viernes, 6 de diciembre de 2013

Epistolas a Rajoy

Buenos días Sr. Rajoy. Sé que quizás esté poniéndome algo pesado con mis epístolas matutinas, en las que aprovecho para desearle tenga eso que no podemos tener muchos españoles y españolas: unos buenos días. 

Tenga en cuenta que las reflexiones que le dan contenido bien pueden ser las de un españolito/a cualquiera, al que debiera oír. 

Si lo hiciera, sé qué diría. Ese españolito sabe qué cosas diría.

Diría que esto que hago no sirve para nada; como no sirven para nada las concentraciones y protestas contra las privatizaciones; ni las manifestaciones por las ciudades reivindicando los derechos tan brutalmente arrebatados; diría también que no sirven para nada las huelgas con las que defendemos nuestra dignidad trabajadora.

Sé que diría todo eso y diría también que la salvación del país está en la salvaguarda de sus ricos, en la protección de sus fortunas; en la facilidad empresarial para seguir despidiendo para contratar por cuatro duros; en la devaluación interna para fomentar la exportación de pepinos y la importación de señores con bermudas y carnes sonrosadas o con mochilas y ojos rasgados, mientras compramos tecnología, investigación y desarrollo, a un precio que no podemos pagar.

También creo saber qué puede pensar mente tan preclara como la suya.

Puede pensar y de hecho pensará que, una a una, está ganando las batallas.

Puede pensar que la derecha está ganando su cruzada contra la España roja; que las concentraciones y manifestaciones cada vez son más numerosas pero menos secundadas, y a ellas sólo acuden ya algunos, que no todos, los sindicalistas; su cacumen puede rumiar sobre lo bien que está enjugando la cosa pública como ofrenda a lo privado; puede cavilar que el miedo a perder lo poco que nos queda y la desacreditación del movimiento sindical impedirán defender nuestros derechos; puede especular con suprimir el derecho constitucional a la huelga, que tanto escuece a la derecha, y pisotear, ya con total impunidad, la dignidad de los trabajadores.

Seguramente acariciará la idea de que será premiado por esos ricos empresarios en correspondencia a sus favores para, como ya hicieran otros, formar parte de sus nóminas y reportar así pingües beneficios que le garanticen un cómodo retiro de la política de la cual se ha servido.

Es muy posible que pudiera pensar todas esas cosas y pudiera decir todas aquellas.

Hasta es posible que crea que nos hemos rendido frente las concertinas legislativas que aíslan el Estado del Bienestar y, aunque las reacciones humanas son imprevisibles, quizás pudiera creerse que estamos cerca de tirar la toalla.

¿Pero sabe qué?

Pues le diré que mientras una bandera reivindicativa se plante en la puerta de una administración pública estaré ahí para que ondee; mientras una pancarta recorra las calles de nuestras ciudades, estaré ahí para ayudarla a caminar; mientras se agreda al españolito de a pié que soy, con huelga o sin ella, defenderé mi dignidad; mientras haya sindicatos o sin ellos, porque los hayan destruido, estaré ahí haciendo sindicalismo; mientras haya ricos y pobres estaré ahí para reivindicar reparto y solidaridad social.

Sr. Rajoy, sepa que, mientras siga usted en el poder, estaré ahí para darle los buenos días; sepa que mientras un lector lea mis humildes esquelas estaré ahí para escribirlas.

Y es porque no puedo permanecer impasible y, a riesgo de pasar por el latoso de los ladrillazos matutinos, sepa que me preocupa más aburrir a mis amigos de FB que a usted y, si estuviese en mi mano hacerlo, no sólo no me preocuparía, disfrutaría como un cosaco haciéndolo.

Buenos días tenga usted sr. Rajoy.



F. Sánchez
19/11/2013

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