Los grandes países se caracterizan por tener una prensa de amplio espectro, dispuesta a poner el ojo crítico en las actuaciones que son criticables y loar las que son loables, con independencia. No pasa así en el nuestro, país de grandes, sonoras y hasta pueriles vehemencias informativas, tanto, que pierden tal carácter.
Si alguien normal, insistiendo en lo de normal, podía pensar que la izquierda, sus conceptos, han perdido, superioridad o fuerza moral, la propia prensa mediatizadora se ha encargado, paradójicamente, de hacerlo cambiar de opinión. Son tan zafios, tan ridículamente absurdos los argumentos esgrimidos por ABC, La Gaceta o La Razón, que tienen un efecto contrario al pretendido.
Muy mal han de estar las previsiones electorales que hace su partido para emprender esta campaña propagandística que se empieza a percibir "a la desesperada".
No creo, y menos en estos momentos, que la izquierda haya perdido su fuerza moral. Las políticas conservadoras, o como se dice ahora neoliberales, plegadas al más feroz de los capitalismos no hacen otra cosa que provocar añoranza, deseo de recuperar principios de una izquierda real, una izquierda capaz de dar una respuesta social a una sociedad castigada y de enfrentarse a las doctrinas económicas que han manipulado hasta dominar la política con la fuerza del dinero.
La fuerza moral, desde mi punto de vista, la han perdido los políticos actuales, y en eso incluyo a las todas las fuerzas políticas, a fuerza de decepcionar al electorado ejecutando programas que no son los esperados, o programas ocultos, falseando los prometidos. Esa pérdida de superioridad, de fuerza moral, es la que nos ha zambullido en la crisis política que padecemos.
La fuerza, o mejor el respaldo moral y social a la política en España se pierde cuando se castiga y engaña a los electores y no a los especuladores ni corruptos, o cuando se hace electoralismo en lugar de política.
http://www.elplural.com/2013/
F. Sánchez
08/10/2013
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