Por: El Rincón de Kurro
Lo de esta semana en la Audiencia Nacional no ha sido un juicio, ha sido un máster intensivo de prestidigitación política. Hemos visto desfilar a la plana mayor de una época —Rajoy y Cospedal a la cabeza— y, si nos descuidamos, terminamos pidiéndoles perdón por haber pensado mal. Según sus testimonios, en el Ministerio del Interior se montó un operativo con fondos reservados, coches camuflados y agentes a sueldo para robarle documentos a un tesorero, y ellos, los que mandaban, se enteraron por la prensa. O ni eso.
La amnesia como escudo constitucional
Mariano Rajoy despachó sus 40 minutos de gloria con la parsimonia de quien está en un registro de la propiedad de Santa Pola. El hombre que leía los SMS de Bárcenas y contestaba aquello de "Luis, sé fuerte", ahora resulta que no sabe quién es ese tal "Asturiano" o "El Barbas" que aparece en las agendas de Villarejo. "Yo me llamo Mariano Rajoy", soltó con esa retranca que tanto gusta a sus fieles.
Pero vamos a ver, ¿nos toman por tontos? Es fascinante cómo funciona la memoria de nuestros exmandatarios: recuerdan con precisión quirúrgica que el PP es un partido "honesto", pero sufren un apagón neuronal cuando se les pregunta por las anotaciones de un comisario con el que su Secretaria General se reunía hasta nueve veces en la sede de Génova.
Cospedal y las "preguntas" sin respuesta
Y luego está Dolores. María Dolores de Cospedal, la mujer que introdujo en nuestro diccionario el "despido en diferido", ahora nos intenta colar las "reuniones en diferido". Reconoce que se veía con Villarejo, pero que no eran encargos, eran "preguntas". ¿Y qué le preguntaba? ¿El tiempo que iba a hacer en el Corpus de Toledo? ¿La receta de las perdices?
La desfachatez llega al punto de decir que esas citas eran por "preocupación". Claro, estaban preocupados porque Bárcenas tenía dinamita en los cajones y había que desactivar la mecha. Pero para el tribunal, al parecer, los audios donde se escucha la trama no son música celestial, así que los han expulsado de la sala. Sin música, el baile de Cospedal ha sido mucho más cómodo.
El muro de la impunidad técnica
La crítica no es solo para los que declaran (y mienten, o dicen medias verdades bajo juramento de testigos). La crítica es para un sistema judicial que permite que la "verdad jurídica" se ría en la cara de la "verdad histórica". Si hay grabaciones, si hay agendas, si hay fondos reservados gastados y policías confesos... ¿cómo es posible que los que firmaban los presupuestos y dirigían el partido vivieran en una burbuja de ignorancia absoluta?
La táctica es clara: aislar el incendio. Que se quemen los mandos policiales, que se achicharre algún Secretario de Estado, pero que el fuego no suba a la planta noble.
Conclusión: ¿Quién vigila al vigilante?
Al final, nos queda la sensación de siempre en este país: que el poder tiene una piel de teflón donde nada se pega. Kitchen no era una operación de seguridad del Estado, era una operación de seguridad de un partido. Y mientras el tribunal se pelea con la abogada del PSOE por si se puede o no preguntar por los audios, los protagonistas salen por la puerta de la Audiencia Nacional con la sonrisa de quien sabe que, en España, no saber nada es la mejor forma de ser inocente.
Seguiremos informando, porque en este rincón, al menos, la memoria no es selectiva.
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