1 de marzo de 2026. La desclasificación de los archivos del 23-F no ha traído la paz que algunos esperaban. Al contrario, ha levantado la tapa de una matrioska cuya capa más profunda huele a erosión institucional. Mientras los historiadores analizan el lodo de 1981, Alberto Núñez Feijóo intenta vendernos un perfume de "buen español" que ya no convence a nadie.
Los historiadores en RTVE han sido tajantes: los documentos revelan una democracia que en 1981 estaba "erosionada" desde dentro. No fue solo Tejero; fue un sistema que permitió que se gestara una Operación Ariete (heredera del tardofranquismo) y que grupos económicos financiaran la asonada.
Aquí es donde el manuscrito de 1980 que analizamos cobra su valor real: la estrategia de "calentar el ambiente" no fue una ocurrencia de cuatro militares, sino una táctica de erosión calculada para que la sociedad aceptara el golpe como un "mal menor". Feijóo saca pecho de una transición idílica, pero los papeles nos hablan de una democracia que se salvó por los pelos mientras sus cimientos estaban carcomidos por la duda.
Al líder del PP ni le toca ni le compete la gestión de la vuelta de Juan Carlos I, pero ha decidido usar la historia como si fuera su cortijo particular. Su petición de regreso es una sobreactuación para evitar que miremos la capa interna de la matrioska: esa donde los civiles "de bien" pactaban la Operación Mixta.
Respirar tranquilo porque el Rey paró el golpe es ignorar que los espías —según las notas del CESID hoy publicadas— trabajaron durante el juicio para "introducir la duda" y proteger a la institución de sus propios errores. Feijóo quiere que compremos la épica para que no preguntemos por la ética.
El patriotismo de Feijóo es de cebolla: muchas capas de bandera, pero vacío por dentro. Ha querido convertir el 23-F en un salvoconducto para blanquear la dudosa conducta del Emérito en otros ámbitos. Pero la Casa Real le ha dado el baño de realidad definitivo: al Rey no le impide volver el recuerdo de Tejero, sino su residencia fiscal.
Resulta patético ver a Feijóo intentando anotar el tanto de la "reconciliación histórica" mientras la Zarzuela le recuerda que la lealtad se demuestra en la ventanilla de la Agencia Tributaria. El "buen español" tributa donde vive; el "patriota de cebolla" solo grita para que no se vea que prefiere el mito a la transparencia.
La matrioska está abierta y los historiadores nos dicen que aún faltan piezas (especialmente las transcripciones completas y la trama civil). Feijóo puede seguir montando su teatro, pero el 26 de febrero de 2026 ha marcado un antes y un después.
En "El Rincón de Kurro" no aceptamos el punto final. La democracia no se fortalece con el regreso de un ausente envuelto en celofán histórico, sino reconociendo la erosión que casi nos cuesta la libertad. Menos sacar pecho y más pelar la cebolla, porque la verdad no necesita sobreactuaciones, necesita luz, aunque a algunos les escuezan los ojos.
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