La relación de causa-efecto se da en todos los sucesos de la vida, incluidos los económicos y sociales. Un pequeño cambio puede generar resultados inesperados o hipotéticamente: "el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar una tormenta en Nueva York".
Quiere esto decir, en su vertiente económica, que cualquier avatar, en cualquier lugar, sobre todo en determinados lugares del mundo, puede causar una tormenta financiera como la que estamos atravesando.
El símbolo financiero que representaban las gemelas de “La City” fueron incapaces de resistir la embestida los Boeing, pero EE.UU. cuenta, sin embargo, con sólidas estructuras que aguantan bien los vendavales económicos que producen esos sutiles aleteos bursátiles.
España por el contrario, que fue elevada por su predecesor ideológico en el poder a la pomposa categoría de “milagro económico”, tenía y, hoy aún mas, tiene una frágil estructura económica y un tejido industrial poco tramado, incapaz de sostener aquella ingente cantidad de ladrillo; tan débil era esa base que el aleteo de las subprimes americanas y el despertar chino zarandearon e hicieron caer estrepitosamente esa quimera, provocando la peor catástrofe económica y desgastando, de paso, a un gobierno socialista que, democráticamente, fue derrocado.
El castillo económico que, con la baraja española, había construido su predecesor se vino abajo arrastrando todo a su paso. Fue aquel el origen de la situación actual y la culpa no fue toda de un Zapatero que no lo vio a tiempo y, eso, le costó la presidencia; la culpa no fue, al menos enteramente, ni tan siquiera suya sr. Rajoy, pero la crisis le puso en bandeja 11 millones de votos, la apatía progresista y, por ende, la presidencia.
La culpa fue de esa tormenta perfecta que originaron unos traviesos lepidópteros verdes y de sus devastadores efectos en nuestro país fue responsable la inconsistencia de una política económica, impulsada por su partido, que se basaba en la especulación inmobiliaria.
Como a perro flaco todo se vuelven pulgas, luego vino la del euro, la bancaria, la de la deuda pública, la del déficit público,… en las que tiene responsabilidad aquella tormenta perfecta, claro, y, esta vez sí, usted, su gobierno y sus estrategias.
Su concepto social de España, sus políticas, los recortes económicos, la mutilación de derechos y la imposición ideológica. Sus reformas, como gusta decir, han preferido rendir el país, sometiéndolo a una devaluación interna, antes que defender la depreciación monetaria frente los eurosocios, aumentando así el beneficio de los que juegan con las economías.
Usted y su partido han preferido sacrificar las rentas del trabajo, han hecho de España una especie de duplicado asiático con boina, consagrando las del capital en ciega obediencia a unos mercados llenos de esas mariposas verdes.
Recordará cuando se erigían como el partido de los trabajadores y, cuando a falta de programa, prometían a una crédula masa de votantes que su simple llegada al poder solucionaría la caótica situación, que no dudaban en achacar a la gestión socialista; muy al contrario, han extendido el ámbito transformándola en la crisis de las autonomías, en la institucional, en la de la confianza social y, con ella, en una crisis democrática, una crisis de la desmotivación ciudadana que les viene muy bien para seguir ahí.
Careciendo de un entramado económico resistente, la tempestad causada por el batir de alas de unas mariposas desbarató el “milagro español”. Ahora, el aleteo y picoteo de 186 gaviotos y gaviotas están destruyendo lo que queda de fibra social ene un país cada vez más devaluado del que cada uno pilla lo que puede.
Su predecesor erró al promover la burbuja inmobiliaria y usted, sr. Rajoy, yerra al fomentar la especulación laboral y social.
Hicieron falta dos Boeing para tumbar un símbolo financiero y solo dos aves carroñeras para echar abajo el estado de bienestar creado con el esfuerzo y lucha de muchos españoles.
Los españoles no olvidaremos el servicio que ha prestado a nuestro pueblo.
F. Sánchez
29/10/2013


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