He llegado a la conclusión que padezco
una extraña conmoción, producto sin duda de las descargas verbales, explosiones
de aristócratas vestidas de democracia azul, arengas de salva patrias que ponen
el objetivo en personas de ideas contrarias, exabruptos y sandeces que desde la derecha, desde
la izquierda, desde los centros (¿?), desde todas las partes políticas y
lugares geográficos, impactan en mis entendederas, aturdiéndolas hasta cuestionarme
¿Qué puñetas hemos dicho los españoles el 24 de mayo?
Ha habido un proceso electoral,
el primero en ámbito nacional desde unas generales en las que desoyendo el
clamor de los movimientos sociales, y a pesar de ellos, la derecha del PP obtuvo
el apoyo rotundo del electorado, que ahora empieza a perder, y la izquierda del
PSOE perdió notoriamente la confianza de unos electores que no se la quieren devolver.
Son las primeras en las que han
irrumpido con fuerza organizaciones políticas de diseño que han invertido las mayorías
rotundas convirtiéndolas en mayorías disputables, y han desmenuzado el
bipartidismo clásico en favor de un tetra o, en algunos casos, polipartidismo diseñado
para solapar y preservar hasta las generales el gran nuevo proyecto de
izquierdas. ¿Acaso no será esto la transición hacia un nuevo modelo bipartidista?
Se ha dado, o al menos eso parece,
un cambio de tendencia en los deseos de los gobernados que prefieren regidores menos
monolíticos, más plurales y orientados, según puede parecer, a la izquierda.
Veremos finalmente que ocurre
pues en aquellos ámbitos en que las urnas han susurrado y no gritado se ha mostrado un complicado puzle para cuya resolución se hará
preciso, además de los recuerdos, el acuerdo y, ¿por qué no?, el desacuerdo.
Acuerdo en lo que une, y a la nueva
izquierda debe unirle más la izquierda clásica que la derecha, sea nueva o
tradicional; a la izquierda conocida debe unirle más la nueva izquierda que cualquier
derecha; y a ésta, … a ésta parece que le vale cualquiera con tal de seguir
gobernando.
Desacuerdo en lo que separa; los programas
con intención de progreso social nunca van a ejecutarse desde la pragmática derecha
y los proyectos neoliberales y conservadores no son hacederos por la izquierda
ideológica sin renunciar a su perfil social.
Recuerdos, que no rencor, para no
olvidar las consecuencias de las políticas prometidas y no cumplidas.
Sé que esto parece una obviedad,
una simpleza o una perogrullada pero, cuando se hacen las manifestaciones políticas
que venimos oyendo, lo obvio es discutible, lo simple torna a complejo
y la verdad notoria se transforma en incertidumbre hasta el punto de entrar en
una insana contradicción ideológica y de poner en riesgo acuerdos naturales y necesarios.
Por eso, ahora me pregunto ¿Qué puñetas hemos votado?
01/06/2015

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