miércoles, 18 de febrero de 2026

Metrópolis 2.0

El Silencio de los Algoritmos contra la Democracia

​A veces, la realidad no imita al arte; simplemente lo actualiza con fibra óptica y silicio. Si Fritz Lang levantara la cabeza, no necesitaría rodar de nuevo su obra maestra, Metrópolis. Le bastaría con observar cómo un puñado de magnates tecnológicos, desde sus atalayas digitales, pretenden dictar el destino de las naciones como si fueran los nuevos dueños de una ciudad global que ya no se divide por barrios, sino por píxeles.

​Recientemente, hemos asistido a un movimiento que, por inusual en el tablero geopolítico actual, resulta de una intrepidez asombrosa. Pedro Sánchez ha decidido que el "Salvaje Oeste Digital" ha tenido demasiada barra libre y ha pedido a la Fiscalía que investigue a X, Meta y TikTok.

​No estamos ante invasiones territoriales, anexiones geográficas o golpes de Estado de bayoneta y tanque. Ante esas agresiones físicas, el instinto de supervivencia nos permitiría, al menos, intentar la defensa; sabríamos contra qué disparar o dónde levantar la trinchera.

​Lo que denunciamos aquí es una agresión de guante blanco y código binario. Es un envenenamiento silencioso que entra por la retina y se aloja en el sistema nervioso de la sociedad. Al no haber estruendo, no hay alerta. La soberanía se nos escapa entre los dedos mientras hacemos scroll, y cuando queremos darnos cuenta, el algoritmo ya ha decidido por nosotros quién es el enemigo, qué es la verdad y hacia dónde debe caminar nuestra democracia.

​Sin embargo, seamos realistas: no estamos cerca de un punto de ebullición social. A diferencia de las tiranías del pasado, los señores del algoritmo han perfeccionado el arma definitiva: la gratificación instantánea. Es difícil rebelarse contra una estructura que, mientras te quita soberanía, te regala dopamina.

​El envenenamiento es ya tan profundo que ha convertido la ansiedad y la polarización en nuestra "nueva normalidad". La dependencia es estructural: hoy, desconectarse de las Big Tech se percibe casi como un suicidio civil. Por eso, el ataque personal de figuras como Elon Musk o el dueño de Telegram contra líderes electos es tan eficaz; saben que poseen el megáfono y que la sociedad está demasiado anestesiada por el entretenimiento como para percibir la gravedad del insulto a su propia soberanía.

​Sánchez ha decidido que España sea el laboratorio de una resistencia necesaria, una apuesta por la soberanía humana frente a la dictadura del engagement. Pero la pregunta que flota en el aire, tras el eco de noticias en medios como el New York Times, es si este paso valiente será seguido por otros o si quedará como un quijotesco intento de frenar molinos digitales.

​La historia nos enseña que las libertades se pierden poco a poco, pero se recuperan de golpe. El problema es que para recuperarlas "de golpe" hace falta un despertar colectivo que el algoritmo se encarga de desactivar cada mañana. Quizás no estamos ante una revolución inminente, pero al menos alguien ha tenido la osadía de encender la luz en una habitación donde nos estaban robando a oscuras.

​¿Bastará con esto para que el veneno deje de circular? Probablemente no, pero el silencio ya se ha roto.

Para profundizar en este debate, no te pierdas estos posts anteriores:

El Karaoke de Génova: "Cállate, niña"


​Hay interpretaciones que merecen un Grammy al oportunismo. Lo de María Guardiola en Extremadura no es un simple cambio de opinión; es una metamorfosis musical en toda regla que nos deja a todos con el oído pitando por los "gallos" de su nueva afinación política.

​Pasamos de aquella solista, rebelde y empoderada, que en 2023 desafiaba al respetable al grito de: “¡No dejaré entrar en mi Gobierno a quienes niegan la violencia machista!”, a la corista de 2026 que hoy, con sumisa disciplina, nos deleita asintiendo al "feminismo" de Vox.

​Parece que en la séptima planta de Génova 13 han instalado un karaoke de urgencia. Allí, entre bambalinas, el director de orquesta le ha recordado que en política, cuando los principios estorban a la aritmética, lo mejor es bajar el tono, cuadrarse y seguir la partitura.

​Así suena la última versión del éxito de Cecilia, adaptada al "sentidiño" extremeño:

​🎤 La Parodia: "Cállate, María"

Estrofa 1: El arranque de rebeldía (2023)

"Dijiste en la prensa, con mucha altivez,

que a Vox ni de lejos, que no esta vez.

Que el machismo es grave, que hay que proteger

lo que tanto tiempo costó defender.

Pero en Madrid alguien se echó a reír:

'No te pongas brava, que hay que decidir'..."


El Estribillo (Paternalismo de Estado)

"Cállate niña, no llores más,

tú sabes que el mundo es así.

Cállate niña, no llores más,

que el pacto lo firmo por ti."


Estrofa 3: El efecto dominó

"Mira hacia el Ebro, mira hacia Aragón,

allí tampoco quieren otra decepción.

No podemos llevar la contraria a Abascal,

que se enfada el socio y nos sale todo mal.

Si en Zaragoza ya han bajado el listón,

en Mérida toca tragar la ración..."


Estrofa 2: La sumisión del presente (Febrero de 2026)

"Ahora en febrero, qué dócil te veo,

el feminismo de Vox ya no es tan feo.

Aquellas verdades de tu indignación

se han vuelto murmullos en tu habitación.

Ya no hay líneas rojas, ni orgullo, ni voz,

cantas la balada que te marca Vox..."


​Epílogo: Licor de bellotas y "Flema Plusultra"

​Cuentan que, tras la actuación y los pitidos del público por tanto desafine, el director gallego apagó el monitor del karaoke, se sirvió un licor de bellotas y, con esa mirada que no se sabe si sube o baja la escalera, sentenció:

​— "Venga, María, tómate un chupito de esto y pasemos a otra cosa. Que yo lo que quiero, lo que tengo que ser, es Presidente del Gobierno. Fíjate en mí, que he evolucionado de mi flema gallega a esta transformación 'plusultra'. Al final, el poder bien vale una canción... aunque la letra dé un poco de grima y los gallos se oigan hasta en el Alentejo".

​Reflexión final

​Lo malo de las canciones protesta es que, con la necesidad de coche oficial, se convierten en hilo musical de ascensor. Guardiola ha descubierto que sus principios eran como los de Groucho Marx: si al director del karaoke no le gustaban, ella traía otros en la maleta.

​Al final, en Extremadura, la música la pone Abascal, la letra la dicta Génova y Guardiola... Guardiola solo mueve los labios.

martes, 17 de febrero de 2026

​Si yo te digo ven, ... lo dejas todo


Por Kurro

​Últimamente, asomarse a la actualidad política es como entrar en un bucle donde el sentido común ha pedido la baja por estrés. La última noticia nos llega desde la Plaza de la Marina Española: el Partido Popular, valiéndose de su mayoría absoluta en el Senado, ha decidido abrir una vía ante el Tribunal Constitucional contra Pedro Sánchez. ¿El motivo? La supuesta falta de respeto del Ejecutivo a la labor de control de la Cámara Alta.

​El título de este artículo podría parecer el inicio de una balada romántica, pero en la política española actual suena más a una orden de comparecencia judicial. "Si yo te digo ven, lo dejas todo" parece ser el mantra de un Senado que, convertido en el principal bastión de la oposición, reclama su derecho a fiscalizar hasta el último suspiro del Gobierno. Y el Gobierno, por su parte, responde con el silencio o la ausencia, cansado de lo que consideran una "bronca" programada y poco productiva.

​Como siempre ocurre en estas lides, la ley tiene una letra y un espíritu. La letra dice que el Senado tiene el derecho y el deber de controlar al Gobierno. Pero el espíritu de la ley —ese que debería velar por la convivencia y la operatividad del Estado— ha sido sustituido por la táctica de trinchera.

​Desde el punto de vista conductual, la situación es agotadora:

  • ​Se convocan comisiones que parecen más un interrogatorio de película que un debate parlamentario.
  • ​Se piden comparecencias no para obtener información, sino para generar el "corte" de vídeo que alimente las redes sociales.
  • ​Se utiliza la Mesa del Senado para retorcer reglamentos y bloquear leyes que ya han pasado por el Congreso.

​Todo este ruido nos confirma una sospecha que muchos compartimos: la Transición del 78 está agotada. El traje institucional que nos dimos hace casi medio siglo ya no nos queda bien; nos aprieta en las costuras y, a fuerza de tirones partidistas, ha empezado a romperse.

​El problema no es solo que el PP use el Senado como un martillo, ni que el Gobierno lo trate como un estorbo. El problema es de calidad democrática. Hemos permitido que el interés partidista —el "mío" contra el "tuyo"— se sitúe sistemáticamente por encima del interés general. Y cuando el sentido de Estado desaparece, solo quedan los jueces para poner orden en una arena que, por definición, debería ser política.

​Si las instituciones se convierten en armas arrojadizas, terminan perdiendo su utilidad. Un Senado que solo sirve para la bronca y un Gobierno que se refugia en la opacidad para evitarla son las dos caras de una misma moneda: la de la parálisis.

​Quizás sea hora de dejar de poner parches y admitir que necesitamos una reforma constitucional que clarifique las reglas del juego antes de que terminemos de romper el tablero. Porque si seguimos así, al final, cuando el sistema nos diga "ven", no quedará nada que dejar, porque lo habremos gastado todo en una pelea que no beneficia a nadie.


lunes, 16 de febrero de 2026

La soledad de la cordura


​En este febrero de 2026, el presidente Pedro Sánchez ha vuelto a marcar un hito en la esfera internacional que deja al descubierto las vergüenzas de la vieja política. Al decir "no" al rearme nuclear en la Conferencia de Múnich, España no solo ha rechazado una carrera armamentística suicida; ha señalado directamente la incapacidad de una parte de la clase política para proteger la vida en nuestra "aldea sideral".

​No es una exageración retórica decir de la capacidad de nuestra especie para destruir 60 veces el mañana. Con 13.000 ojivas en el mundo —el 90% en manos de perfiles tan inestables como los de Putin y Trump—, la humanidad tiene hoy capacidad para aniquilar la biosfera entre 15 y 100 veces. Multiplicar este potencial destructivo no es estrategia, es una estulticia terminal. Es la prueba de que el miedo ha anulado la inteligencia: ¿qué sentido tiene acumular armas para borrar sesenta veces un mundo que solo tenemos una vez?

​Aquí es donde el análisis se vuelve más crudo. Esa misma derecha plusultra que hoy tacha a Sánchez de "ingenuo" por defender el desarme, es la que sistemáticamente vota en contra de las medidas para frenar el cambio climático. El negacionismo es otra es otra forma de acabar con nosotros mismos.

​Para ellos, la destrucción parece ser el único lenguaje. Mientras Sánchez aboga por un "rearme moral" y diplomático, la oposición sigue anclada en un doble negacionismo:

  1. Negacionismo militar: Creen que la seguridad se compra con más ojivas, ignorando que cada nuevo misil nos acerca al error de cálculo final.
  2. Negacionismo climático: Frenan el Pacto Verde y desprecian los objetivos de emisiones para 2040, acelerando la destrucción sutil —pero cada vez más evidente— de nuestro ecosistema.

​Es una ironía trágica: están dispuestos a gastar miles de millones en armas para defender una tierra que, simultáneamente, están dejando morir al boicotear las leyes ambientales. Como siempre, van a lo suyo: al negocio de la industria de defensa y al cortoplacismo de los combustibles fósiles, despreciando la perspectiva humana más elemental.

​Sánchez ha puesto el dedo en la llaga: ¿es nuestra sociedad lo suficientemente madura para confiarle el "botón rojo" a líderes que ni siquiera creen en la ciencia del clima? Confiar el destino del planeta a quienes se dejan conducir por el corazón (o el hígado) y no por la razón es un riesgo que España no está dispuesta a correr.

​Con su postura en Múnich, Sánchez ha posicionado a España como un faro de sensatez. Frente a una derecha que prefiere el rugido del cañón y el humo de las chimeneas, surge una visión que entiende que este es el único mundo que tenemos.

​La paz no es la ausencia de guerra, sino la presencia de la razón para impedir que nuestra aldea sideral desaparezca, ya sea por una explosión atómica o por el colapso silencioso de su atmósfera. Hoy, el hito de Sánchez es recordarnos que, para salvar el futuro, primero hay que tener la madurez de dejar de fabricar su fin.

domingo, 15 de febrero de 2026

QUIENES SE ACUESTAN EN EL MISMO COLCHÓN...


​Dicen que el roce hace el cariño, pero en la política española de este febrero de 2026, el roce lo que está haciendo es saltar chispas de pura necesidad. Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal han decidido volver a compartir habitación, cama y estrategia, configurando lo que ya podemos bautizar sin miedo como la Derecha Plus Ultra: una alianza que va "más allá" de los principios de cada uno para rendirse a los pies del pragmatismo más crudo.

​A estas alturas, nadie se cree que el líder del PP y el de Vox se profesen admiración mutua. Lo suyo no es una historia de amor romántico; es lujuria política en estado puro. Es el deseo irrefrenable de ocupar despachos, aunque para ello, si acaso, tengan que taparse la nariz al compartir almohada.

​Lo estamos viendo este mismo fin de semana. Tras el subidón de Vox en las elecciones de Aragón (donde han duplicado escaños hasta los 14), Abascal ya no pide paso, da portazos. Los equipos de ambos líderes han intensificado los contactos para evitar el ridículo del bloqueo, intercambiando mensajes que arden mientras fingen ante la prensa que "las condiciones las ponen ellos".

​Mientras el país celebra el amor, en las sedes el ambiente es de guerra fría. Feijóo exige "responsabilidad" para no ser un "muro", pero la realidad es otra: Génova ya ha dado orden de tragar con lo que sea (vicepresidencias o consejerías con presupuesto) porque prefieren perder identidad si la suma les permite tocar poder. Es la rendición total ante la aritmética.

​Esta nueva etapa presenta rasgos que deberían hacernos reflexionar:

  • La normalización del mercadeo: Ya no hay líneas rojas, solo hay líneas de crédito político.
  • El chantaje como preliminar: En Extremadura, el juego de ver quién pestañea primero antes de que se apaguen las luces electorales es constante.
  • El colchón de la supervivencia: Para Feijóo, Vox es el mal necesario; para Abascal, el PP es el vehículo obligatorio. Se acuestan juntos porque fuera de esa cama hace un frío siberiano.

​Conclusión: El fin de la condición

​El refrán dice que "quienes se acuestan en el mismo colchón, se vuelven de la misma condición". Y aquí está la clave: el PP de Feijóo se está "voxificando" a marchas forzadas para que no le roben la cartera, mientras Vox se "institucionaliza" para que no le llamen antisistema.

​Al final, la Derecha Plus Ultra no es más que un matrimonio de conveniencia donde el amor brilla por su ausencia, pero la ambición sobra. Se acostarán, sí, pero duermen con un ojo abierto, porque en esta cama los puñales se guardan debajo de la sábana.


sábado, 14 de febrero de 2026

¡Libertad al Carajo, estúpidos!


​Lo que hace unos años parecía un delirio televisivo, hoy es un boletín oficial en Argentina. Bajo el eslogan de la "libertad", este febrero de 2026 se ha consumado una reforma laboral que no es más que una máquina del tiempo hacia el siglo XIX. Pero lo más inquietante no es solo lo que ocurre en el Cono Sur, sino cómo desde ciertos sectores políticos en España se le "hace la ola" a un modelo que escupe sobre un siglo de conquistas sociales.

Hay que recordar que los derechos no fueron regalos. La jornada de 8 horas se escribió con la sangre de los Mártires de Chicago en 1886 y se selló en España tras la histórica huelga de La Canadiense en 1919. Hombres y mujeres murieron en las calles para que hoy podamos trabajar para vivir, y no vivir para trabajar. Al legalizar jornadas de 12 horas diarias, se está profanando esa tumba histórica. Quienes hoy aplauden esto desde la derecha plus-ultra están diciendo, básicamente, que el sacrificio de nuestros abuelos no valió de nada.

​La imagen de la motosierra no es una exageración; es la realidad triturando el Estatuto de los Trabajadores:

  • Despido a la carta: Con el "Fondo de Cese", el trabajador se financia su propia salida. Despedir ya no tiene coste para la empresa.
  • Indefensión por enfermedad: Estar enfermo se convierte en un lujo; el salario se reduce al 50% en bajas comunes.
  • Vacaciones y Sindicatos: Como vemos en la imagen, son los primeros pedazos en saltar por los aires. Sin organización colectiva, el trabajador queda solo frente al gigante.

​¿Qué modelo quieres tú?


Concepto

Argentina (Modelo Milei)

España (Protección Social)

Jornada Laboral

Hasta 12 horas diarias.

37,5 horas (en debate).

Horas Extras

No se pagan (Banco de horas).

Pago obligatorio con recargo.

Despido

Sin coste (Fondo de Cese).

Indemización por antigüedad.

Huelga

Mínimos del 75% (Bloqueada).

Derecho constitucional.


​El "¡Viva la libertad, carajo!" es una libertad unidireccional. Es la libertad del lobo en el gallinero. La libertad de la empresa para exprimir tu vida es tu falta de libertad para ver a tu familia.

​Desde El Rincón de Kurro lo tenemos claro: no es modernidad, es regresión. No es libertad, es precariedad. Y quienes desde España aplauden este incendio, deberían explicar por qué prefieren la ley de la selva a la dignidad del trabajador.


viernes, 13 de febrero de 2026

El tren de los escobazos


​Lo que vivimos el pasado 11 de febrero en el Congreso de los Diputados debería habernos dejado una sensación de respeto y rigor. Se comparecía para hablar de seguridad ferroviaria, de víctimas y de familias que esperan respuestas tras tragedias como la de Adamuz. Sin embargo, lo que presenciamos fue la transformación del Parlamento en aquella barraca de feria, el tren de los escobazos, recordáis.

​El debate no buscaba las causas técnicas de una concatenación de incidentes nefastos; buscaba el titular más sangriento. Vimos a un Alberto Núñez Feijóo que, lejos de la "política para adultos" que prometió al llegar de Galicia, se lanzó al barro de la hipérbole judicial. Calificar la gestión actual de "negligencia criminal" es un bumerán peligroso: es, en la práctica, calificar su propia gestión en la tragedia de Angrois con el mismo rasero. Allí, la transparencia brilló por su ausencia y la asunción de responsabilidades políticas fue un desierto. Hoy, la amnesia interesada parece ser el requisito previo para subir al estrado.

​Pero lo más desolador no es el tono de la derecha "plus-ultra", que parece estar sumida la agenda del PP. Lo verdaderamente preocupante es la respuesta de una sociedad sumida en la desgana democrática.

​Hemos pasado de ser ciudadanos participativos a espectadores pasivos de un "tren de los escobazos". Un espectáculo donde Feijóo y Abascal -y cierra España- golpean sin ton ni son a un Sánchez, sin mas información que la ya dada hasta ahora por su ministro del ramo; mientras los problemas reales de las infraestructuras se quedan tirados en el andén sin una sola propuesta constructiva. Esta política de trinchera está logrando algo terrible: que la gente se desconecte, que apague la televisión y que deje de creer en las instituciones como herramientas de progreso.

​Y en ese vacío de esperanza y de memoria, aparece el síntoma más alarmante: nuestra juventud.

​Siempre hemos creído que la rebeldía juvenil era el motor para avanzar, el impulso para romper las cadenas del pasado y conquistar nuevos derechos. Pero hoy, alimentada por una desinformación sistemática y un éxito propagandístico brutal de los sectores más reaccionarios, esa rebeldía está funcionando en sentido inverso.

​Vemos con estupor a chavales, que no conocieron el franquismo ni la transición, alabando la figura de un dictador del que apenas conocen el nombre, pero al que compran como un "icono rebelde" frente a lo políticamente correcto. Es la rebeldía del retroceso. Si la democracia se les presenta como un caos de insultos y falta de futuro, el autoritarismo idealizado les parece un refugio exótico.

​Un exito propagandistico de la plus-ultra; y un error de perspectiva de nuestro arco político pues ha creído que la libertad se heredaba sin necesidad de explicarla. Mientras unos daban escobazos en el Congreso, otros, su caja de resonsncia, colonizaban las mentes de los más jóvenes con mitos en blanco y negro pintados de colores brillantes.

​Si la rebeldía de los jóvenes ya no busca nuevos horizontes sino que suspira por viejas cadenas, no solo tenemos un problema de desinformación; tenemos un problema de esperanza. El tren de los escobazos no solo golpea al rival, está descarrilando el futuro de una generación que ha olvidado que la libertad no es un paisaje heredado, sino una conquista diaria que se pierde en cuanto se deja de entender.


jueves, 12 de febrero de 2026

​Dios existe, pero no es Dios


​Normalmente no escribo sobre estos temas. Hoy no hablaré de política, ni del PP o del PSOE; tampoco de la necesidad imperiosa de que la izquierda se organice de una vez por todas, ni de si los norteamericanos acabarán echando a Trump del Despacho Oval. Todos esos son temas tan importantes para nuestro presente como insignificantes frente a la vastedad de lo que hoy quiero compartir.

(Y abro un paréntesis aquí: mientras perdemos el tiempo en estas lides, hay quienes aún debaten si la Tierra es plana o niegan la evidencia de que estamos transformando el clima. Es curioso cómo el negacionismo y el terraplanismo ganan terreno justo cuando la ciencia nos ofrece las respuestas más fascinantes; es como si, ante la magnitud del cosmos, algunos prefirieran cerrar los ojos y refugiarse en un mapa de cartón. Pero no, hoy no perderé el tiempo con quienes eligen la ceguera voluntaria).

​Decía Stephen Hawking que el tiempo no tuvo un inicio como imaginamos. Utilizaba la analogía del Polo Sur: si viajas hacia el sur, llegas a un punto donde la dimensión simplemente termina de forma suave. No hay nada "al sur del Polo Sur". De la misma manera, el tiempo nace con el universo, pero no hubo un "antes".

​Sin embargo, mi intuición me dice que nuestra realidad es como una gota en una mezcla de líquidos de distintas densidades. Al agitarse ese sistema entrópico, se forman burbujas que no se mezclan entre sí. Nosotros habitamos una de ellas, con nuestras leyes, nuestra gravedad y nuestra luz. Quizás los agujeros negros no sean solo sumideros de materia, sino puntos donde la tensión superficial de nuestra burbuja se estira hasta abrir una puerta a lo que hay fuera, a otras vecindades universales.

​Pero aquí surge nuestro gran hándicap existencial: estamos condenados a nuestra propia burbuja. Aunque pudiéramos cruzar a la contigua, nuestras leyes físicas (nuestra "densidad") serían incompatibles. Nos desintegraríamos antes de poder analizar qué necesitamos para interactuar allí. Somos ciegos ante lo que tenemos al lado.

​Esta inalcanzable inmensidad, esta "materia oscura" que intuimos pero no tocamos, es la que ha obligado a nuestra civilización incipiente a buscar explicaciones en lo sagrado. Hemos crecido aceptando maravillas de la física de forma exponencial, hasta el punto de creer que nada es imposible. Pero ante el muro de lo que no podemos ver ni medir, volvemos a la mística.

​La evolución de nuestra conciencia nos llevará a entender que esas incursiones fugaces o tenues de "otras realidades" no son magia. Por eso, al final del camino, la ciencia y la fe se encuentran en una paradoja:

Dios existe, pero no es Dios.

​Al final, cuando uno contempla esa inconmensurable vastedad y la posibilidad de que seamos solo una gota de aceite en un océano de burbujas infinitas, nuestras trifurcas cotidianas pierden todo su sentido. Esas guerras ideológicas, el ruido incesante de la política y nuestras pequeñas luchas de poder se revelan como lo que son: hormigas peleando por una miga de pan en medio de un huracán cósmico. Quizás la verdadera evolución no sea tecnológica, sino alcanzar la humildad necesaria para entender que, en un universo donde el orden se restablece en capas inalcanzables, lo único realmente pequeño es nuestra incapacidad de dejar de mirarnos el ombligo.

miércoles, 11 de febrero de 2026

La chaqueta de pana colgada en no sé que armario

​La pana ya no se lleva

​Felipe González ha vuelto a escena, pero esta vez no como el sabio que aconseja, sino como el estratega que intenta empujar. Al hablar de elecciones en 2026, cuando legalmente tocan en 2027, no está haciendo un análisis: está lanzando una orden de movilización a los suyos. Es el deseo de quien prefiere que el edificio se caiga antes de aceptar que ya no tiene las llaves de la puerta.

​Felipe se rasga las vestiduras diciendo que Pedro Sánchez ha "destrozado" al PSOE. Habría que refrescarle la memoria y ponerlo frente al espejo de su propia historia. ¿Qué ha hecho más daño a las siglas y a la democracia de este país?

  • ​¿Un Gobierno que busca la aritmética necesaria en una España plurinacional?
  • ​¿O la época de los GAL, de un Damborenea que terminó como terminó, y de aquel Director de la Guardia Civil (Roldán) huyendo por el mundo con el botín mientras el Gobierno miraba para otro lado?

​Resulta ofensivo que quien lideró la etapa más oscura de la corrupción institucional y la guerra sucia en España pretenda ahora dar carnets de "pureza socialista". El PSOE de Sánchez podrá gustar más o menos, pero no tiene las manos manchadas de cal viva ni de fondos reservados desviados a bolsillos particulares.

​Para González e Ibarra, la lealtad solo existe si el líder de turno les pide permiso antes de desayunar. No perdonan que la militancia recuperara el partido en aquel Peugeot 407. Lo que ellos llaman "destrozar el partido" es, en realidad, haberlo democratizado y haber sacado las decisiones de los consejos de administración y de las mesas camillas donde ellos se sentían intocables.

​Se han convertido en esos jarrones chinos de los que él mismo hablaba: objetos valiosos, pero estorbos al fin y al cabo. Un jarrón lleno de grietas que intentan tapar con tiritas de soberbia, pero que ya no aguanta el peso de la realidad.

Definitivamente, la pana no solo no se lleva, es que ya huele a naftalina.

martes, 10 de febrero de 2026

El arquitecto D'Hont y los ladrillos de la desgana democrática


​Hay una figura silenciosa que gobierna España desde 2015, y no es de carne y hueso. Es un algoritmo. Lo llamaremos el Arquitecto D'Hondt. Este viejo sistema, diseñado para dar estabilidad, se ha convertido en el notario de nuestra decadencia, gestionando la desgana democrática y convirtiendo los restos de los votos en gobiernos de alquiler.

​La realidad es testaruda: hoy nadie puede ganar solo. El PP ha descubierto que su éxito es su propia trampa. Gana votos, pero alimenta a una "bestia" a su derecha que, cuanto más crece, más lo encarcela en el rincón de los imposibles. Y el PSOE de Sánchez sobrevive no por convicción, sino por el pánico que genera ese mismo bloque. Es un círculo vicioso donde el país no avanza, solo se atrinchera.

​La jugada suicida: El sacrificio de Feijóo

​¿Y si el PP aceptara que, bajo las reglas actuales, Feijóo nunca será presidente? En un escenario de verdadera reconstrucción institucional, el mayor servicio de Feijóo no sería una investidura imposible con Vox, sino ofrecer su propio sacrificio. Plantarse ante Sánchez y decirle: "Aquí tienes mis votos para sacar a España del bloqueo y reformar las reglas del juego. Una vez hecho, nos vamos ambos. Yo me retiro, pero el país queda arreglado".

​Sé que suena loco. Sánchez no lo aceptaría porque su supervivencia depende de que ese pacto sea impensable. Pero el valor de la jugada es obligarle a explicar por qué prefiere a sus socios actuales antes que una mano tendida de Estado. El desgaste de esa explicación sería el fin del "sanchismo".

​El elefante en la habitación: Corrupción y Pasado

​Pero hay una mina en el camino: el horizonte judicial. El PP arrastra una sombra que Sánchez usa como botón nuclear. Cada vez que Génova intenta levantar la cabeza, el eco de los sumarios le devuelve al barro. La corrupción es el cemento del muro: permite al PSOE decir que no pacta con la sospecha, justificando así cualquier otra alianza.

​La única salida: Un Congreso "a calzón bajado"

​Por eso, la solución no es un cambio de caras, sino una refundación radical. El PP necesita un congreso a calzón bajado. Una catarsis que no sea un cierre de filas, sino una ruptura.

​Hay que zafarse de una vez de los tonos sepias. Dejar atrás la herencia del aznarismo más oscuro, el marianismo pasivo y, por encima de todo, cortar el cordón umbilical con el filofranquismo. Ya va siendo hora. Una derecha moderna y europea es aquella que no tiene miedo a su pasado porque ya lo ha condenado, y que no necesita agitar fantasmas para ganar votos.

​Sin esa cirugía radical, el PP seguirá siendo un rehén. Seguirá alimentando a la bestia mientras espera que el hambre de esta se coma a su rival. Y mientras tanto, el Arquitecto D'Hondt seguirá diseñando una España donde nadie gana, todos perdemos, y la única que crece es la desidia.