domingo, 8 de junio de 2014

El Rey ha muerto, ¡¡Viva el Rey!!


Buenos días D. Juan Carlos I de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, buenos días D. Felipe de Borbón y Grecia, Príncipe de Asturias, Príncipe de Gerona, Príncipe de Viana, Duque de Montblanc, Conde de Cervera y Señor de Balaguer, buenos días Sr. Rajoy, buenos días, Sres. y Sras. monarco-parlamentarios y monarco-parlamentarias, el Rey ha muerto, ¡¡larga vida al Rey!!.

Es destacable como, independientemente de sus idearios políticos y cual aquellos nobles ingleses y franceses, brota de sus bocas unísonamente esta expresión que, además de servir como última oportunidad de aplaudir al rey caído y primera para vitorear al nuevo rey, trata de evitar la comprometida situación política que plantea el interregno, expresar la fidelidad de los súbditos al rey y (especialmente en el contexto feudalista) procura la renovación automática de los lazos del vasallaje.

La definición, el modelo del estado español está escrito en una constitución nacida de un consenso en que se casaron la gracia de dios y la del caudillo, la del caudillo y la de dios, que tanto monta monta tanto, con una demanda social que quería una transición incruenta después de una guerra fratricida seguida de cuarenta años de opresión y dolor, de vencedores y de vencidos. Después de cuarenta años añorando la democracia que tuvimos y envidiando la de los que nos rodeaban. Cuarenta años de silencio y de temores a opinar.

Es de reconocer los valores de nuestra pacífica transición. Modélica gracias a la generosidad de los españoles y españolas. Pero, una vez superada ésta, bueno es reconocer que una democracia ha de ser eso, una democracia, y si en el paquete de la norma básica de la convivencia de entonces se incluía en el lote un rey como jefe del estado quizás es hora que, superada la transición, se nos devuelva ese aval de generosidad y paciencia otorgado entonces, permitiéndonos opinar sobre si queremos un jefe de estado, que reine por razón de cuna pero que no gobierne, o si por el contrario queremos un jefe de estado que gobierne por decisión de las mayorías, pero que no reine por la gracia de Dios.

Mientras aquellos de ustedes que componen la cortesanía monarco parlamentaria gritan esos lemas sucesorios, el pueblo llano harto de estar harto, decepcionado y maltratado dice: A rey muerto rey puesto o, más apropiado aun, el muerto al hoyo y el vivo al bollo.

Seguimos teniendo la convicción, muchos de nosotros, que ustedes cortesanos y cortesanas gritan ¡¡Viva el Rey!! porque quieren seguir viviendo del cuento apropiándose de los presupuestos sociales para vivir bien, que digo bien, ¡¡muy bien!! mientras otros, los vasallos y villanos vivimos en la pobreza oprimidos por unos impuestos que otros burlan, más mientras más alta sea su alcurnia.

Dice el fiscal general del Estado que “lo que está en la Constitución está en la Constitución, y lo que no lo está en la Constitución no existe”, y yo me pregunto señores cortesanos y adalides de la monarquía, señor Eduardo Torres-Dulce, ¿qué sentido tiene decir eso a los millones de españoles desempleados o a las miles y miles de familias desahuciadas para los que el trabajo o la vivienda no existe a pesar que la Constitución les consagra ese derecho?; ¿O a esos millones de españoles que viven en la pobreza y que si comen, lo hacen gracias a la beneficencia? ¿Qué sentido tienen esas palabras cuando se desprovee de derechos a una sociedad haciéndola menos libre para que  esos empresarios sin escrúpulos, opulentos banqueros, especuladores y corruptos, ya de sangre real, azul o roja puedan seguir usurpando bienes y derechos, gozando de una cálida y parasitaria vida a costa nuestra y de nuestra obediencia a unas regla de juego que sólo se aplican en todo su rigor a los más desfavorecidos.


El Rey ha muerto, ¡¡Viva la Democracia!!



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