lunes, 30 de marzo de 2026

​Un lujo de sanidad no es una sanidad de lujo.


​El próximo 17 de mayo, Andalucía se juega algo más que un reparto de escaños. Se juega el modelo de supervivencia de su bien más preciado. El adelanto electoral anunciado por la Junta nos sitúa ante un espejo incómodo: mientras los eslóganes hablan de una "Andalucía líder", los pasillos de los hospitales y las agendas de los centros de salud cuentan una historia de abandono programado.

​Es hora de llamar a las cosas por su nombre: nos están intentando convencer de que tener una sanidad que funcione es un lujo, cuando en realidad lo que están construyendo es una sanidad para el lujo.

​1. La radiografía de una "Locomotora" gripada

​Los datos del informe de Público y los indicadores de marzo de 2026 son demoledores. No son solo números; son personas esperando una llamada que no llega.

  • El récord de la espera: A las puertas de las elecciones, hay 55.000 andaluces más esperando una cirugía que en 2018. La "gestión del cambio" ha resultado ser la gestión de la demora.
  • Atención Primaria en la UVI: Con una espera media de 11,16 días para ver al médico de cabecera, Andalucía ostenta el triste título de ser la comunidad donde más difícil es acceder a la puerta de entrada del sistema.
  • Suspenso ciudadano: Según el último Barómetro Sanitario (marzo 2026), solo el 38,8% de los andaluces aprueba el funcionamiento del sistema. Somos la región que peor valora su propia sanidad en toda España.

​2. El "Copago Silencioso": La trampa del 17 de mayo

​Este es el punto donde el votante inerte debe despertar. El deterioro de la pública no es fruto de la mala suerte, sino el abono de la privada.

​En Andalucía, el 25% de la población ya paga un seguro privado. Esto no es una elección estética; es un impuesto revolucionario silencioso. Si pagas tus impuestos para tener sanidad, pero luego tienes que pagar 60€ al mes a una aseguradora porque tu centro de salud está colapsado, estás pagando dos veces por el mismo derecho.

"Un lujo de sanidad no es una sanidad de lujo. Una sanidad de lujo es la que pagas con tarjeta de crédito para saltarte la cola. Un lujo de sanidad es la que te salvaba la vida sin preguntar por tu cuenta corriente, y esa es la que están desmantelando."


​3. La perspectiva del abandono: ¿Por qué no reacciona el voto?

​Como hemos analizado otras veces en este blog, existe una "anestesia electoral". El votante que puede permitirse el seguro privado tiende a desentenderse del colapso de la pública. Se rompe la cohesión social:

  • La sanidad de beneficencia: El riesgo real es que la pública quede solo para quien no pueda pagar otra cosa, convirtiéndose en un servicio precario para ciudadanos de segunda.
  • El relato del ruido: Se utiliza la confrontación con el Gobierno central como cortina de humo para no explicar por qué, con presupuestos récord, las listas de espera siguen creciendo.

​4. Conclusión: La receta está en la urna

​El 17 de mayo no es solo una cita política; es una cita médica para el sistema. El votante inerte debe entender que su silencio es el permiso que la administración necesita para seguir derivando millones a la privada mientras la Atención Primaria se desangra.

​Andalucía no necesita más promesas de "locomotoras" que no llegan a su hora. Necesita una sanidad que no sea un artículo de lujo, sino la base de nuestra dignidad como pueblo.

Fuentes para el debate:

La peor cuña del socialismo


​En política, suele decirse que "no hay peor cuña que la de la misma madera". Esta máxima cobra hoy más vigencia que nunca al analizar la deriva de Felipe González. El hombre que transformó la España de los 80 parece haberse convertido en el azote más constante del actual Gobierno de coalición, pero ¿qué hay detrás de sus críticas?

​El relato del expresidente ha pasado de las chaquetas de pana a una realidad económica mucho más sofisticada. Según investigaciones recientes, su influencia no es solo política, sino profundamente empresarial. A través de su sociedad Iago Consultoría de Inversiones, González ha consolidado un patrimonio millonario que lo sitúa en una esfera muy alejada de las bases que un día lo encumbraron.

  • Intereses estratégicos: Su papel como asesor en sectores críticos (energía e infraestructuras) plantea la duda de si sus opiniones actuales responden a una ideología o a intereses corporativos.
  • Vínculos mediáticos: Resulta llamativo su rol como accionista en medios como la COPE, espacios tradicionalmente críticos con el socialismo que él mismo lideró.

​Para muchos analistas, lo que estamos viendo es una metamorfosis ideológica. El artículo de El Plural detalla cómo el expresidente factura millones de euros a través de estructuras que poco tienen que ver con la redistribución de la riqueza que predicaba el PSOE de Suresnes.

​"La autoridad de González es hoy el arma más eficaz de la derecha para deslegitimar las políticas progresistas desde dentro."

​El debate no es si un expresidente tiene derecho a opinar (evidentemente, lo tiene), sino desde dónde lo hace. Cuando la "misma madera" se utiliza para frenar el avance de su propio partido, cabe preguntarse si González sigue siendo un referente del socialismo o si se ha convertido definitivamente en un actor del 'establishment' que protege, ante todo, su propio estatus.

jueves, 26 de marzo de 2026

"No a la guerra" de 2026: Cuando el escudo social importa más que el puro de Bush


Por: El Rincón de Kurro

​Parece que la historia tiene un sentido del humor bastante negro. Aquí estamos otra vez, en pleno 2026, escuchando tambores de guerra en Oriente Próximo y viendo cómo los fantasmas de 2003 asoman la cabeza por el Congreso de los Diputados. Pero, aunque la música suene parecida, la letra ha cambiado por completo, y como ciudadano de a pie, conviene detenerse a mirar el porqué.

​La gran diferencia entre aquel 2003 y este 2026 no es solo quién se sienta en el sillón de la Moncloa. En tiempos de Aznar, mandaba una derecha de mayoría absoluta que, en un alarde de soberbia, nos metió en un conflicto basado en mentiras solo por salir en una foto y fumarse un puro con los poderosos. En aquel entonces, la protección social ni estaba ni se la esperaba; éramos peones en un tablero de ajedrez gigante.

​Hoy, la situación es otra. Tenemos un Gobierno de izquierda que, con todas sus dificultades y equilibrios, ha plantado un "No" rotundo a repetir errores del pasado. Pero lo que realmente marca la diferencia para el español normal —el que no es ni "de bien" ni "de mal", sino el que lucha cada día con el despertador— es que ahora hay un escudo social.

​Mientras las bombas caen lejos, aquí se habla de subir el SMI, de blindar las pensiones y de controlar los precios de la energía. Son medidas de las más potentes de Europa. Es la diferencia entre que te arrastren a una guerra sin preguntarte y que te intenten proteger de las esquirlas económicas que esa guerra suelta.

​Sin embargo, en esta reflexión falta algo. Como ciudadano que prefiere la paz, uno echa de menos una oposición leal. Es triste ver a un líder como Feijóo sin criterio propio, moviéndose según le aprieta el zapato por dentro de su partido o según le sopla Vox en la nuca.

​En momentos así, España necesitaría una oposición comprometida con la ciudadanía y no con su propia supervivencia electoral. Una derecha que supiera ser alternativa sin dejar de ser leal al país cuando las cosas se ponen feas ahí fuera. En lugar de eso, tenemos contradicciones y una "endeblez" que, sinceramente, nos deja un poco huérfanos a los que solo queremos soluciones.

​Al final, uno prefiere la situación actual. Prefiero un Gobierno que se equivoque intentando protegerme a uno que me use como moneda de cambio para su prestigio internacional. Soy un ciudadano de paz y, viendo el espejo de 2003, tengo claro que prefiero que el dinero se gaste en proteger a los españoles que en alimentar conflictos que ya sabemos cómo terminan.

Ojalá algún día la política esté a la altura de la gente normal.

​#ElRincónDeKurro #NoALaGuerra #PolíticaReal #EscudoSocial #España2026



martes, 24 de marzo de 2026

​Dos majaras y un cóctel molotov: Así se incendia el mundo.



​Sabemos cómo empiezan las guerras, pero nadie tiene el mapa de cómo terminan. Lo que estamos viviendo este marzo de 2026 no es un conflicto diplomático más; es el resultado de dejar que el destino del orbe lo decidan dos egos desmedidos que parecen haber perdido el contacto con la realidad terrestre. Por un lado, un Donald Trump que gestiona la geopolítica como si fuera un reality show de casino, y por el otro, un Benjamín Netanyahu que, en su huida hacia adelante, parece empeñado en incendiar Oriente Medio para salvar su propio pellejo político.

​Lo que estos dos "majaras" no parecen entender —o peor aún, les da igual— es que el mundo no es un tablero de plástico, sino una red de vasos comunicantes. Están jugando con cerillas en una gasolinera mundial y la mecha del cóctel molotov ya está encendida.

​Es el colmo del cinismo. Trump nos señala con el dedo y nos llama "aliados de bajo coste" porque el Gobierno español se ha plantado. España se ha negado —con toda la razón y conforme a la ley— a autorizar que nuestras bases sean utilizadas como lanzaderas para ataques ofensivos en este conflicto. Al ver que no puede saltarse nuestra soberanía a su antojo para bombardear a discreción, el "majara" de la Casa Blanca nos amenaza con llevarse los juguetes a otro patio.

​Nos quiere castigar por no querer ser cómplices directos de un incendio que él mismo y Netanyahu han provocado. Pero la ironía es sangrienta: mientras nos presiona, sus decisiones militares en la zona ya han provocado que Irán bloquee el Estrecho de Ormuz. El resultado es una realidad vulgar y dolorosa para nosotros: nuestro campo se asfixia porque sin el gas del Golfo no hay fertilizantes, y nuestra pesca y transporte se paran porque el precio del gasóleo es ya una sentencia de muerte comercial.


Ante el matonismo de unos y la temeridad de otros, surge una pregunta necesaria: ¿Hasta cuándo vamos a ser rehenes de los humores de Washington? Quizás la verdadera salida a este callejón no sea rogarle a Trump que se quede, sino proponer un cambio de paradigma: que Rota y Morón dejen de ser bases americanas "prestadas" para convertirse en bases de la OTAN bajo mando y financiación europea.

​Transformar estas bases en pilares de la Defensa Europea nos daría la soberanía que hoy nos quieren arrebatar. Rota pasaría de ser un portaaviones a merced de un tweet presidencial a ser el escudo real de una Europa que debe aprender a defenderse sola, protegiendo sus propias rutas de suministro sin tener que pedir permiso a nadie ni esperar a ver qué decide el siguiente iluminado de turno.

​Estamos en la antesala de un conflicto de dimensiones épicas donde la lógica ha sido sustituida por el mesianismo y el mercadeo. No podemos seguir siendo los espectadores pasivos de una película dirigida por locos que juegan con fuego en nuestra propia costa.

​Es hora de que Europa despierte y de que el sentido común vuelva a los despachos antes de que el bolsillo de los mortales no aguante más. Porque mientras ellos juegan a ser dioses de la guerra con su cóctel molotov, aquí abajo solo queremos que el jornal alcance para la nevera y que el mundo deje de arder por la soberbia de unos pocos.


Enemigos Íntimos


​​En El Rincón de Kurro llevamos tiempo analizando la "vuelta a la tortilla" de 2022, pero los sondeos de este mes de marzo de 2026 nos dejan una foto fija inquietante: Andalucía parece haber aceptado una sanidad de dos velocidades como el "nuevo orden natural".

​Lo que estamos viviendo este marzo no es falta de presupuesto, es una estrategia de goteo. Se asfixia el sistema público —listas de espera infinitas, centros de salud bajo mínimos— para que el ciudadano, desesperado, acepte como "única salida" la derivación a la clínica privada.

​Los datos de la encuesta de El Periódico son demoledores: el 70% de los andaluces califica la situación sanitaria como "mala o muy mala". Sin embargo, el dinero sigue fluyendo hacia los hospitales privados mediante contratos "a dedo". Es el "Azarías" del siglo XXI: un ciudadano que espera pacientemente mientras los recursos que deberían curarle en lo público terminan engordando los beneficios de las aseguradoras.

​Aquí viene el verdadero giro de guion. ¿Cómo es posible que con ese descontento sanitario el PP siga rozando la mayoría absoluta? Según el sondeo, Juanma Moreno obtendría entre 56 y 59 escaños (la absoluta está en 55).

​La respuesta no está solo en la gestión, sino en la incapacidad aritmética de la izquierda. Mientras el bloque de derechas es monolítico, la izquierda andaluza sigue perdida en su laberinto de "enemigos íntimos":

  • El PSOE de María Jesús Montero: No logra el vuelco esperado y se estanca en los 30-32 escaños, lastrado por el desgaste de la marca nacional.
  • La izquierda fragmentada: Por Andalucía y Adelante Andalucía siguen dándose la espalda. Al ir por separado, miles de votos progresistas en provincias como Cádiz o Huelva se irán directamente a la basura por la Ley D'Hondt.

​La unidad técnica que algunos plantean como tabla de salvación es hoy una quimera. Al presentar tres o cuatro papeletas, la izquierda le regala los escaños "de resto" al PP y a Vox. Es puro realismo matemático: la división de la izquierda es el mejor respirador artificial para la mayoría absoluta de la derecha.

​Andalucía ya no tiene miedo al "señorito", pero está empezando a sufrir las consecuencias de un modelo que favorece al que puede pagárselo. Si el PSOE y sus socios no logran superar sus rencillas antes de que se abran las urnas, este 2026 no será un examen para el PP, sino la consolidación definitiva de un diseño de privatización que ya no tiene vuelta atrás.

¿Qué pesa más en vuestro ánimo? ¿El cabreo por la Sanidad que revela la encuesta o la desilusión ante una izquierda que no sabe sumar?

viernes, 20 de marzo de 2026

El extraño caso del "fachapobre"

Crónica de la Fauna Ibérica: El extraño caso del "Fachapobre"

​En las últimas décadas, el ecosistema político español ha sufrido mutaciones que ni el mismísimo Rodríguez de la Fuente habría podido predecir. Entre el ruido de las redes sociales y el aire enrarecido de las tertulias matinales, ha emergido una especie fascinante por su capacidad de contradicción: el Fachapobre (Homo Precarius Patrioticus).

​Este ejemplar, lejos de estar en peligro de extinción, se reproduce a una velocidad pasmosa en polígonos industriales, barrios de periferia y grupos de WhatsApp familiares.

​Lo que hace único al fachapobre no es su ideología, sino el abismo que separa su cuenta bancaria de sus aspiraciones políticas. Se caracteriza por una fisionomía social curiosa: suele llevar el uniforme del "aspirante" (alguna pulserita con bandera, quizás un polo de marca de imitación), pero su hábitat natural sigue siendo el piso de 50 metros cuadrados y el madrugón para fichar.

​Su dieta se basa exclusivamente en titulares de tres líneas y vídeos de 15 segundos donde alguien con traje le explica que su enemigo no es el fondo buitre que le ha subido el alquiler, sino el vecino del cuarto que cobra una ayuda mínima.

​Para identificar a un ejemplar en libertad, solo hay que observar sus reacciones ante ciertos estímulos:

  1. El Síndrome del Inversor Imaginario: Defiende con uñas y dientes la bajada de impuestos a las grandes fortunas y la eliminación del impuesto de sucesiones. Lo hace con una pasión tal que parece que está a punto de heredar el imperio de Amancio Ortega, cuando en realidad su herencia más probable es un juego de café de Duralex y una deuda en el banco.
  2. La Paradoja del Cayetano de Alquiler: Se indigna profundamente con la regulación de los alquileres porque "atenta contra la libertad", a pesar de que dedica el 60% de su nómina a pagarle el piso a un rentista que ni siquiera le arregla la caldera.
  3. Alergia a lo Público: Critica la sanidad y la educación pública llamándolas "chiringuitos", convencido de que, si se privatiza todo, él mágicamente tendrá dinero para pagarse un seguro privado que lo cubra todo (spoiler: no lo tendrá).

​Como explicaba recientemente una analista en un video viral, el éxito del fenómeno "pobre de derechas" no es económico, es psicológico. El fachapobre no vota con la cartera, vota con el orgullo.

​Asumirse como "clase trabajadora" le parece una derrota. Prefiere sentirse un "emprendedor en pausa" o un "patriota de bien". Es la victoria definitiva del marketing político: han logrado que el explotado defienda al explotador, simplemente porque el explotador lleva una bandera más grande o insulta mejor en Twitter.

​Al final del día, el drama del fachapobre es que está cavando su propia fosa con una sonrisa en la cara. Defiende un sistema que lo quiere precario, callado y, sobre todo, convencido de que su situación es culpa de alguien que está todavía peor que él.

​En la fauna ibérica, el lobo siempre sabe que es lobo y la oveja suele saber que es oveja. El fachapobre es el primer caso documentado de una oveja que vota a favor de los derechos del lobo porque le han convencido de que, si se esfuerza mucho, algún día le saldrán colmillos.

miércoles, 18 de marzo de 2026

"No soy más fanfarron porque no quiero"

Por: Kurro

​Hay frases que definen una época. Ese "no soy presidente porque no quiero" de Alberto Núñez Feijóo, que nació como una excusa ante una investidura fallida, se ha convertido hoy, en este convulso marzo de 2026, en el epitafio de la credibilidad de una oposición atrapada en el "antisanchismo" primario. La realidad es más cruda: no son más fanfarrones porque la ética, los datos y su propia soledad internacional se lo impiden.

​Mientras en España se intenta reducir la política exterior de Pedro Sánchez a "meros eslóganes", en Washington el gigante de la fanfarronería, Donald Trump, se desmorona por dentro. La dimisión de Joe Kent, Director del Centro Nacional Antiterrorista, ha dejado al descubierto el engaño: no había amenaza inminente de Irán.

​Kent no se ha ido por cansancio, sino por conciencia, denunciando que Trump ha priorizado la agenda de Benjamín Netanyahu sobre la seguridad de sus propios soldados. Como bien dice el refrán que hoy cobra una fuerza profética: "Quien con Netanyahu pernocta, ensangrentado amanece". Trump eligió ese compañero de cama y hoy amanece con las sábanas manchadas por una guerra que su propia inteligencia califica de innecesaria. El "America First" ha muerto para dar paso al "Netanyahu First".

​La última hora confirma los peores presagios. Según informa elDiario.es, el paso dado por Israel —con el beneplácito de Trump— supone una escalada peligrosa que nos sitúa al borde de un conflicto regional total. No es un movimiento defensivo; es una provocación táctica diseñada para forzar a Occidente a una guerra que Europa no quiere.

​Frente a esta locura, emerge la figura de Sánchez en Bruselas. Le llamaron "iluso", pero su vía pacifista y su denuncia del "triple coste" (humano, energético y social) son hoy el único muro de contención. Sánchez ha entendido que la verdadera fuerza no está en los gritos de Trump, sino en la coherencia diplomática de una Europa que se niega a ser el daño colateral de una estrategia ajena.

​¿Cómo puede Feijóo defender un alineamiento "sin matices" con una administración Trump que está siendo abandonada por sus propios expertos en seguridad? Intentar vender que la apuesta por la paz de España es "puro marketing" mientras Israel incendia la mecha es un ejercicio de ceguera política preocupante.

​La fanfarronería de la oposición se ha topado con una realidad sangrienta que solo el 18% de los españoles está dispuesto a avalar. Al final, los que "no quieren" ser más fanfarrones es porque ya no tienen público que les compre el discurso.

​La política de la gesticulación tiene las patas muy cortas. Trump amanece solo en su laberinto bélico; Sánchez, en cambio, lidera una Europa que ha decidido, por fin, no irse a dormir con quienes solo sueñan con la guerra. El problema es que Trump y sus seguidores pretenden que seamos nosotros quienes lavemos las sábanas. Pero esta vez, España ha dicho que no.

lunes, 16 de marzo de 2026

El Abismo de la guerra


​Estamos en marzo de 2026 y el mundo contiene el aliento. Lo que muchos temíamos ya está aquí: una guerra de desgaste en Irán que huele, suena y duele como el preludio de la III Guerra Mundial. Y lo peor no es la fatalidad del destino, sino la catadura moral de quienes nos han empujado al precipicio.

​Hablando en plata, como nos gusta aquí, esta crisis tiene nombres y apellidos. Si otrora el "trío de la guerra" se fotografiaba en las Azores, hoy el escenario ha cambiado pero la soberbia es la misma:

  • Netanyahu, el pirómano: Actuando como un auténtico genocida, ha estirado la cuerda hasta romperla. Su estrategia de supervivencia política ha pasado por incendiar toda la región, arrastrando a sus aliados a una trampa de la que no hay salida fácil en Irán.
  • Trump, el incendiario: Un líder de corte facistoide al que, sencillamente, "le va la marcha". Ha roto con décadas de contención del Pentágono para jugar a los soldaditos con la estabilidad global. Se creía que con un bombardeo de un día en junio de 2025 ganaría la partida, y ahora se encuentra enfangado en una guerra que no sabe cómo cerrar.
  • Los "palmeros" timoratos: Esa mancha de políticos y asesores sin un gramo de criterio que, por puro servilismo, se dan codazos para salir en la foto, han permitido que se crucen todas las líneas rojas. Su silencio y su falta de valentía nos están saliendo caros a todos.

​El circo de los "patriotas" de pacotilla

​El nivel de bajeza llega a lo grotesco con esos "patriotas" e "imbécilas" de pacotilla que montan el espectáculo en Nueva York o en Madrid.

​Siguiendo la estela de su "pater putativo" —aquel que ponía las botas sobre la mesa en el rancho del yankee para mendigar un sitio en la foto—, estos herederos del vasallaje buscan cualquier excusa para figurar. Ya sea intentando entrar en el ranking de los "100 sionistas del año" o montando un 4 de julio impostado en la Castellana, su meta es la misma: aplaudir al impresentable de Trump en la cara de Sánchez, o al genocida ávido de sangre árabe.

​Es un patriotismo de bandera encargada en AliExpress: mucho ruido, mucha tela de plástico brillante, pero a la mínima que sopla el viento de la realidad, se deshilacha. Son peones que prefieren las espuelas de Texas a los intereses de su propio país.

​Mientras Washington e Israel rompen platos, China observa en un aparente "sopor estratégico". Pero no nos engañemos: Beijing está practicando el arte de la guerra de Sun Tzu.

​Para el Dragón, la asfixia lenta de EE. UU. tiene un límite. Cuando decidan que el bloqueo del Estrecho de Ormuz es inasumible y salgan de su letargo para decir "hasta aquí", no lo harán con un tuit, sino cerrando el grifo del que depende toda la tecnología y defensa de Occidente. El dueño de la fábrica está a punto de dejar de enviar el pedido.

​Dicen que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Y quienes alegre, inconsciente y peligrosamente ponen en manos de estos irresponsables personajes el poder de gobernar, comparten la responsabilidad de sus actos.

​La historia no perdonará a los que apretaron el gatillo, pero tampoco a los "patriotas de AliExpress" que jalearon el desastre, ni a quienes, con su voto o su silencio, permitieron que estos desalmados jugaran al ajedrez con nuestras vidas.

domingo, 15 de marzo de 2026

Traficantes de odio

​​A veces me paro a pensar en el ábaco. Aquel armatoste de madera donde el pensamiento era el motor y la herramienta solo una extensión de nuestra voluntad. Hoy, esa sencillez parece un sueño lejano. Estamos en la era del "engendro" digital, donde ya no usamos la tecnología; ella nos usa a nosotros como combustible para un negocio oscuro: el tráfico de odio.

​En este escenario, hay que observar con atención lo que está ocurriendo en España. Iniciativas como HODIO, o los intentos previos por limitar el acceso de los menores a contenidos nocivos, no deben leerse como simples maniobras administrativas, sino como un intento de poner orden en un territorio sin ley. Es una actitud que busca reducir ese tráfico insano de crispación que nos está envenenando la convivencia.

​Sin embargo, intentar poner límites a los traficantes de odio tiene un precio. Esta postura le está granjeando al Gobierno enemigos de un calibre y una ubicación geográfica tan dispar como significativa. Por un lado, el libertarismo radical de Elon Musk desde Silicon Valley; por otro, la opacidad de Nikolái Dúrov y su Telegram. Gigantes que ven en cualquier intento de regulación una amenaza a su modelo de negocio, ese que se disfraza de "libertad de expresión" pero que en realidad es "libertad de facturación" a costa de nuestra paz.

​Es la hipocresía de los sepulcros blanqueados. Estas plataformas son capaces de censurar con una moralidad puritana un cuadro renacentista o un pecho materno, tachándolos de inapropiados, mientras protegen la bilis y el insulto porque mantienen los servidores echando humo y el contador de beneficios en marcha.

​El reto es colosal. Dicen que el cerebro humano no es más que un ordenador biológico, y si seguimos permitiendo que estos algoritmos —que premian la furia sobre la razón— nos programen el día a día, el "sorpaso" será inevitable. Nuestros destinos se separarán: la IA hacia una eficiencia gélida y nosotros hacia una sociedad fracturada y dependiente.

​Lo que se busca con estos intentos de regulación, más allá de las siglas, es algo tan básico como olvidado: más amor, más respeto y más tolerancia. Menos "ruido" y más humanidad. Es una batalla de David contra Goliat, donde los dueños de los datos no están dispuestos a ceder ni un milímetro de su poder sobre nuestra atención.

​La mayoría de los usuarios, analfabetos como yo de este lenguaje binario, consumen redes con la pasividad de quien mira una vieja televisión, sin darse cuenta de que el mando a distancia lo tiene alguien al otro lado del océano que comercia con su indignación. Yo prefiero aferrarme a la curiosidad. A la curiosidad de ver si seremos capaces de recuperar el control de nuestra propia mente antes de que los traficantes de odio la alienen con la bilis del odio.

sábado, 14 de marzo de 2026

​El síndrome del Agua Regia: Cuando el mérito escuece


​En química, el agua regia es esa mezcla corrosiva capaz de disolver hasta el metal más noble. En la política española, la derecha "plus ultra" (esa aleación de PP y Vox) ha fabricado su propio ácido para intentar disolver, no las leyes, sino la figura de Pedro Sánchez.

​¿Por qué ese ensañamiento casi biológico... o patológico? La respuesta no está en el BOE, sino en la envidia, que corroe más que cualquier compuesto químico.

​Para una derecha que a menudo confunde el apellido con el mérito, que un tipo se mueva por Bruselas con soltura, hable idiomas sin intérprete y exhiba un doctorado, no es un activo del país: es una ofensa personal. La mediocridad no soporta el brillo ajeno; prefiere decir que el oro es falso antes que admitir que no tiene quilates para igualarlo.

​Lo que en cualquier biografía sería una gesta de superación —caer, ser defenestrado por los suyos y volver para ganar— para la derecha plus ultra es una anomalía insufrible. No le perdonan que no pida permiso para ganar. Su capacidad de resistencia se ha convertido en una patología para la oposición: el recordatorio constante de la impotencia de quienes, por más que gritan, no logran moverlo del sitio.

​Cuando no se pueden rebatir los avances sociales con argumentos que no suenen a egoísmo de clase, solo queda el ataque destructivo. Se ataca la tesis, el avión o hasta la forma de caminar. Es la estrategia clásica del mediocre: si no puedo subir a tu altura, cavaré un hoyo para que parezca que estamos al mismo nivel.

​El problema del agua regia es que, aunque busque disolver el metal, a menudo acaba consumiendo el recipiente que la contiene. La derecha plus ultra se agota en su propia acidez, en un odio que ya roza lo clínico, mientras el objeto de su obsesión sigue ahí, impasible. Al final, la envidia siempre dice mucho más del envidioso que del envidiado.