Buenos
días Sr. Rajoy. Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad. No se asuste,
no le voy a torturar con un villancico; pero no querría pasar estos días,
considerados por algunos como felices, casi mágicos, y por otros, en cambio, como un tormento
insoportable, sin desearle que usted y su familia disfruten de estas fiestas...
Estos son, tradicionalmente, días de reencuentro familiar, de comidas festivas, de regalos, de deseos de paz, prosperidad y de buenos propósitos.
Estoy seguro que para usted, éstas fiestas serán como otras anteriores, reuniones con familiares y buenos amigos, sentados a una mesa con ricos productos de su mar y de su tierra, buen orujo gallego y buen puro cubano, que el rojo no se pega. Risas, alegrías y los quebraderos de cabeza de quien puede regalar lo que gusta y no lo que se puede. Lanzará esos deseos de paz y prosperidad a quienes no los necesitan porque ya tienen lo uno y lo otro. Incluso hablará de buenos propósitos pues la magia de estos días, ayudada por los vapores del orujo, inundará fugazmente de bondad su corazón.
Como para usted no ha cambiado nada, no sé si se habrá parado a pensar, si habrá reflexionado en cómo ha contribuido a cambiar al carácter de estos entrañables días.
Éste año habrá menos reencuentro familiar
porque la emigración ha disgregado a más familias, sus comidas no podrán ser
festivas, acaso muchas ni cenen esta Nochebuena porque su reforma laboral les
ha dejado sin forma de ganarse la vida al arrebatar el empleo a todos sus
miembros.
En otros muchos
hogares quizás la morosidad de pago del desorbitado
peaje eléctrico les llevará a no disponer de luz ni calefacción. No
habrá ni dinero ni disposición para regalos pues los sueldos son más bajos, las
pensiones también y deben reservarse para ayudar a los hijos en desempleo y
para el copago farmacéutico.
Algunas tendrán
como única preocupación la de si se verán afectados por el
ERE que está planeando su empresa y otras, en cambio, doblegando su dignidad
acudirán al día siguiente, Navidad, al banco de alimentos para seguir
sobreviviendo. Habrá las que, desahuciadas por banqueros
mantenidos, quizás no tengan un techo en el que cobijarse.
Sé que este saludo no es el Cuento
de Navidad de Dickens, ni usted el sórdido señor Scrooge. A éste los fantasmas
de las navidades pasadas, presente y futura le cambiaron el chip. A usted ni
toda la pobreza generada en España lo hará.
Ahora hay más personas que odian la Navidad y que estos días
se les harán más insoportables. Un verdadero tormento. Esa es su contribución
al espíritu de la Navidad, por eso, no quisiera pasar el día sin
desearle que usted y su familia disfruten de estas fiestas ... como lo haría esa
familia sin recursos que, afectado por sus medidas, ha perdido trabajo, casa y sus hijos han tenido que emigrar.
F. Sánchez
24/12/2013
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