miércoles, 4 de diciembre de 2013

Cine negro

Buenos días Sr. Rajoy, ¿Le gusta el cine negro y las novelas de detectives? Seguro que sí, así que recordará como el engabardinado Teniente Colombo se tocaba la ceja, o el sagaz personaje de Sir Arthur Conan Doyle sostenía su pipa. Es emocionante cuando, con un razonamiento impecable, estos personajes de ficción van hilvanando una red de indicios en la que el asesino queda atrapado y, este, sin más argumento en su defensa, espeta “hay cosas que nunca se podrán probar”, pues ha urdido un minucioso plan para que su crimen quede impune.

Después de esa apelación a la demostración de culpabilidad, y para mayor escarnio, los héroes de ficción hacen caer una lluvia de pruebas irrefutables sobre el villano, que finalmente es conducido, esposas en ristre, a los calabozos.

La realidad, se dice a menudo, supera la ficción. No lo sé, pero seguro que es más enrevesada

Estamos, hasta para los villanos, o principalmente para ellos, en un Estado de Derecho donde la presunción de inocencia debe ser regla principal de juego y la demostración de culpabilidad el elemento vinculante a la sentencia inculpatoria, ello aunque a veces las prescripciones legales impidan entrar en el fondo material.

Difícil lo tendrían el “despistado” Colombo o el perspicaz Sherlock Holmes para tejer su red indiciaria alrededor de la presunta trama de financiación corrupta del partido que legisla, ejecuta y gobierna con poder tan absoluto como la mayoría parlamentaria que tiene; un partido que propone y pone a los jueces independientes; que afilia al presidente del Tribunal Constitucional; que controla la TV pública; que cuenta con medios de propaganda informativa y que sus aforados gozan, además, del lógico amparo constitucional. Eso enreda las cosas.

En el caso Gürtel, destapado por el diario español El País, merecedor del Premio Ortega y Gasset de Periodismo al "mejor trabajo de prensa", ese mismo partido que lo niega todo, se personó como acusación popular para ¿colaborar con la Justicia o para enmarañar el proceso judicial, hasta que ha sido expulsado del mismo, no sin antes haberse cobrado como víctima al Juez Garzón, instructor inicial del caso?. Una cosa es predicar y otra dar trigo.

En el caso Bárcenas, otra cara de esa misma moneda, fue también El País el que sacó unos “papeles” de los cuales era “todo falso todo salvo alguna cosa”. Llovieron sobre-cogedoras demandas contra el periódico de los, según el tesorero, sobre-cogedores cargos políticos. Esta profusa coercitiva del derecho a la información y ataque preventivo a futuras informaciones. Lo confirma el hecho que, esas demandas, después de las declaraciones de Luís, el traidor Bárcenas, ante “Finiquita de la Calzada” han sido todas retiradas, la de la Sra. Secretaría General también.

El cerco se estrecha sobre los presuntos. La red se hace cada vez mas tupida y, por el contrario, los intentos por hacer desaparecer las huellas son cada vez más estúpidos; cada vez se hace más obsceno el amparo en la estrategia “hay cosas que nunca se podrán probar”. Se hacen liquidaciones finiquitadas en diferido raras, raras, se borran y aplastan discos duros custodiados, se recusan jueces, se enciende el ventilador contra otros, incluidos sindicatos. Se sigue enredando y enredando para oscurecer y alargar el proceso y los plazos, sobre todo los plazos que permitan la prescripción judicial de los presuntos delitos y que permita pasar de la presunción de inocencia a la certeza de inocencia política, como ya ocurrió con otro tal, llamado Naseiro.

Ya se descubrió la estrategia, el aprovechamiento de nuestra legislación proteccionista, como debe ser, y la no asunción de responsabilidad política si no hay sentencia condenatoria, como no debe ser.

El mismo Presidente del Gobierno Español, institución que usted ocupa, en la entrevista concedida a la agencia norteamericana de noticias Bloomberg se salió por la tangente con un "hay cosas que nunca se podrán demostrar" y debe ser cierto sobre todo cuando se habla de aspectos económicos que, en grado de presunción, son delictivos. Tráfico de capitales, dinero negro, evasión de impuestos o financiación irregular y cohecho y prevaricación en la administración de dineros públicos, dineros que llegan al Erario por el esfuerzo de todos/as los/as españoles/as.

“Hay cosas que nunca se podrán probar” porque todo delincuente, todo villano intentar no dejar huella de sus villanías. Faltaría más. Su corte monclovita lo supo al instante e intentó censurar a la agencia norteamericana pero, claro, aquello no es la RTVE.

Sr. Rajoy, ocurre que, cuando todo un presidente del gobierno de un país en crisis, en amplia crisis económica, política e institucional; de un país en estado de alerta social por los escándalos de corrupción; cuando un presidente de un país, a cuyos ciudadanos se les pide continuos sacrificios, aparece en los negros manuscritos del tesorero de su partido, y hasta es acusado por éste como beneficiario de sobresueldos, esa respuesta no sólo no tranquiliza, la respuesta inquieta aún más, poniendo en la mente de todos que el asesino de la confianza social está atrapado en la red de los indicios. ¡¡ Lástima no podamos contar con la gabardina de Colombo o la Pipa de Sherlock!!



F. Sánchez
22/10/2013

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