Dicen que el roce hace el cariño, pero en la política española de este febrero de 2026, el roce lo que está haciendo es saltar chispas de pura necesidad. Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal han decidido volver a compartir habitación, cama y estrategia, configurando lo que ya podemos bautizar sin miedo como la Derecha Plus Ultra: una alianza que va "más allá" de los principios de cada uno para rendirse a los pies del pragmatismo más crudo.
A estas alturas, nadie se cree que el líder del PP y el de Vox se profesen admiración mutua. Lo suyo no es una historia de amor romántico; es lujuria política en estado puro. Es el deseo irrefrenable de ocupar despachos, aunque para ello, si acaso, tengan que taparse la nariz al compartir almohada.
Lo estamos viendo este mismo fin de semana. Tras el subidón de Vox en las elecciones de Aragón (donde han duplicado escaños hasta los 14), Abascal ya no pide paso, da portazos. Los equipos de ambos líderes han intensificado los contactos para evitar el ridículo del bloqueo, intercambiando mensajes que arden mientras fingen ante la prensa que "las condiciones las ponen ellos".
Mientras el país celebra el amor, en las sedes el ambiente es de guerra fría. Feijóo exige "responsabilidad" para no ser un "muro", pero la realidad es otra: Génova ya ha dado orden de tragar con lo que sea (vicepresidencias o consejerías con presupuesto) porque prefieren perder identidad si la suma les permite tocar poder. Es la rendición total ante la aritmética.
Esta nueva etapa presenta rasgos que deberían hacernos reflexionar:
- La normalización del mercadeo: Ya no hay líneas rojas, solo hay líneas de crédito político.
- El chantaje como preliminar: En Extremadura, el juego de ver quién pestañea primero antes de que se apaguen las luces electorales es constante.
- El colchón de la supervivencia: Para Feijóo, Vox es el mal necesario; para Abascal, el PP es el vehículo obligatorio. Se acuestan juntos porque fuera de esa cama hace un frío siberiano.
Conclusión: El fin de la condición
El refrán dice que "quienes se acuestan en el mismo colchón, se vuelven de la misma condición". Y aquí está la clave: el PP de Feijóo se está "voxificando" a marchas forzadas para que no le roben la cartera, mientras Vox se "institucionaliza" para que no le llamen antisistema.
Al final, la Derecha Plus Ultra no es más que un matrimonio de conveniencia donde el amor brilla por su ausencia, pero la ambición sobra. Se acostarán, sí, pero duermen con un ojo abierto, porque en esta cama los puñales se guardan debajo de la sábana.