miércoles, 4 de diciembre de 2013

UGT, las manos esposadas.

Buenos días sr. Rajoy. Inoportunos y, para otros, jugosos gritos de ¡¡Libertad!! Los que se profirieron a la puerta de la sede judicial de Sevilla la pasada semana al paso de la Jueza Alaya y de sindicalistas esposados para prestar declaración como imputados en la presunta trama de los ERE’s de Andalucía.

Una muchedumbre gritando chorizo a Luis Bárcenas o al, ya defenestrado Duque, Iñaki Urdangarín es un incidente no menos deplorable que un grupo espontáneo de afiliados mostrando su apoyo a sindicalistas al grito de ¡¡Libertad!!. La principal diferencia, aunque lo parezca, no es sólo visual pues mientras aquellos comparecían ante una citación, con sus trajes de marca, corbatas de seda y sus abogados, estos “descamisados” han sido detenidos, arrestados y conducidos, con muñecas esposadas, por la Guardia Civil ante la Jueza que ha comunicado a sus abogados la comparecencia según la prensa. ¿Meros aspectos estéticos o conceptuales?
No puede calificarse de más presión la de esos gritos espontáneos que la campaña política y mediática contra el sindicalismo, que se hace parecer inapropiado a la confianza financiera, o institucional desimputando a elementos de la casa real o emitiendo informes para tratar de convertir en legales donaciones ilegales de dinero negro.

El tratamiento judicial de una persona imputada por la comisión de un presunto delito ha de ser igual ya se dedique a gestionar las finanzas de un partido, a presidir un gobierno, a ser hija o yerno de un monarca, o al ejercicio sindical. Los españoles debemos ser, constitucionalmente, iguales ante la Ley.

El incidente ante la puerta de los Juzgados de Sevilla es inoportuno porque nuestro sistema debe garantizar los mecanismos y procedimientos de defensa suficientes, pero mas deplorable debe considerarse las voces políticas satanizando el sindicalismo o las sutiles presiones de la casa real o de la hacienda española para evitar que la monarquía se ponga en entredicho o que un presidente de gobierno deba acudir a declarar.

Y es jugoso el incidente porque da argumentos y alas a una prensa convertida en aparato propagandístico de las medidas y directrices políticas conservadoras de su gobierno.

En un estado democrático se debe dejar hacer a la Justicia sin someterla a presión de ningún tipo, por muy inadecuadas que puedan parecer sus actuaciones y, la Justicia, debe tratar por igual a todos los imputados, con independencia política, institucional o mediática, pues, de no ser así, ante esa Justicia independiente, metafóricamente ciega, unos imputados serán presuntos inocentes, sobre los que habrá de demostrarse su culpabilidad , mientras otros, sobre la balanza de la Dama de la Justicia, seremos presuntos culpable, obligados a demostrar nuestra inocencia.



F. Sánchez
14/10/2013

No hay comentarios:

Publicar un comentario