jueves, 26 de febrero de 2026

23-F: El silencio definitivo y el lodo de hoy


Parece un guion escrito por el destino. El mismo día en que el Estado decide, tras 45 años, levantar las alfombras de nuestra historia desclasificando 153 documentos, muere Antonio Tejero. Con él no solo se va el hombre del tricornio y el grito en el hemiciclo; se va, definitivamente, el último eslabón de un silencio pactado. Mañana, los archivos nos darán papeles, pero la muerte nos ha quitado la voz que podría explicarlos.

1. Fabricar el "ruido"

Al leer los manuscritos ahora liberados, uno entiende que el caos de aquel día no fue un accidente. Anotaciones como "¿Quiénes sembrarán bulos?" o "Calentar el ambiente" revelan que la desinformación fue un arma estratégica.

Es desolador ver cómo esa "rémora" sigue vigente. El "ruido" que hoy empaña nuestras instituciones, con políticos lanzando bulos desde la tribuna del Congreso —el mismo lugar que Tejero asaltó—, es el heredero directo de aquella táctica. Se busca la confusión para que el ciudadano, abrumado, deje de buscar la verdad.

2. El "Cromo"

Siempre sospechamos que el indulto a la cúpula del golpe fue un pago por servicios prestados: el silencio. Armada calló sobre la "Operación Mixta" (la de los políticos de salón) y Tejero calló sobre quiénes le engañaron para entrar en el Congreso. Hoy, ese silencio planea más que nunca sobre los legajos. El Estado nos entrega hoy el índice del libro, pero los protagonistas se han encargado de arrancar las páginas más comprometedoras antes de irse.

3. El mito de los "españoles de bien"

Los documentos revelan planes de atentado contra la Corona (Operación Hermes), rompiendo el mito de que todos los golpistas eran "monárquicos". Esto debería hacer reflexionar a esa derecha que hoy se apropia de la bandera y sataniza al resto tildándolos de "enemigos de la patria". Los verdaderos enemigos de la estabilidad fueron aquellos que, bajo el disfraz de la salvación nacional, estaban dispuestos a todo.


Nos lamentamos de ser una sociedad desinformada a pesar de la tecnología. Hoy tenemos los PDFs, pero ya no tenemos a quién preguntar. Hemos pasado de la era de La Clave, donde se buscaba la luz del debate, a una era de clips de 20 segundos y sombras permanentes.

Tejero muere el día que nacen sus archivos. Es la metáfora perfecta de nuestra democracia: llegamos a la verdad cuando ya nadie puede rendir cuentas. Ahora solo queda el ruido, y nuestra responsabilidad de no dejar que nos ensordezca.

La muerte de Tejero hoy se cruza con las transcripciones de sus llamadas familiares de aquella noche. En ellas, el eco de una traición percibida: la creencia de que el Rey estaba detrás y luego les dejó solos. ¿Fue un engaño de sus superiores para que apretara el gatillo? ¿Fue el bulo definitivo? Sea como sea, esa duda sembrada en el seno de la familia Tejero es la misma que hoy, en 2026, sigue dividiendo a un país que aún no sabe distinguir entre el relato de salvación y la cruda realidad de la traición.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Maniobras Orquestales (y salvajes) en la Oscuridad

Lo advertimos aquí primero! Como os comentaba hace apenas unos días en mi entrada "El karaoke de Génova: ¡Cállate niña!", en la sede central del PP no solo estaban eligiendo la lista de reproducción, sino que estaban deseando quitarle el micrófono a los solistas regionales para que nadie desafinara.

​Pero el 25 de febrero de 2026, la realidad ha dado un golpe de plato que ha dejado a todos sordos: El PP ha intentado domar a Vox y ha acabado arrodillado.

​El supuesto “reseteo” de las conversaciones, escenificado tras la llamada entre Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, saltó por los aires en menos de 24 horas. Génova presentó un documento marco con guiños evidentes a la ultraderecha en inmigración y políticas climáticas, esperando una transición suave. ¿La respuesta de Abascal? Acusarles de tratarles como “salvajes” por el simple hecho de mencionar el respeto a la ley y la unidad de España.

​La dirección popular finge sorpresa, pero la realidad es otra: cuando asumes el marco del adversario, te conviertes en rehén de su estrategia.

​En privado, los populares ya admiten lo inevitable: la primera investidura de María Guardiola apunta al fracaso, y Jorge Azcón en Aragón comprobará cómo su autonomía se diluye bajo el mando nacional.

​¿La excusa? La campaña en Castilla y León para el 15 de marzo. Según el PP, Abascal no puede rebajar el tono en plena contienda. Traducido al lenguaje de la calle: la estrategia electoral de Vox condiciona la gobernabilidad de dos comunidades autónomas. Incluso Miguel Tellado ha empezado a matizar el discurso, diciendo que “exigir no es un verbo que conjugue bien”. Es decir: negociar sin molestar, o lo que es lo mismo, ceder para no incomodar al socio necesario.

​El problema ya no es solo táctico, es político y estructural. Cada vez que el PP incorpora el discurso ultra para facilitar un acuerdo, el centro del debate se desplaza. No se modera a la extrema derecha gobernando con ella; se la fortalece.

​En esta lógica de "Maniobras Orquestales en la Oscuridad" (como los míticos OMD), quien pretendía dirigir la batuta ha terminado gestionando su propia humillación pública. Porque la lección es clara: cuando dependes de quien te desprecia, ya no negocias; simplemente obedeces.

​Hasta José María Aznar, derechonoico donde los haya y gran arquitecto de la unión de la derecha, ha tenido que saltar a la palestra. Su diagnóstico es demoledor: contra lo que algunos quieren creer, la derecha populista —es decir, Vox— no ha venido a compartir el escenario, ha venido a fagocitar al PP. Mientras Feijóo intenta "domar" al salvaje, el salvaje está afilando los cubiertos para merendarse las siglas populares desde dentro. En este karaoke político, el PP corre el riesgo de perder no solo el micro, sino el local entero. Porque, como parece confirmar Aznar, quien se acuesta con hambre de poder, corre el riesgo de despertarse siendo el menú del día.

¿Qué pensáis vosotros? ¿Es una rendición estratégica o el principio del fin para el PP tal como lo conocemos? ¡Os leo en los comentarios!

martes, 24 de febrero de 2026

Agente 006: Sin licencia para discrepar


​El carné número 006 de Vox no es solo un trozo de plástico; es la reliquia de un tiempo en el que el partido cabía en un taxi. Javier Ortega Smith, el hombre que nadó hasta Gibraltar y que se erigió en el "fiscal de la nación" durante el procés, ha sacado su identificación ante las cámaras como quien blinda un búnker. Pero en la nueva "Misión Imposible" de Santiago Abascal, la veteranía no es un grado, es una amenaza.

La sede de Bambú ha dictado sentencia: en el Vox de 2026 no hay espacio para "espías" con criterio propio. La resistencia de Ortega Smith en el Ayuntamiento de Madrid —donde se aferra a la portavocía contra viento y marea— no es solo una defensa de ideales, es el último suspiro de un fundador que se niega a ser enterrado políticamente. Lo irónico es que el mismo Ortega que durante años exigió lealtad ciega y disciplina de cuartel, hoy clama por la "democracia interna" y los estatutos.

La respuesta de Abascal ha sido quirúrgica y despiadada. Las noticias de las últimas horas no dejan lugar a dudas: la dirección nacional ha expulsado ya a los concejales leales a Ortega, dejándolos como "no adscritos" y dinamitando el grupo municipal en la capital. Prefieren la amputación a la disidencia; prefieren perder peso institucional en el Ayuntamiento antes que permitir un contrapoder que no baje la cabeza.

​Como bien ha señalado Ortega Smith en sus últimas declaraciones en la Cadena SER, acusa a Abascal de "torpedear" la labor municipal para priorizar el control del aparato. Es la guerra total: el líder contra el mito

Como en las mejores películas de espionaje, el agente que sabe demasiado y vuela demasiado alto termina siendo declarado "activo tóxico" por su propia agencia. Ortega Smith ha descubierto que, en los partidos de autor, el pasado se borra con un clic y el carné 006 no sirve para abrir puertas si el jefe ha cambiado la cerradura.

​Hoy, el "agente Ortega" se queda solo en la Plaza de la Villa. Tiene el carné, tiene los galones y tiene la historia, pero se ha quedado sin licencia para discrepar. En el cuartel general ya no contestan a sus señales: la orden es silencio, purga y reemplazo.

sábado, 21 de febrero de 2026

El Hilo Rojo

​Entre la Generosidad y el Abismo

​Existe un cansancio que no se cura durmiendo. Es el agotamiento del electorado progresista, una fatiga crónica nacida de asistir, legislatura tras legislatura, al espectáculo de una izquierda que parece más experta en la autopsia de sus propias siglas que en la arquitectura de un futuro compartido. Sin embargo, en el tablero político de este febrero de 2026, algo se mueve bajo el ruido de superficie. No es un estruendo, sino un murmullo de supervivencia: la intuición de que, o se anuda de nuevo el "hilo rojo", o nos despeñamos todos por el abismo del cinismo.

​La reciente puesta de largo de la nueva estructura de Sumar, con Izquierda Unida, los Comuns y Más Madrid tomando el timón, marca un punto de inflexión simbólico. Es curioso que la ausencia de Yolanda Díaz sea, precisamente, el síntoma de salud que el proyecto necesitaba. Los hiper-liderazgos, tan magnéticos como abrasadores, suelen dejar tras de sí un desierto de cuadros políticos y una militancia que solo sabe mirar hacia arriba. Hoy, el paso a un modelo coral, federal y —permítanme el optimismo— maduro, sugiere que la izquierda ha entendido que la fe en una sola persona es el camino más corto hacia la decepción.

​Pero este "hilo rojo" no solo cose territorios y partidos estatales. Cruza fronteras que el nacionalismo más rancio querría blindadas. Es aquí donde emerge la figura de Gabriel Rufián, ejerciendo una altura de miras que contrasta con el perfil de agitador de otros tiempos. Rufián ha comprendido la geometría de la supervivencia cruzada: si el proyecto progresista en Madrid se hunde, Cataluña no regresa a una Arcadia idílica, sino a un ciclo oscuro. Un ciclo donde la política del diálogo es sustituida por el monólogo de los extremos, donde el conflicto se vuelve el único lenguaje y donde la utilidad del voto independentista de izquierdas se disuelve en la nada.

​¿Y el PSOE? Los socialistas observan este movimiento con la ambivalencia del que necesita un socio fuerte para gobernar, pero teme a un competidor serio que le dispute el alma. A Ferraz le asusta la fragmentación porque la Ley D’Hondt no tiene piedad, pero también le incomoda una izquierda cohesionada que le obligue a salir de su zona de confort en temas como la vivienda o la fiscalidad. Si este nuevo motor progresista logra arrancar, el PSOE se verá forzado a elegir entre ser un partido de orden o ser, realmente, el motor de transformación que prometió.

​La clave de bóveda de todo este edificio es la generosidad política. Una palabra que en los pasillos del Congreso suena a utopía, pero que hoy es puro realismo. Generosidad para no tirarse los trastos a la cabeza ante la primera discrepancia; generosidad para dejar de mirarse el ombligo orgánico y empezar a mirar las facturas de la gente; y generosidad para ajustar el debate a lo esencial.

​Si la izquierda logra domesticar sus egos y entender que su supervivencia está encadenada a la del vecino, el hilo rojo resistirá la tensión. No se trata ya de ganar una batalla de relatos, sino de evitar que el agotamiento se convierta en rendición. Porque cuando la esperanza se cansa, lo que viene después no es el vacío, sino la oscuridad de quienes solo saben construir muros.



miércoles, 18 de febrero de 2026

Metrópolis 2.0

El Silencio de los Algoritmos contra la Democracia

​A veces, la realidad no imita al arte; simplemente lo actualiza con fibra óptica y silicio. Si Fritz Lang levantara la cabeza, no necesitaría rodar de nuevo su obra maestra, Metrópolis. Le bastaría con observar cómo un puñado de magnates tecnológicos, desde sus atalayas digitales, pretenden dictar el destino de las naciones como si fueran los nuevos dueños de una ciudad global que ya no se divide por barrios, sino por píxeles.

​Recientemente, hemos asistido a un movimiento que, por inusual en el tablero geopolítico actual, resulta de una intrepidez asombrosa. Pedro Sánchez ha decidido que el "Salvaje Oeste Digital" ha tenido demasiada barra libre y ha pedido a la Fiscalía que investigue a X, Meta y TikTok.

​No estamos ante invasiones territoriales, anexiones geográficas o golpes de Estado de bayoneta y tanque. Ante esas agresiones físicas, el instinto de supervivencia nos permitiría, al menos, intentar la defensa; sabríamos contra qué disparar o dónde levantar la trinchera.

​Lo que denunciamos aquí es una agresión de guante blanco y código binario. Es un envenenamiento silencioso que entra por la retina y se aloja en el sistema nervioso de la sociedad. Al no haber estruendo, no hay alerta. La soberanía se nos escapa entre los dedos mientras hacemos scroll, y cuando queremos darnos cuenta, el algoritmo ya ha decidido por nosotros quién es el enemigo, qué es la verdad y hacia dónde debe caminar nuestra democracia.

​Sin embargo, seamos realistas: no estamos cerca de un punto de ebullición social. A diferencia de las tiranías del pasado, los señores del algoritmo han perfeccionado el arma definitiva: la gratificación instantánea. Es difícil rebelarse contra una estructura que, mientras te quita soberanía, te regala dopamina.

​El envenenamiento es ya tan profundo que ha convertido la ansiedad y la polarización en nuestra "nueva normalidad". La dependencia es estructural: hoy, desconectarse de las Big Tech se percibe casi como un suicidio civil. Por eso, el ataque personal de figuras como Elon Musk o el dueño de Telegram contra líderes electos es tan eficaz; saben que poseen el megáfono y que la sociedad está demasiado anestesiada por el entretenimiento como para percibir la gravedad del insulto a su propia soberanía.

​Sánchez ha decidido que España sea el laboratorio de una resistencia necesaria, una apuesta por la soberanía humana frente a la dictadura del engagement. Pero la pregunta que flota en el aire, tras el eco de noticias en medios como el New York Times, es si este paso valiente será seguido por otros o si quedará como un quijotesco intento de frenar molinos digitales.

​La historia nos enseña que las libertades se pierden poco a poco, pero se recuperan de golpe. El problema es que para recuperarlas "de golpe" hace falta un despertar colectivo que el algoritmo se encarga de desactivar cada mañana. Quizás no estamos ante una revolución inminente, pero al menos alguien ha tenido la osadía de encender la luz en una habitación donde nos estaban robando a oscuras.

​¿Bastará con esto para que el veneno deje de circular? Probablemente no, pero el silencio ya se ha roto.

Para profundizar en este debate, no te pierdas estos posts anteriores:

El Karaoke de Génova: "Cállate, niña"


​Hay interpretaciones que merecen un Grammy al oportunismo. Lo de María Guardiola en Extremadura no es un simple cambio de opinión; es una metamorfosis musical en toda regla que nos deja a todos con el oído pitando por los "gallos" de su nueva afinación política.

​Pasamos de aquella solista, rebelde y empoderada, que en 2023 desafiaba al respetable al grito de: “¡No dejaré entrar en mi Gobierno a quienes niegan la violencia machista!”, a la corista de 2026 que hoy, con sumisa disciplina, nos deleita asintiendo al "feminismo" de Vox.

​Parece que en la séptima planta de Génova 13 han instalado un karaoke de urgencia. Allí, entre bambalinas, el director de orquesta le ha recordado que en política, cuando los principios estorban a la aritmética, lo mejor es bajar el tono, cuadrarse y seguir la partitura.

​Así suena la última versión del éxito de Cecilia, adaptada al "sentidiño" extremeño:

​🎤 La Parodia: "Cállate, María"

Estrofa 1: El arranque de rebeldía (2023)

"Dijiste en la prensa, con mucha altivez,

que a Vox ni de lejos, que no esta vez.

Que el machismo es grave, que hay que proteger

lo que tanto tiempo costó defender.

Pero en Madrid alguien se echó a reír:

'No te pongas brava, que hay que decidir'..."


El Estribillo (Paternalismo de Estado)

"Cállate niña, no llores más,

tú sabes que el mundo es así.

Cállate niña, no llores más,

que el pacto lo firmo por ti."


Estrofa 3: El efecto dominó

"Mira hacia el Ebro, mira hacia Aragón,

allí tampoco quieren otra decepción.

No podemos llevar la contraria a Abascal,

que se enfada el socio y nos sale todo mal.

Si en Zaragoza ya han bajado el listón,

en Mérida toca tragar la ración..."


Estrofa 2: La sumisión del presente (Febrero de 2026)

"Ahora en febrero, qué dócil te veo,

el feminismo de Vox ya no es tan feo.

Aquellas verdades de tu indignación

se han vuelto murmullos en tu habitación.

Ya no hay líneas rojas, ni orgullo, ni voz,

cantas la balada que te marca Vox..."


​Epílogo: Licor de bellotas y "Flema Plusultra"

​Cuentan que, tras la actuación y los pitidos del público por tanto desafine, el director gallego apagó el monitor del karaoke, se sirvió un licor de bellotas y, con esa mirada que no se sabe si sube o baja la escalera, sentenció:

​— "Venga, María, tómate un chupito de esto y pasemos a otra cosa. Que yo lo que quiero, lo que tengo que ser, es Presidente del Gobierno. Fíjate en mí, que he evolucionado de mi flema gallega a esta transformación 'plusultra'. Al final, el poder bien vale una canción... aunque la letra dé un poco de grima y los gallos se oigan hasta en el Alentejo".

​Reflexión final

​Lo malo de las canciones protesta es que, con la necesidad de coche oficial, se convierten en hilo musical de ascensor. Guardiola ha descubierto que sus principios eran como los de Groucho Marx: si al director del karaoke no le gustaban, ella traía otros en la maleta.

​Al final, en Extremadura, la música la pone Abascal, la letra la dicta Génova y Guardiola... Guardiola solo mueve los labios.

martes, 17 de febrero de 2026

​Si yo te digo ven, ... lo dejas todo


Por Kurro

​Últimamente, asomarse a la actualidad política es como entrar en un bucle donde el sentido común ha pedido la baja por estrés. La última noticia nos llega desde la Plaza de la Marina Española: el Partido Popular, valiéndose de su mayoría absoluta en el Senado, ha decidido abrir una vía ante el Tribunal Constitucional contra Pedro Sánchez. ¿El motivo? La supuesta falta de respeto del Ejecutivo a la labor de control de la Cámara Alta.

​El título de este artículo podría parecer el inicio de una balada romántica, pero en la política española actual suena más a una orden de comparecencia judicial. "Si yo te digo ven, lo dejas todo" parece ser el mantra de un Senado que, convertido en el principal bastión de la oposición, reclama su derecho a fiscalizar hasta el último suspiro del Gobierno. Y el Gobierno, por su parte, responde con el silencio o la ausencia, cansado de lo que consideran una "bronca" programada y poco productiva.

​Como siempre ocurre en estas lides, la ley tiene una letra y un espíritu. La letra dice que el Senado tiene el derecho y el deber de controlar al Gobierno. Pero el espíritu de la ley —ese que debería velar por la convivencia y la operatividad del Estado— ha sido sustituido por la táctica de trinchera.

​Desde el punto de vista conductual, la situación es agotadora:

  • ​Se convocan comisiones que parecen más un interrogatorio de película que un debate parlamentario.
  • ​Se piden comparecencias no para obtener información, sino para generar el "corte" de vídeo que alimente las redes sociales.
  • ​Se utiliza la Mesa del Senado para retorcer reglamentos y bloquear leyes que ya han pasado por el Congreso.

​Todo este ruido nos confirma una sospecha que muchos compartimos: la Transición del 78 está agotada. El traje institucional que nos dimos hace casi medio siglo ya no nos queda bien; nos aprieta en las costuras y, a fuerza de tirones partidistas, ha empezado a romperse.

​El problema no es solo que el PP use el Senado como un martillo, ni que el Gobierno lo trate como un estorbo. El problema es de calidad democrática. Hemos permitido que el interés partidista —el "mío" contra el "tuyo"— se sitúe sistemáticamente por encima del interés general. Y cuando el sentido de Estado desaparece, solo quedan los jueces para poner orden en una arena que, por definición, debería ser política.

​Si las instituciones se convierten en armas arrojadizas, terminan perdiendo su utilidad. Un Senado que solo sirve para la bronca y un Gobierno que se refugia en la opacidad para evitarla son las dos caras de una misma moneda: la de la parálisis.

​Quizás sea hora de dejar de poner parches y admitir que necesitamos una reforma constitucional que clarifique las reglas del juego antes de que terminemos de romper el tablero. Porque si seguimos así, al final, cuando el sistema nos diga "ven", no quedará nada que dejar, porque lo habremos gastado todo en una pelea que no beneficia a nadie.


lunes, 16 de febrero de 2026

La soledad de la cordura


​En este febrero de 2026, el presidente Pedro Sánchez ha vuelto a marcar un hito en la esfera internacional que deja al descubierto las vergüenzas de la vieja política. Al decir "no" al rearme nuclear en la Conferencia de Múnich, España no solo ha rechazado una carrera armamentística suicida; ha señalado directamente la incapacidad de una parte de la clase política para proteger la vida en nuestra "aldea sideral".

​No es una exageración retórica decir de la capacidad de nuestra especie para destruir 60 veces el mañana. Con 13.000 ojivas en el mundo —el 90% en manos de perfiles tan inestables como los de Putin y Trump—, la humanidad tiene hoy capacidad para aniquilar la biosfera entre 15 y 100 veces. Multiplicar este potencial destructivo no es estrategia, es una estulticia terminal. Es la prueba de que el miedo ha anulado la inteligencia: ¿qué sentido tiene acumular armas para borrar sesenta veces un mundo que solo tenemos una vez?

​Aquí es donde el análisis se vuelve más crudo. Esa misma derecha plusultra que hoy tacha a Sánchez de "ingenuo" por defender el desarme, es la que sistemáticamente vota en contra de las medidas para frenar el cambio climático. El negacionismo es otra es otra forma de acabar con nosotros mismos.

​Para ellos, la destrucción parece ser el único lenguaje. Mientras Sánchez aboga por un "rearme moral" y diplomático, la oposición sigue anclada en un doble negacionismo:

  1. Negacionismo militar: Creen que la seguridad se compra con más ojivas, ignorando que cada nuevo misil nos acerca al error de cálculo final.
  2. Negacionismo climático: Frenan el Pacto Verde y desprecian los objetivos de emisiones para 2040, acelerando la destrucción sutil —pero cada vez más evidente— de nuestro ecosistema.

​Es una ironía trágica: están dispuestos a gastar miles de millones en armas para defender una tierra que, simultáneamente, están dejando morir al boicotear las leyes ambientales. Como siempre, van a lo suyo: al negocio de la industria de defensa y al cortoplacismo de los combustibles fósiles, despreciando la perspectiva humana más elemental.

​Sánchez ha puesto el dedo en la llaga: ¿es nuestra sociedad lo suficientemente madura para confiarle el "botón rojo" a líderes que ni siquiera creen en la ciencia del clima? Confiar el destino del planeta a quienes se dejan conducir por el corazón (o el hígado) y no por la razón es un riesgo que España no está dispuesta a correr.

​Con su postura en Múnich, Sánchez ha posicionado a España como un faro de sensatez. Frente a una derecha que prefiere el rugido del cañón y el humo de las chimeneas, surge una visión que entiende que este es el único mundo que tenemos.

​La paz no es la ausencia de guerra, sino la presencia de la razón para impedir que nuestra aldea sideral desaparezca, ya sea por una explosión atómica o por el colapso silencioso de su atmósfera. Hoy, el hito de Sánchez es recordarnos que, para salvar el futuro, primero hay que tener la madurez de dejar de fabricar su fin.

domingo, 15 de febrero de 2026

QUIENES SE ACUESTAN EN EL MISMO COLCHÓN...


​Dicen que el roce hace el cariño, pero en la política española de este febrero de 2026, el roce lo que está haciendo es saltar chispas de pura necesidad. Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal han decidido volver a compartir habitación, cama y estrategia, configurando lo que ya podemos bautizar sin miedo como la Derecha Plus Ultra: una alianza que va "más allá" de los principios de cada uno para rendirse a los pies del pragmatismo más crudo.

​A estas alturas, nadie se cree que el líder del PP y el de Vox se profesen admiración mutua. Lo suyo no es una historia de amor romántico; es lujuria política en estado puro. Es el deseo irrefrenable de ocupar despachos, aunque para ello, si acaso, tengan que taparse la nariz al compartir almohada.

​Lo estamos viendo este mismo fin de semana. Tras el subidón de Vox en las elecciones de Aragón (donde han duplicado escaños hasta los 14), Abascal ya no pide paso, da portazos. Los equipos de ambos líderes han intensificado los contactos para evitar el ridículo del bloqueo, intercambiando mensajes que arden mientras fingen ante la prensa que "las condiciones las ponen ellos".

​Mientras el país celebra el amor, en las sedes el ambiente es de guerra fría. Feijóo exige "responsabilidad" para no ser un "muro", pero la realidad es otra: Génova ya ha dado orden de tragar con lo que sea (vicepresidencias o consejerías con presupuesto) porque prefieren perder identidad si la suma les permite tocar poder. Es la rendición total ante la aritmética.

​Esta nueva etapa presenta rasgos que deberían hacernos reflexionar:

  • La normalización del mercadeo: Ya no hay líneas rojas, solo hay líneas de crédito político.
  • El chantaje como preliminar: En Extremadura, el juego de ver quién pestañea primero antes de que se apaguen las luces electorales es constante.
  • El colchón de la supervivencia: Para Feijóo, Vox es el mal necesario; para Abascal, el PP es el vehículo obligatorio. Se acuestan juntos porque fuera de esa cama hace un frío siberiano.

​Conclusión: El fin de la condición

​El refrán dice que "quienes se acuestan en el mismo colchón, se vuelven de la misma condición". Y aquí está la clave: el PP de Feijóo se está "voxificando" a marchas forzadas para que no le roben la cartera, mientras Vox se "institucionaliza" para que no le llamen antisistema.

​Al final, la Derecha Plus Ultra no es más que un matrimonio de conveniencia donde el amor brilla por su ausencia, pero la ambición sobra. Se acostarán, sí, pero duermen con un ojo abierto, porque en esta cama los puñales se guardan debajo de la sábana.


sábado, 14 de febrero de 2026

¡Libertad al Carajo, estúpidos!


​Lo que hace unos años parecía un delirio televisivo, hoy es un boletín oficial en Argentina. Bajo el eslogan de la "libertad", este febrero de 2026 se ha consumado una reforma laboral que no es más que una máquina del tiempo hacia el siglo XIX. Pero lo más inquietante no es solo lo que ocurre en el Cono Sur, sino cómo desde ciertos sectores políticos en España se le "hace la ola" a un modelo que escupe sobre un siglo de conquistas sociales.

Hay que recordar que los derechos no fueron regalos. La jornada de 8 horas se escribió con la sangre de los Mártires de Chicago en 1886 y se selló en España tras la histórica huelga de La Canadiense en 1919. Hombres y mujeres murieron en las calles para que hoy podamos trabajar para vivir, y no vivir para trabajar. Al legalizar jornadas de 12 horas diarias, se está profanando esa tumba histórica. Quienes hoy aplauden esto desde la derecha plus-ultra están diciendo, básicamente, que el sacrificio de nuestros abuelos no valió de nada.

​La imagen de la motosierra no es una exageración; es la realidad triturando el Estatuto de los Trabajadores:

  • Despido a la carta: Con el "Fondo de Cese", el trabajador se financia su propia salida. Despedir ya no tiene coste para la empresa.
  • Indefensión por enfermedad: Estar enfermo se convierte en un lujo; el salario se reduce al 50% en bajas comunes.
  • Vacaciones y Sindicatos: Como vemos en la imagen, son los primeros pedazos en saltar por los aires. Sin organización colectiva, el trabajador queda solo frente al gigante.

​¿Qué modelo quieres tú?


Concepto

Argentina (Modelo Milei)

España (Protección Social)

Jornada Laboral

Hasta 12 horas diarias.

37,5 horas (en debate).

Horas Extras

No se pagan (Banco de horas).

Pago obligatorio con recargo.

Despido

Sin coste (Fondo de Cese).

Indemización por antigüedad.

Huelga

Mínimos del 75% (Bloqueada).

Derecho constitucional.


​El "¡Viva la libertad, carajo!" es una libertad unidireccional. Es la libertad del lobo en el gallinero. La libertad de la empresa para exprimir tu vida es tu falta de libertad para ver a tu familia.

​Desde El Rincón de Kurro lo tenemos claro: no es modernidad, es regresión. No es libertad, es precariedad. Y quienes desde España aplauden este incendio, deberían explicar por qué prefieren la ley de la selva a la dignidad del trabajador.