Buenos días D. Juan Carlos I de Borbón y Borbón-Dos
Sicilias, buenos días D. Felipe de Borbón y Grecia, Príncipe de Asturias,
Príncipe de Gerona, Príncipe de Viana, Duque de Montblanc, Conde de Cervera y
Señor de Balaguer, buenos días Sr. Rajoy, buenos días, Sres. y Sras.
monarco-parlamentarios y monarco-parlamentarias, el Rey ha muerto, ¡¡larga vida
al Rey!!.
Es destacable como, independientemente de sus idearios
políticos y cual aquellos nobles ingleses y franceses, brota de sus bocas unísonamente
esta expresión que, además de servir como última oportunidad de aplaudir al rey
caído y primera para vitorear al nuevo rey, trata de evitar la comprometida situación
política que plantea el interregno, expresar la fidelidad de los súbditos al
rey y (especialmente en el contexto feudalista) procura la renovación
automática de los lazos del vasallaje.
La definición, el modelo del estado español está escrito en
una constitución nacida de un consenso en que se casaron la gracia de dios y la
del caudillo, la del caudillo y la de dios, que tanto monta monta tanto, con
una demanda social que quería una transición incruenta después de una guerra
fratricida seguida de cuarenta años de opresión y dolor, de vencedores y de vencidos.
Después de cuarenta años añorando la democracia que tuvimos y envidiando la de
los que nos rodeaban. Cuarenta años de silencio y de temores a opinar.
Es de reconocer los valores de nuestra pacífica transición.
Modélica gracias a la generosidad de los españoles y españolas. Pero, una vez
superada ésta, bueno es reconocer que una democracia ha de ser eso, una
democracia, y si en el paquete de la norma básica de la convivencia de entonces se
incluía en el lote un rey como jefe del estado quizás es hora que, superada la
transición, se nos devuelva ese aval de generosidad y paciencia otorgado
entonces, permitiéndonos opinar sobre si queremos un jefe de estado, que reine por razón de cuna pero
que no gobierne, o si por el contrario queremos un jefe de estado que gobierne por decisión de las mayorías, pero que no reine por la gracia de Dios.
Mientras aquellos de ustedes que componen la cortesanía monarco
parlamentaria gritan esos lemas sucesorios, el pueblo llano harto de estar
harto, decepcionado y maltratado dice: A rey muerto rey puesto o, más apropiado
aun, el muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Seguimos teniendo la convicción, muchos de nosotros, que
ustedes cortesanos y cortesanas gritan ¡¡Viva el Rey!! porque quieren seguir viviendo del cuento apropiándose
de los presupuestos sociales para vivir bien, que digo bien, ¡¡muy bien!!
mientras otros, los vasallos y villanos vivimos en la pobreza oprimidos por
unos impuestos que otros burlan, más mientras más alta sea su alcurnia.
Dice el fiscal general del Estado
que “lo que está en la Constitución está en la Constitución, y lo que no lo
está en la Constitución no existe”, y yo me pregunto señores cortesanos y
adalides de la monarquía, señor Eduardo Torres-Dulce, ¿qué sentido tiene decir eso a los millones
de españoles desempleados o a las miles y miles de familias desahuciadas para
los que el trabajo o la vivienda no existe a pesar que la Constitución les consagra ese derecho?; ¿O a esos millones de
españoles que viven en la pobreza y que si comen, lo hacen gracias a la beneficencia?
¿Qué sentido tienen esas palabras cuando se desprovee de derechos a una
sociedad haciéndola menos libre para que esos empresarios sin escrúpulos, opulentos banqueros,
especuladores y corruptos, ya de sangre real, azul o roja
puedan seguir usurpando bienes y derechos, gozando de una cálida y parasitaria vida a costa nuestra y de nuestra obediencia a unas regla de juego
que sólo se aplican en todo su rigor a los más desfavorecidos.

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