El 8-F en Aragón
Por: El Rincón de Kurro
Aragón ha hablado, y no lo ha hecho con la diplomacia de un despacho, sino con el estruendo de un cañonazo en los Sitios de Zaragoza. Los resultados de este domingo han resucitado un espíritu que muchos creían dormido o, al menos, domesticado por años de bipartidismo institucional. Pero no se equivoquen: no es la Agustina de los libros de texto escolares; es una versión testosterónica, contundente y sin complejos que ha decidido tomar el mando de la batería.
El cañonazo de la derecha
Jorge Azcón ha resistido, sí, pero la verdadera pólvora de esta jornada la ha puesto Vox. El ascenso de la formación de Alejandro Nolasco es el síntoma claro de ese giro hacia la "testosterona política". Ya no basta con gestionar; el electorado maño parece reclamar una defensa a ultranza de valores y una confrontación directa con el modelo de Madrid. Si el PP quería una transición tranquila, se ha encontrado con una compañera de viaje que no viene a sujetar el abanico, sino a encender la mecha. El problema es que, cuando la artillería se vuelve tan pesada, los cañones acaban apuntando directamente a Sánchez, pero en la trayectoria corren el riesgo de destrozar los derechos sociales que tanto costó levantar.
Una izquierda de "buena conciencia" y mal vivir
Mientras tanto, la izquierda contempla desde la muralla cómo el mapa se tiñe de azul y verde. Pilar Alegría se queda sin argumentos ante un Aragón que le ha dado la espalda, pero el análisis no termina en el PSOE. El drama real es esa izquierda que, en su puridad ideológica, ha quedado huérfana de pragmatismo.
Lo vemos en ejemplos como el de Podemos y otras confluencias: se han enredado tanto en la perfección de sus principios que han olvidado la utilidad de su gestión. Es el mal de nuestro tiempo: una superioridad moral que permite dormir muy bien de noche, con la conciencia intacta por no haber cedido un ápice en el dogma, pero que condena al ciudadano a malvivir por el día bajo la realidad de un gobierno de signo contrario.
Mirad lo que pasa
Como ya hemos advertido otras veces en este rincón: mirad lo que pasa. Les creísteis cuando hablaban de estabilidad o de revoluciones éticas, y ahora nos encontramos con un escenario donde la moderación ha sido arrollada y la alternativa se ha diluido en sus propios debates internos.
Esta nueva "Agustina testosterónica" no viene a defender la ciudad de un invasor, sino a reclamar un espacio que considera suyo por derecho de votos. Y mientras la derecha carga el cañón con munición pesada, la izquierda sigue discutiendo sobre el color del uniforme. Al final, entre el empuje de unos y la inoperancia de otros, el campo de batalla queda sembrado de promesas rotas y derechos en peligro.
¿Despertaremos de una vez o seguiremos celebrando purezas mientras perdemos la realidad?