino que se haga mientras España presenta unos resultados económicos que desmontan el dogma ciber-libertario.

​Resulta que se puede proteger al trabajador, regular el algoritmo y poner límites a las Big Tech sin que la economía se hunda. Al contrario: España lidera el crecimiento y la creación de empleo en una Europa que busca su brújula. Para el eje Musk-Trump, este es el escenario más peligroso de todos: la prueba viviente de que el progreso social es el motor de la eficiencia económica, y no su freno.
​Debemos considerar nuestro planeta como un organismo vivo, como Gaia. Un sistema dinámico que aguanta agresiones hasta que, para sanar, reacciona eliminando al agente tóxico. La evolución tecnológica es imparable, pero si no va de la mano de una evolución social y una conciencia ética, será nuestra propia sentencia de muerte.
​La verdadera batalla de 2026 no es entre izquierda o derecha, sino entre el imperialismo económico-tecnológico que quiere tratarnos como datos y la democracia social que nos trata como personas.

​Hoy, España no es la "pelotilla" de nadie. Es el adulto en la sala recordando que el progreso sin conciencia es solo un viaje más rápido hacia el abismo. Marte puede esperar; nosotros, aquí y ahora, no.

lunes, 2 de febrero de 2026

​Las Aventuras de Albertocho en la Comisión de Dignatarios



​Había una vez, en un taller de la calle Ruiz de Alarcón, en la capital del Reino, un viejo carpintero de bigote afilado y voz de mando llamado Giuseppe que decidió tallar su obra definitiva. Quería un mueble robusto, de esos que aguantan décadas en el salón del Palacio. Lo fabricó con madera de pino gallego, le dio un barniz de supuesta moderación y le puso por nombre "Albertocho".

​"Serás un Presidente de verdad", le prometió el carpintero, "siempre y cuando aprendas a manejar los hilos sin que se noten".

​Pero el muñeco de pino gallego no estaba solo. Siempre le seguía el Cerdito, un personaje zorrón, de gafas y lengua ácida que se encargaba de morder a cualquiera que se acercara demasiado al taller. El Cerdito zorrón convenció a Albertocho de que, si quería ser presidente, no necesitaba la verdad, sino un buen equipo de carpintería que ocultara las grietas con panfletos y pasquines.

​El problema es que Albertochoñ tenía un amigo en el este levantino que no compartía su aparente sobriedad. Este compañero, un títere de sonrisa fácil, piel bronceada y entregado al hedonismo, prefería las largas comidas en las tabernas, acompañado de hermosas féminas y buenos caldos, a la pesadez de vigilar los cielos del reino.

​El 29 de octubre, mientras el cielo se abrió sobre la Albufeta, el títere levantino estaba en su particular "Paraíso de Placeres", donde el tiempo parecía no correr. Mientras tanto, Albertocho, desde el taller central de Ruiz de Alarcón, empezó a ensayar su primera gran mentira para intentar salvar el honor del gremio y no comprometer sus aspiraciones.

​Hoy, ante la Gran Comisión de Dignatarios, el muñeco ha intentado su último truco bajo los consejos y la atenta mirada del Cerdito. Con la nariz creciendo a cada segundo hasta casi golpear el estrado, Albertocho ha mirado a los presentes y ha proclamado: "¡Estoy informado en tiempo real!".

​Acto seguido, con un gesto de madera indignada, ha clamado que la culpa de que el agua lo inundara todo sin avisar a nadie no era de quien estaba en el "Paraíso de Placeres", sino del Gran Visir —el "Perro Xanxe", como le llama entre crujidos de pino—, por no haber tenido la decencia de desplegar su paraguas sobre el virreinato levantino y salvarlos de su propia desidia. Según el relato de Albertocho, el Gran Visir debería haberle arrebatado los hilos al títere hedonista por la fuerza, rescatando al taller de sí mismo mientras su nronceado amigo, seguia, con su compañía, apurando los postres.

​El carpintero Giuseppe observa desde la distancia y empieza a pensar que su creación se ha convertido en un mueble de oficina difícil de encajar, ya casi un estorbo. Ya no luce en el salón principal; su estructura está llena de nudos de contradicciones y el barniz se ha podrido con el fango.

​Por eso, entre el humo de su puro, Giuseppe ha empezado a mirar hacia otro rincón del taller. Allí descansa una figura distinta, de metal frío y lengua afilada, a la que todos llaman Pepita Grillo. Ella no quiere salvar al muñeco; espera pacientemente a que Albertocho termine de astillarse para ocupar, por fin, el centro del escenario.

​Y mientras el muñeco sigue jurando ante los Dignatarios que "él siempre supo dónde estaba su amigo", la madera de su cara cruje. Es el sonido de un relato que nació seco y ha terminado por pudrirse en el agua.

domingo, 1 de febrero de 2026

​La hija putativa


La política española ha cruzado el umbral de la supervivencia democrática. Lo que comenzó como una estrategia de desgaste extremo para desalojar al Gobierno de las instituciones, y de paso deteriorarlas como elemento vertebrador de nuestra sociedad, ha terminado por parir un engendro. Alberto Núñez Feijóo, el líder que llegó con aura de moderado, se encuentra hoy con una hija putativa que ya no puede esconder: la "Derecha Borroka".

​No estamos ante una ira espontánea, sino ante un compuesto sintetizado en think tank. La Dextroborroka es ese jarabe amargo que la vieja guardia derechista suministra a las bases. El prospecto es claro: para que el efecto sea total, hay que mantener la calle y las redes en agitación permanente. Si la tensión baja, el veneno pierde su efecto y el partido corre el riesgo de volver a la cordura institucional. Por eso, desde las alturas, la orden es clara: agítese antes de usar.

​Observamos una deriva alarmante en los expresidentes de la era pre-15M. Aquellos que gestionaron el país antes de que las plazas exigieran una democracia real, parecen hoy empeñados en tejer una red neuronal que castigue cualquier avance que se salga de su control.

  • Aznar camina abiertamente dando consignas y marcando la doctrina de la confrontación total desde su atalaya en FAES.
  • Felipe González, por su parte, parece obsesionado con quitarle al actual Gobierno progresista la chaqueta de pana que él mismo calzó hace décadas.

​Ambos comparten un objetivo: preservar un sistema donde solo ellos y sus herederos tengan la llave de las instituciones. Al deslegitimar al Gobierno actual como una anomalía peligrosa, están dando un cheque en blanco a los radicales.

​La Derecha Borroka es la fuerza de choque resultante de este clima. Su objetivo es el silenciamiento de la disidencia. Como documenta el reportaje sobre el acoso ultra a activistas y periodistas, la estrategia consiste en trasladar el odio de los canales de Telegram al acoso personal. Mientras Feijóo calla o balbucea condenas tibias, sus "hijos" más radicales buscan que cualquier voz crítica se retire por puro terror.

​El PP ha cometido el error histórico de alimentar al monstruo creyendo que podría pastorearlo. Pero la Derecha Borroka ya camina sola.

​Como analizamos en El PP ante su propio diablo, engendrar bestias solo garantiza que acaben devorando la casa. Feijóo podrá negar la paternidad en público, pero la historia recordará que esta hija putativa nació bajo su guardia y con la bendición de unos expresidentes que no perdonan que el país haya seguido adelante sin pedirles permiso.

jueves, 29 de enero de 2026

La doble vara de Ayuso

La doble vara de medir: Entre el luto oportuno y el olvido selectivo


​Hoy la Catedral de la Almudena ha sido el escenario de un acto que, más allá de lo religioso, se ha sentido como un desplante institucional y una lección de oportunismo político. Isabel Díaz Ayuso ha decidido organizar su propio funeral para las 45 víctimas del accidente de Adamuz, desmarcándose del acto oficial en Huelva donde estaban los Reyes y el Gobierno.

​Lo que para algunos podría parecer un gesto de respeto, para muchos otros —incluido quien esto escribe— destila una doble moral bañada de oportunismo.

Resulta hiriente ver el desplique de solemnidad y cámaras de hoy cuando recordamos el silencio sepulcral que la Puerta del Sol mantiene sobre los llamados "protocolos de la vergüenza". Es inevitable preguntarse: ¿Por qué para las víctimas del tren hay misas de Estado en Madrid, pero para los miles de ancianos que murieron en nuestras residencias solo hay portazos a las comisiones de investigación?

​Es la política del "caiga quien caiga". Se utiliza un hecho luctuoso ajeno para alimentar una cruzada personal contra el Gobierno central, elevando la confrontación a niveles que rompen incluso el respeto debido a la Corona y al protocolo mínimo de una nación.

Cuando el dolor se utiliza para contraprogramar, deja de ser consuelo para convertirse en propaganda. Al ignorar la unidad que exigía una tragedia de esta magnitud, se ha priorizado el titular y la foto por encima del respeto a las familias. Los gritos de "asesina" que se han escuchado hoy a las puertas de la catedral no son solo ruido; son el eco de una herida que la presidenta se niega a cerrar en su propia casa.

Es la culminación de una política cínica. Para la presidenta de los "madrileños de bien", queda claro que los 7.291 ancianos fallecidos no merecían cuidados médicos cuando aún estaban vivos y, por lo visto, no merecen justicia ni atención una vez muertos. ¿Para qué, si entonces no iban a mejorar y ahora ya no van a resucitar? Esa parece

ser la máxima de una gestión que prefiere las misas coreografiadas por víctimas ajenas que la asunción de responsabilidades por los muertos propios. No hay piedad real si se usa exclusivamente como munición electoral.

miércoles, 28 de enero de 2026

Sr. "Presidente Frustrado" no pague su trauma con nosotros.


Señor Feijóo,

​Me dirijo a usted apelando a su actual cargo institucional como Presidente Frustrado. No le llamo líder de la oposición, ni siquiera líder del PP, porque en ambos espacios es usted reiteradamente cuestionado por propios y extraños. Habita usted un "no lugar" político: ni manda en el país, ni termina de mandar en su partido.

​Usted es un hombre atrapado en el trauma de haber perdido ganando. Pero lo grave es que, en su despecho, ha decidido que su venganza sea intentar ganar perdiéndonos a todos por el camino.

La sombra de Madrid y el pánico al relevo

No nos engañemos: su "No" a las medidas sociales no nace de una convicción ideológica, sino de su propia debilidad. Usted siente constantemente el aliento de Madrid en su cogote. Vive con el temor de que, al menor gesto de sentido de Estado o de pacto con el Gobierno, quienes realmente manejan los hilos desde la capital le corten la cabeza. Esa presión interna le obliga a sobreactuar, a flirtear con un "soldadito de plomo" que el unico uniforme que vistió seria el de su primera comunión, y a adoptar el tono de odio que llega desde Waterloo.

¿Cómo explica usted, precisamente usted, a los millones de afectados que su bloqueo es por "higiene democrática"? ¿No entiende que en la España de hoy la legitimidad emana de la capacidad de pactar? Su piel, acostumbrada al "microclima" gallego, no cicatriza la herida, producida en su orgullo por, siendo el partido más votado, ser incapaz de articular una mayoría de confianza para gobernar. Su fracaso, su destino, es su soledad.

​Usted castiga a la sociedad qie le votó, y a la que no, bloqueando el escudo social para que el Gobierno no pueda respirar, y nosotros, sumidos en esta idiocracia colectiva, parecemos preferir el espectáculo del conflicto, del bulo y de las supuestas "noticias de teletipo" a las aburridas explicaciones de la gestión real.

Sr. Feijóo: gobernar —o intentar hacerlo— desde el rencor y el miedo a los propios barones es la forma más baja de hacer política. Si algún día supera su trauma, reconoce la legitimidad democrática y constitucional de las mayorías parlamentarias para conformar gobierno, quizá descubra que España es mucho más que su despacho de la calle Génova o el palacete de la Moncloa.



martes, 27 de enero de 2026

Una patria no es una bandera, ni una pension un cacho de pan

La patada al Gobierno en el culo de los pensionistas

​Hoy escribo desde el enfado. Un enfado profundo, de esos que se te instalan en el estómago cuando ves que, tras casi 50 años cotizando, la dignidad de tu jubilación se convierte en el juguete de unos desalmados. Me jubilé en marzo de 2025. Esta, la de enero de 2026, era la primera subida de mi pensión. Y ahora resulta que es posible que tenga que devolverla.

​No es porque la economía se haya hundido. No es porque no haya fondos. Es, pura y llanamente, por la ambición política de unos personajes que han decidido que mi pan es su moneda de cambio.

​El Congreso ha ofrecido un espectáculo bochornoso. La derecha plus (PP), la ultra (Vox) y la derecha indepe (Junts) han perpetrado una pinza de manual. Pero que nadie se engañe: no le han dado una lección al Gobierno, le han pegado una patada al bolsillo de nuestros mayores. Se envuelven en banderas de dimensiones ridículas, pero una patria no es un trozo de tela; una patria son sus personas, especialmente aquellas que, como yo, la han levantado trabajando década tras década.

​¿Cómo se explica que tengamos que devolver lo cobrado por sus juegos de tronos?

​Ahí tenemos al pelele de Feijóo, ese que dice que no es presidente porque no quiere, pero que suspira por el cargo a toda costa, aunque tenga que pisotear a los pensionistas para desgastar al rival. Al lado, el bárbaro de Abascal, ese profesional de la pulserita que vive en una cruzada personal contra Pedro Sánchez y que no ha dado un palo al agua fuera de los chiringuitos públicos en su vida. Es el colmo: un tipo que no sabe lo que es cotizar de verdad votando para que los que sí lo hicimos perdamos poder adquisitivo.

​Y para cerrar el círculo del despropósito, el mesianismo de Puigdemont. Resulta paradójico que estos tres sean hoy compañeros de cama. Puigdemont exige que se legisle para él, en sentido literal, para librarse de la cárcel, y no le importa sacrificar la subida de las pensiones de un millón y medio de catalanes, y de paso del Estado que tanto odia, si con eso presiona para su beneficio personal.

​Han tumbado el decreto, se han cargado el escudo social y han dejado en el aire el bono eléctrico y la rebaja del IVA. Todo por el "cuanto peor, mejor".

​Hoy, el patriotismo de unos y el soberanismo de otros es solo munición para sus cañones a costa de la nevera de los más vulnerables. No tienen vergüenza. En sus banderas no cabe la dignidad de los patriotas de verdad, los que cotizamos durante 50 años para construir esta patria que ellos hoy pisotean.

lunes, 26 de enero de 2026

Otra vez las pensiones.

El tablero político vuelve a estar revuelto. El PP ha anunciado que votará "no" al último decreto del Gobierno que incluye la revalorización de las pensiones.

Esta vez, la razón esgrimida: el rechazo a los "decretos ómnibus" para forzar el voto de la oposición. Pero, ¿es este un "no" a las formas o un "no" a los 10 millones de pensionistas que esperan su subida?

El Gobierno de Sánchez domina el arte del empaquetado legal, no le queda otra con el variopinto arco parlamentario. Sabe que si el PP tumba el decreto, el titular está escrito: "El PP castiga a los mayores". Es una táctica de presión agresiva que pone a la oposición ante un dilema ético: ¿Importan más los principios parlamentarios o el bolsillo del ciudadano? Para el pensionista que no llega a fin de mes, las quejas del PP sobre el "procedimiento legislativo" suenan a excusa lejana.

Para entender esa desconfianza de la calle, no hay mas que mirar atrás. El PP carga sobre sus espaldas aquella reforma de 2013. Bajo el Gobierno de Mariano Rajoy, se impuso un ridículo 0,25% de subida mínima, que en la práctica supuso una pérdida de poder adquisitivo de los mayores, en muchos casos, sostenedores de las familias de sus hijos durante años de inflación.

​En aquel entonces, la bandera era la "sostenibilidad" y la "responsabilidad fiscal". Sin embargo, la realidad fue una marea de jubilados en las calles reclamando dignidad. Resulta irónico que fuera el propio Rajoy, por necesidad política y dejando a un lado esos "principios" que ahora le llevan al no, quien aprobara sus últimos presupuestos con el PNV en 2018 y tuviera que claudicar y volver a la senda del IPC en las pensiones.

Hoy, el PP intenta proyectar una "cara social" renovada, hablando de conciliación y vivienda. Pero al votar en contra de una revalorización directa, corre el riesgo de reactivar ese viejo estigma. 10 millones de pensionistas son muchos votos, pero sobre todo son 10 millones de realidades económicas que no entienden de tácticas de ajedrez en el Congreso.

La pregunta que nos hacemos millones de pensionistas que votamos es clara: ¿Puede el PP permitirse el lujo de ser visto otra vez como el partido que pone trabas a las pensiones?

El Gobierno usa estrategias de supervivencia parlamentaria, es cierto; pero la oposición debe ponderar si su batalla contra las formas de Sánchez vale el riesgo de desconectar, quizás definitivamente, de una generación que ya sufrió el 0,25%.

​En política, como en la vida, a veces hay que elegir entre tener razón o ser útil. Y los abuelos de este país no comen de la "razón parlamentaria"


domingo, 25 de enero de 2026

​LA SALUD TENÍA UN PRECIO


​La noticia ha caído como una bomba en los cimientos de la gestión sanitaria, aunque para quienes observamos de cerca el modelo de colaboración público-privada, es solo la confirmación de una sospecha latente: cuando la salud entra en el mercado, el paciente se convierte en un estorbo para el beneficio económico.

​Una denuncia interna de directivos del Hospital de Torrejón ha puesto al descubierto las tripas del grupo Ribera Salud. Según correos y audios filtrados, la orden desde la cúpula era meridiana: rentabilidad por encima de la clínica.

​No hablamos de optimizar recursos, hablamos de prácticas que hielan la sangre:

  • Selección de pacientes: Priorizar cirugías sencillas y "rentables" mientras se postergan o derivan los casos complejos y costosos.
  • Reutilización extrema: Se denuncia el plan para reutilizar catéteres de un solo uso hasta en diez ocasiones. Un ahorro de céntimos a cambio de un riesgo incalculable de infección.
  • Triaje económico: Atender consultas para cumplir la estadística, pero evitar las cirugías que "no encajan" en el presupuesto.

​El modelo del PP en la Comunidad de Madrid se basa en un canon: la administración paga 581€ por habitante. Para una empresa con ánimo de lucro como Ribera Salud (propiedad del gigante francés Vivalto Santé), ese dinero no es un presupuesto para curar, es un margen de negocio.

​Si tu tratamiento cuesta más de esa cifra, ya no eres un paciente, eres un pasivo financiero. La solución no es curarte mejor, sino gastar menos en ti o derivarte a otros centros. Es la salud convertida en una mercancía de saldo.

​Lo más alarmante es la respuesta política. Ante pruebas de directivos admitiendo que se "atenderán consultas pero no se harán cirugías", la administración responde con auditorías que dicen que "todo está en orden".

​Esta situación guarda una relación directa con la deshumanización por protocolo que ya denunciamos en 7291: Juramentos falsos, muertes ciertas. En ambos casos, vemos cómo criterios de rentabilidad o "recuperabilidad" se imponen sobre el derecho a la vida.

​Este caso no es una anécdota, es el síntoma de una salud maltrecha por la ideología. Cuando se defiende que "la gestión privada es más eficiente", hay que preguntar: ¿eficiente para quién?

​Para el accionista, desde luego. Para el paciente que espera una operación que no llega porque "no es rentable", es una condena. La salud tenía un precio, y ya sabemos quién está pagando la factura con su propia integridad.

¿Es este el modelo de excelencia que nos prometieron o estamos ante el desmantelamiento ético de nuestra sanidad?

jueves, 22 de enero de 2026

King Trump

El Mundo de King Trump: De Groenlandia a la Isla de la Calavera. ¿Dónde está la Ley en 2026?

​En un 2026 donde la geopolítica ha mutado en "Trumpland", el orden internacional se desvanece y la soberanía de las naciones pende de un hilo. Inquietante visión de "El Rincón de Kurro".

​El 20 de enero de 2026 marca un aniversario: un año del segundo mandato de Donald Trump, pero también el inicio de una era que muchos analistas definen como un "regreso al pasado". Lo que en 2019 eran insinuaciones excéntricas, hoy son realidades geopolíticas que están redefiniendo el mapa mundial. Si el lema era "America First", el del 2026 es, sin duda, "América Única". Y en este nuevo tablero, las leyes parecen haber sido reemplazadas por la voluntad de un solo actor: "King Trump".

​La semana ha sido convulsa y ha cristalizado esta tesis. Desde la improbable amenaza de una invasión de Canadá por parte de EE. UU. hasta la presión sobre Dinamarca por Groenlandia, el escenario global se ha transformado en lo que algunos comparan con la "Isla de la Calavera": un territorio sin ley donde solo rige el poder del más fuerte.

​La CNN, en un análisis del 18 de enero, desvelaba el "verdadero motivo" detrás de la obsesión de Trump por Groenlandia. Más allá de una excentricidad, la isla es vista como el gran trofeo de su legado, un "Trumpland" particular que le permitiría controlar las vitales tierras raras y consolidar una posición militar estratégica en el Ártico. No es una compra, sino una conquista económica, donde se busca asfixiar a Dinamarca hasta que la venta sea la única opción viable.

​Este "despertar del gigante", como lo llama El Rincón de Kurro en su último post, ha dejado al descubierto la fragilidad de las alianzas tradicionales.

​Mientras Washington mira hacia el norte con otros ojos, Canadá se ha visto forzada a reaccionar. Por primera vez en más de un siglo, el ejército canadiense ha diseñado un modelo teórico para responder a esa hipotética invasión. Este acto, calificado como "altamente improbable" por Ottawa, es un síntoma de la profunda desconfianza generada.

​La metáfora de "El mico congelado", usada por Kurro el 16 de enero, cobra ahora un sentido profético: países como Canadá se sienten pequeños y paralizados ante la imprevisibilidad de un gigante que ha decidido reescribir las reglas.

​El impacto en Europa es igualmente devastador. La Unión Europea, acostumbrada a la diplomacia multilateral, se enfrenta ahora a una "trumpeconomía" que utiliza los aranceles como "artillería financiera". La propuesta francesa de activar el mecanismo de anticoerción de la UE, y la discusión sobre una defensa europea autónoma, son respuestas directas a una relación transatlántica herida.

​La pregunta que plantea Kurro en "Patriotismo o Vasallaje" resuena con fuerza: ¿están los líderes europeos defendiendo la soberanía de sus naciones o se han convertido en meros vasallos en la corte de King Trump? La crítica de Kurro hacia unos organismos internacionales que se han vuelto "estatuas de sal" ante la nueva realidad es incisiva.

​La visión de Kurro en "The Great America Again, Vol. I" es clara: Trump no mira al futuro, sino al siglo XIX. Un mundo de imperios, compras de territorios y esferas de influencia directa, sin la intermediación de una ONU que es ahora un "Consejo de Paz" a la medida de Washington.

​En este "Regreso al Futuro (o al Pasado)", la diplomacia tradicional ha cedido su lugar a la "paz por extorsión". El mundo de 2026, visto desde esta óptica, es una Isla de la Calavera donde la única ley es la del más fuerte, y donde el rugido de "King Trump" marca el compás de una nueva (y peligrosa) sinfonía global.