miércoles, 4 de diciembre de 2013

Torpe caminador

Buenos días Sr. Rajoy. El torpe caminador, anda mal y acaba peor. 

Menudo pitote tiene montado, no ya con el conjunto del pueblo español, que lo tiene, sino, además, con los suyos. Hasta un depilado y musculado Aznar le exige mantener fidelidad al axioma nacional de unidad, grandeza y libertad, cromosómica de su partido y que le confiaron sus ancestros para esta su España que, para más complicación suya y nuestra, es la de todos.

Desde sus filas, con apariencia centrista liberal y tripas de derecha conservadora y tradicionalista, le miran raro pues, le toman por tonto a pesar de sus no reconocidos esfuerzos, les resulta infiel a la triada que sintetiza el credo del régimen predemocrático y que tiene otra trinidad implícita, la del Padre, el Hijo y Espíritu Santo. Un imposible prisma de tres caras, Franco, Aznar y Rajoy, tres en uno. Agua y sed, serio problema.

Usted y los suyos, unos más que otros, pero todos, añoran España como Una, Grande y Libre; echan de menos aquella España Católica, Apostólica y Romana; evocan, en mayor o menor medida, aquella España indivisible, imperial y no sometida a influencias extranjeras. De ahí la tilde ideológica que ponen a unas leyes que no gustan, por distintos motivos, ni a propios ni a extraños.

A extraños porque no compartimos sus cromosomas políticos y, sin el atenuante ideológico, vemos la cara más dura de su regresiva legislación. A propios porque éstos le consideran una mala mutación genética, producto de un experimento fallido incapaz de preservar con rigor y vigor los principios fundamentales de la ideología que les une bajo las alas de unas gaviotas.

Usted les cuenta que los tiempos son ya otros y la realidad territorial del País no supone, “per sé”, una España dividida, puesto que las autonomías son parte integrantes e integradas de la Nación, pero le sale Mas, el oportunista, amenazando con el independentismo; les relata que la realidad histórica ha dejado muy atrás esa España colonialista que miraba con morriña a América y con avidez a África, pero esos inmigrantes nos invaden y nos quitan el poco empleo que hay; les explica que la realidad económica, la globalización nos somete a otros credos más poderosos que la ideología, pero que somos soberanos y, entonces, viene Merkel con sus recetas, Adelson con sus casinos, a recordar lo libres que somos de influencias extranjeras.

Aznar que le puso ahí, confiando que jamás llegaría, le jode la vida ahora que ha llegado, hablando de lo mal que lo está haciendo y alimentando a sus tenias intestinales.

La oposición, incapaz de desbancarle, no le apoya porque dice, desde la oposición, que hay otra forma de hacer las cosas, sin creerse que “la cosa” está así de mal porque los socialistas lo estropearon y deberían dimitir de la oposición.

Su prepotente mayoría parlamentaría desprecia el conveniente acuerdo parlamentario que no necesitan, ¡faltaría más! convirtiendo el parlamento en una comedieta democrática.

Los empresarios que le financiaron se muestran insaciables y, mientras sacan brillo a las monedas que han ganado a cambio, le exigen nuevas medidas de explotación laboral.

Los banqueros para los que su gobierno ha sido la antítesis de Robín Hood, no entiende su titánico esfuerzo al trasvasar dinero público, dinero de todos, hacia sus arcas privadas y van a su bola.

El pueblo que sí le puso, con el insuficiente voto en contra de muchos y el silencio decisorio del resto, enferma por descuidado, se duele por blandengue, pasa hambre por razones de estética, se va al paro por vago, se queja por llorica, se manifiesta por alborotador, emigra por hacer turismo y sacar divisas del país, no estudia por lerdo, se queda sin casa por irresponsable y cuando calla,… cuando se calla es por mostrarle de forma elegante el apoyo que le dispensa.

Los propios no valoran su esfuerzo y empiezan a querer que se vaya. Y lo ajenos padecemos sus esfuerzos y queremos que se vaya.

Se quedan sin discurso ideológico para los suyos, que no se conforman ya con el economicismo liberal y quieren más y más profundos cambios ideológicos que devuelva a esa concepción de España su grandeza y, para el pueblo, se quedan sin mentiras creíbles que les pueda mantener callado por mucho más tiempo.

Le vaticino un desagradable, solitario y oscuro futuro político.



F. Sánchez
28/10/2013

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