No respetan ni el luto ni la identidad de los muertos
Hay momentos en los que un país debería detenerse, respirar y mostrar respeto. La tragedia ferroviaria de Adamuz es uno de esos momentos. Como seres humanos, lo único que nos debería ocupar hoy es el dolor compartido, el apoyo a las familias y el respeto sagrado por quienes han perdido la vida. Sin embargo, hemos vuelto a ser testigos de cómo la decencia es un valor inexistente para algunos.
Resulta verdaderamente vergonzoso ver cómo, mientras los equipos de emergencia aún trabajan entre los restos del convoy y muchas víctimas ni siquiera han sido identificadas, la maquinaria de la ultraderecha, los buitres ya ha apretado el botón de su propaganda. No han tenido la humanidad de esperar a que los forenses terminen su labor, ni a que las familias reciban la peor noticia de sus vidas.
Para estos "carroñeros" de la política, los fallecidos no son personas con historias y hogares destrozados; son simplemente munición. Es una necrofagia política insoportable: alimentarse del dolor ajeno y lanzar proclamas de odio cuando los cuerpos aún no han recibido sepultura.
Mientras la sociedad llora, ellos activan su manual de desinformación. Es el momento de la crítica más contundente contra quienes intentan "hacer caja" con el dolor:
- Bulos para dividir: Utilizar el dinero destinado a cooperación internacional o a otros países como arma arrojadiza frente a esta tragedia es de una bajeza moral absoluta. Las emergencias nacionales cuentan con todos los recursos del Estado; mentir sobre esto solo busca encender el racismo y la división en un momento que exige unidad.
- Ataques sin escrúpulos: Lanzar teorías conspiranoicas sobre la gestión de ADIF, mezclando incluso temas de prostitución o corrupción sin prueba alguna, es un sabotaje a la verdad. No buscan justicia ni seguridad ferroviaria; buscan ruido, caos y rédito político.
- La deshumanización total: Han vaciado el accidente de cualquier rastro de sensibilidad. Tratan una catástrofe humana como si fuera un simple tablero de ajedrez donde lo único que importa es golpear al adversario, ignorando el sufrimiento real de las víctimas.
Llamarse español y jugar con el dolor de tus compatriotas de esta manera es la mayor de las hipocresías. El patriotismo no es envolverse en una bandera para difundir mentiras por WhatsApp; el patriotismo es la mano tendida, el silencio respetuoso ante el fallecido y la protección de la comunidad en la catástrofe.
Hoy no es el día de las ideologías, es el día de las personas. Y a todos esos que están más preocupados por sus clics y su agenda de odio que por el sufrimiento de las familias de Adamuz, solo se les puede decir una cosa: Tengan dignidad. Respeten a nuestros muertos.
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