La economía está yendo bien. Ya salimos de la crisis. El
paro disminuye, el empleo aumenta. Ya podemos gastar porque hay más alegría en
la calle. Los consumidores han perdido el miedo. Todo vuelve a ir bien. Las
medidas adoptadas por el gobierno Rajoy se demuestran hoy tan acertadas que pareciera
que no estamos ya en la España negra y oscura en la que llevábamos sumidos desde
hace años. La enferma economía no solo ha mejorado, muestra unos signos de vigor
que hacen milagrosa, y hasta sospechosa, la recuperación justo cuando nos hemos
metido en la vorágine pre electoral que puede sacar al PP del gobierno. Esto ya
no es España; empieza a ser Yupilandia.
Si lo importante es la economía, como dice ese -nominado por
D. Alfonso- mariposón, será de lo más oportuno que los eminentes europeos, o los
que más suenan, coincidan ahora en anunciar signos positivos en la recuperación
del, todavía grave, enfermo; pero igual de oportuno será obviar del diagnóstico
los índices de pobreza y de gente que no puede cubrir sus mínimas necesidades vitales
ni, en su caso, las de sus familias.
Si lo importante y preocupante para la sociedad española es
el paro, resulta ahora tan conveniente mostrar que estadísticamente hay más altas
en la seguridad social y más empleados; como conveniente resultara escurrirse de la realidad precaria
de tales empleos, del segado de derechos a la clase trabajadora y del millón largo
de parados producidos.
Si resulta bueno decir que ahora los consumidores han
perdido el miedo a gastar y eso, ahora sí, es magnífico para la economía; mejor
será omitir que la sociedad tiene miedo a manifestarse y decir, porqué ésta
democracia ha sido amordazada y mutilada.
Esto se veía venir. En España se ha producido una forma de maltrato
social, en la que el gobernante –papá/mamá gobierno– ha inducido en la sociedad
–hijo/hija pequeño/a– síntomas reales o aparentes de una
enfermedad que solo ese gobernante ha producido, conoce y que, por ello, solo él/ella
es capaz de sanar, por lo que su presencia se hace imprescindible.
El gobierno Rajoy se ve afectado desde mi punto de vista, por una variante, social y colectiva, del llamado síndrome de Münchhausen por poderes.
Según los entendidos, este trastorno psicológico casi siempre involucra a una madre que abusa de su hijo/a buscándole atención médica innecesaria. La madre puede simular síntomas de enfermedad en su hijo añadiendo sangre a su orina o heces, dejando de alimentarlo, falsificando fiebres, administrándole secretamente fármacos que le produzcan vómito o diarrea o empleando otros trucos como infectar las vías intravenosas (a través de una vena) para que el niño aparente o en realidad resulte enfermo.
Estos niños
suelen ser hospitalizados por presentar grupos de síntomas que no encajan mucho
en ninguna enfermedad conocida. Con frecuencia, a los niños se les hace sufrir
a través de exámenes, cirugías u otros procedimientos molestos e innecesarios.
La madre
generalmente es muy colaboradora en el escenario del hospital y, a menudo, es
muy apreciada por el personal de enfermería por el cuidado que le prodiga a su
hijo. Con frecuencia, se la ve como una persona dedicada y abnegada, cundo en
realidad en la única responsable de los males de menor.
El síndrome de Münchhausen ocurre debido a problemas psicológicos
del adulto y es generalmente un comportamiento que busca llamar la atención de
los demás y, según entiendo, hacerse portador de la cura magistral y, con ello,
imprescindible. El síndrome puede ser potencialmente mortal para el niño
implicado.
F. Sánchez
08/Abril/2015

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