martes, 3 de marzo de 2026

Soberanía SÍ. Vasallaje NO.



​​La historia no se repite, pero rima con una crueldad asombrosa. Hoy, 3 de marzo de 2026, el presidente de EE. UU. nos tacha de "aliado terrible" por negarnos a ser su portaaviones en una guerra que no hemos buscado. Sin embargo, lo que Trump considera un insulto, el resto del mundo lo está empezando a leer como una lección de dignidad.

​Mientras en Washington se lanzan rayos y centellas, desde Turquía se ha iniciado un movimiento masivo de reconocimiento hacia el Gobierno español. En las redes y en la diplomacia de Oriente Medio, España se ha convertido en un referente de autonomía. Al negarnos a que Rota y Morón sean el muelle de lanzamiento de una ofensiva ilegal, hemos ganado un respeto internacional que no se compra con fotos en ranchos ajenos.

​Resulta sangrante observar la actitud de esa derecha española que hoy, en lugar de cerrar filas con la soberanía nacional, prefiere jalear las amenazas de Trump. Es la misma derecha que nos metió en el lodazal de las Azores en 2003 y que hoy hace cualquier cosa por desgastar al gobierno.

​Aquellos que hoy critican que "perdemos peso" con EE. UU. son los herederos de quienes sacrificaron nuestra seguridad por un ridículo acento tejano impostado. Aquella derecha no buscó el interés de España; buscó el vasallaje. Nos convencieron de que la "lealtad" consistía en validar mentiras sobre armas de destrucción masiva para servir a intereses ajenos. Y mientras ellos se daban palmaditas en la espalda con Bush, nosotros pagamos la factura de su soberbia en los andenes de Atocha aquel 11-M.

​Hoy, esos mismos sectores parecen preferir que nos arrodillemos ante el impulso visceral de un líder que, según los expertos, actúa por puro instinto primitivo. Es un "patriotismo" de cartón piedra que prefiere ver a España como un satélite sumiso antes que como una nación respetada por su coherencia.

​No nos engañemos: ser un "aliado terrible" para quien busca incendiar el mundo es la mayor prueba de salud democrática. La verdadera traición no es decirle "no" a la Casa Blanca; la verdadera traición fue lo que hicieron en 2003: vendernos una guerra ajena basada en una mentira que ellos conocían o consintieron, y comprarnos un terrorismo propio.

​Ni las amenazas de Trump ni el oportunismo de quienes nos llevaron al desastre en el pasado van a borrar nuestra memoria. España ha elegido no tropezar con la misma piedra. Hoy, el respeto que llega desde Estambul o Ankara vale mucho más que el beneplácito de un despacho que exige nuestra sumisión a cambio de sus guerras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario