Buenos días
Sr. Rajoy. Si alguien investido de autoridad obligara a una familia, por el mero
hecho de ser débil o pobre, a vivir en una oscura prisión, privándola de libertad
y de las mínimas condiciones para subsistir y, finalmente, los miembros de esa
familia enfermaran y muriesen porque el hambre les obligase a alimentarse de la fauna
rastrera de su celda o, en el mejor de los casos, de las sobras putrefactas de
sus carceleros. ¿Cómo llamaríamos a ese alguien?
A diez días
de la Nochebuena, en Alcalá de Guadaira, han fallecido por presunta
intoxicación alimenticia tres personas de 61, 50 y 14 años, y una de 13 que se recupera tras salir de la UCI. Padre, madre e
hijas de una familia humilde a la que la
crisis arrebató su trabajo y las medidas de austeridad, tan necesarias para su concepción
política antisocial, les privó de los mínimos necesarios para subsistir, obligándoles
a alimentarse de alimentos
caducados o a punto de hacerlo.
A pesar de no
tener trabajo no eran merecedores del “que
se jodan” de Andrea
Fabra. No eran unos vagos que no querían trabajar, pues padre y madre lo hacían, desde las siete de la mañana al ocaso, recogiendo cartones, plásticos y ropa
vieja que poder vender y sacar algún dinero, “defraudando” al fisco que diría su Soraya.
Me imagino el
sentimiento de angustia que atenazaría el pecho de ese padre y de esa madre, como
a los de cualquier familia arrojada a la indigencia, a la que sus hijos/as piden
llorando algo de comer porque tienen hambre.
Me los imagino decidiendo que, antes que robar, debían buscar recursos recorriendo
las calles, con viento, frío o lluvia, hurgando en los contenedores para recoger alguna basura que a ellos
pudiera servirle para sacar unos euros. Y me los imagino a usted y a Andrea
Fabra, mientras gastan su dieta de manutención tomando un Gin-Tonic subvencionado en la cafetería del
Congreso, pensando,… que se jodan son unos vagos, unos parásitos que gustan vivir de las prestaciones.
Ya el
padre y la madre no tendrán que levantarse a las 6 de la mañana, ni oirán el lamento provocado por el estómago vacío de sus hijas. Esa chiquilla de 14 años ya no tendrá que preocuparse por su futuro, ni verá si un mundo mejor que el conocido era posible.
Esa niña no
era su soñada niña de ojos azules Sr. Rajoy. Ella, aunque tal vez no hubiese querido, no sabrá si hubiera podido llegar a ser abogada en un estado de derechos confiscados,
médica en una sociedad sin sanidad universal, maestra en un pueblo sin
educación pública o, simplemente, camarera en un hotel lleno de viejos, babosos y
desvergonzados ricachones.
Ha visto sólo esa luz al final del túnel que sirve de tránsito entre la vida y la muerte, porque al morir ha sabido que la luz que los opulentos políticos prometían si seguía comiendo porquerías caducadas, era una mentira más. Ella, al morir, quizás haya pasado a mejor vida. No lo sabemos.
Este trágico suceso pone de manifiesto el riesgo cierto que corren miles de familias en
exclusión social, forzadas a vivir en el oscuro zulo de la penuria, de la pobreza y hasta de la miseria en el que, como consecuencia de la orientación mercantil de sus políticas, han convertido las capas más desfavorecidas de la sociedad.
Más de tres millones de españoles viven con menos de 307 euros al mes, una cifra que duplica a los que estaban en esta situación, considerada de pobreza severa, en 2008. Eche un vistazo a los precios de las necesidades básicas y sabrá que digo.
Más de tres millones de españoles viven con menos de 307 euros al mes, una cifra que duplica a los que estaban en esta situación, considerada de pobreza severa, en 2008. Eche un vistazo a los precios de las necesidades básicas y sabrá que digo.
Los políticos tienen una conciencia adaptable pero, Sr.
Rajoy, cada muerte que provoque el hambre, la miseria, la enfermedad o los desahucios
consecuencia de sus políticas antisociales, serán muertes sobre su conciencia
humana, si le queda, porque conciencia de gobernante ha demostrado que no tiene.
Podría decirme
que esto que escribo es pura demagogia. Me acusaría de demagogo. Pero le aseguro, aunque no le importe, que
es la realidad de miles de familias. Se excusarán diciendo que no recibieron la
adecuada asistencia sanitaria por la administración andaluza a la que harán responsable
por ser socialista.
Sé que la Junta de Andalucía les culpará a ustedes por los criterios
de reducción de gasto impuestos.
Unos y otros convertirán éste tremendo hecho en una discusión política, llevando el discurso adonde les interese. Sé que
habrá palabras, bonitas palabras de condolencia y de condena por el hecho
mientras la noticia esté viva. Y sé que esta familia habrá muerto por su culpa. Usted no apretó el gatillo de ningún arma, pero sus medidas le
quitaron la vida a esta familia y éstos son sus muertos, Sr. Rajoy.
Usted, su partido y esa mayoría absoluta han convertido España en una prisión en cuyas mazmorras mas oscuras encierran a los mas desfavorecidos, para que una élite pueda seguir viviendo muy bien. El Estado del bienestar no es un lujo que hay que joder, es una necesidad social que hay que proteger.
¿Cómo podríamos
llamar a quién ha hecho ésto con una humilde familia azotada por la
crisis, Sr. Rajoy?
F. Sánchez
17/12/2013
F. Sánchez
17/12/2013
No hay comentarios:
Publicar un comentario