Buenos días sr. Mariano Rajoy Brey ¿sabe que, de los 26.632.180 inscritos en el censo electoral de 1978, 35 años después de aquel 6 de diciembre, sólo quedamos 15.041.817?
Poco más de 15 millones de españoles, entre los cuales nos encontramos usted y yo, tuvimos opción de pronunciarnos, y no todos lo hicimos, respecto al reglamento de juego democrático de una España inmovilizada por 40 años de dictadura. De estos españoles con más de 53 años solo tomaron partido respecto de nuestra Carta Magna 10.094.563.
Conviene recordar que la postura política de su partido (AP) ante aquel referéndum fue la abstención (algunos de su partido incluso votaron en contra), con lo cual es muy posible que yo votara, y lo hice a favor, y usted sea de los que engrosó ese casi 33% de españoles que, entonces, no quisieron votarla.
Quiero decirle con todo esto que en la España actual, con casi 47 millones censados, todo aquel que tenga menos de 53 años, casi 37 millones, no se ha podido pronunciar respecto de nuestra Constitución, lo que nos acerca a una pasmosa relación en la que 3 de cada 4 españoles con derecho a voto no se han pronunciado sobre una Norma que ha de ser de todos los españoles.
Mucho ha llovido desde aquel 6 de diciembre, la forma de hacer política, Europa y soberanía nacional, la corona y sus cosas, los territorios y sus asimetrías, la economía y los derechos sociales, la justicia y su independencia, ….
La España del 1978 no es la actual. La constitución española tuvo su origen en el franquismo, que impuso sucesor y hasta conserva su escudo, pues la España constitucional tiene bandera, pero no escudo constitucional.
Convengamos en decir que la transición fue superada (¿memoria histórica?), acaso por aquella norma conciliadora que, con complejos pactos, conquistas y cesiones, dejó, mas de unos que de otros, plumas en el camino, y hoy el momento es otro; hoy, 35 años después, se apuntan modificaciones como la reforma del Senado, la sucesión real de las mujeres; el modelo territorial o las normas electorales; el papel de las Fuerzas Armadas; las relaciones Iglesia-Estado; o tantas y tantas matizaciones a unos y otros artículos que sería muy conveniente hacer.
Solo ha habido dos modificaciones constitucionales y ambas han sido pactadas políticamente, medidas políticamente, con origen en los compromisos con Europa y sin considerar necesario el refrendo popular; nadie se atreve a abrir el melón, “no es el momento” dicen. La clase política quiere seguir administrando los tiempos y los contenidos pues el mantenimiento de su estatus quo va en ello.
Como esto les da un poco de miedo, ustedes estiran y retuercen la Constitución “de todos los españoles” hasta, a veces, zambullirse fuera de sus márgenes. Todo menos abrir la posibilidad de una reforma constitucional que pueda servir para hablar de no solo de modificaciones cosméticas, o pactadas para satisfacer a Europa, o tranquilizar a los mercados.
Puede que, ya, sea el momento de hablar de las grandes cuestiones, superada la transición, sin eufemismos; puede que sea hora de hablar de reformas constitucionales que recojan el sentir de todos los españoles y que nos saque de la crisis política e institucional en la que hemos caído y de la cual no saldremos si no cambiamos las cosas con el mayor compromiso y consenso social.
F. Sánchez
09/10/2013
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