Buenos días sr. Rajoy. Hoy he tenido un sueño inquietante.
En ese sueño, usted acaba de cumplir 75 años y sigue gobernando. Nos encontrábamos en 2030. Había pasado ya casi dos décadas desde aquel noviembre de 2011 en que una mayoría de españoles, castigados por las consecuencias de una crisis internacional y desencantados con una suave izquierda política a la que culpaban, se tragaron irreflexivamente un programa electoral lleno de generalidades, de medias verdades y de mentiras enteras.
Casí once millones de españoles que, 20 años antes, creyeron honestamente que las conquistas sociales y la democracia heredada eran invulnerables, inamovibles, que estarían siempre ahí, sin tener que pelear por ellas pues para eso estaban los políticos y los sindicatos, que ustedes se habían encargado de desacreditar, provocaron una nueva y terrorífica sociedad donde primaba la supervivencia individual y el más fuerte se imponía al débil.
La I Gran Recesión, nacida en 2008 había acabado en 2015, virtualmente poco antes de las elecciones pero luego, cíclicamente, se habían provocado otras para justificar nuevos y profundos cambios sociales, nuevas vueltas de tuerca a una población empobrecida hasta en el espíritu a la que solo se dejaba respirar cuando se acercaban elecciones de apariencia democrática.
Los señores del dinero se cebaban con el pueblo llano. La complicidad política, fácilmente untable, ayudaba y mucho; la población dejó de tener jubilados pues el retiro había pasado a ser voluntario: La privatización y los continuos cambios correctores del sistema llevaron a pensiones ínfimas, insuficientes para sobrevivir y que obligaban a los pocos que trabajaban a hacerlo hasta morir.
Los parados eran tratados como mercancía y callaban por llevar algo a su células de residencia en las que se hacinaban con sus familias; imperó el criterio eclesiastico, hasta un delegado de la iglesia formaba perte del gobierno, y el control de natalidad y el aborto estaban penados con trabajos en empresas que los solicitasen; se eliminó la exigencia de contrato escrito y las agencias privadas de colocación mercadeaban con las listas de desempleados; no existía un salario mínimo que pudiera poner suelo a la avaricia empresarial y la necesidad de los débiles se convirtió en el negocio de los fuertes.
La sanidad pública era ya cosa del pasado y se había convertido en un lucrativo negocio que elevó la esperanza de vida de los ricos y redujo la de los que no podían pagarla; igual suerte corrió la educación creándose dos segmentos sociales con lo cual resultaba más fácil la explotación de los ignorantes por parte de los instruidos con técnicas educativas que fomentaban la desigualdad de los hombres.
En esa sociedad onírica no existían más sindicato organizado que el gubernamental y se reprimía con dureza cualquier tipo de manifestación contra las medidas del Gobierno, o contra cualquier decisión empresarial.
El sindicalismo de clase empezó a ejercerse de forma individualizada, desorganizada y en la clandestinidad; se había dado cobertura a un sistema de primas para los trabajadores que denunciaran a sindicalistas alborotadores, que eran castigados colocándolos en listas negras que entregaban a las agencias de colocación.
Los jueces que aún no habían sido alcanzados por la corrupción se veían impotentes y sin recursos pues las leyes se habían moldeado de tal forma y la Justicia empezó ser tan cara, que no existía una tutela judicial efectiva.
¿Pero cómo había sido posible llegar a esa sociedad tan desnaturalizada en tan corto periodo de tiempo?
La apatía ciudadana había llevado a niveles de participación democrática tan bajos que conformaron un caldo de cultivo propicio a las reformas electorales que redujeron el número de representantes políticos y establecían una selección pseudodemocrática de estos y no la elección democrática de representantes del conjunto de la ciudadanía; solo se permitía el voto a una élite de ricos cultos, pues los ignorantes y a la vez pobres, que eran más, no tenían capacidad de discernir que era bueno para España y podían llevar a la involución del orden establecido.
Para cuando el pueblo quiso darse cuenta, ya habían perdido cualquier capacidad de reacción y la represión ahogó cualquier intento de volver a la situación anterior.
Anoche, Sr. Rajoy tuve un mal sueño en el que usted cumplía su 75 aniversario y seguía ocupando la residencia en la Moncloa como presidente del gobierno.
Anoche tuve una pesadilla de la que he despertado más convencido que nunca que usted y su política no deben dejarse crecer porque está dañando a los españoles, en mayor medida cuanto mayor sea el tiempo que permanezca en el poder.
Esta mañana, Sr. Rajoy, me he levantado más convencido que nunca que debemos intentar con todas nuestras fuerzas desalojarle a usted y los suyos del banco azul antes de que el daño sea irreparable.
F. Sánchez
23/10/2013
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