lunes, 13 de enero de 2014

La España profunda.

Alcalde, cura, guardia civil, médico, y maestro eran las autoridades de la España profunda que muchos de los que militan en las filas conservadoras añoran y que afortunadamente sobrepasamos a pesar de los esfuerzos gobernantes por devolvernos a esa sociedad retrógrada, oscura y vetusta.


Hace muy poco saltó a los medios de comunicación como ciertos individuos, ubicados en los extremos de esa derecha que en España representa el PP, vomitaban a gusto su más amarga hiel contra el socialista Pedro Zerolo tras anunciar este que padece cáncer.


En una entrevista realizada hace unos días en la televisión Alerta Digital (otra de tantas) el presentador y el cura párroco de El Burgo Ranero (León), Jesús Calvo, se despachaban a gusto soltando barbaridades y escarnios, más propios de energúmenos que de periodistas y sacerdotes, contra el socialista llegando a decirse, por el hecho de la homosexualidad de Pedro, que la vida de un perro valía más que la de un hombre y que el cáncer que padecía era un castigo divino porque "Hay mucha basura social. Se ha quitado la pena capital desgraciadamente, que es doctrina de la Iglesia católica y habría que eliminar a mucha gentuza de esa que está haciéndole la vida imposible a los inocentes".


Del “periodista” no diré nada pues el mismo se califica al valorar la vida de su perro más que la de un ser humano. Respecto al cura, que es amigo íntimo del golpista Antonio Tejero (cura y guardia civil como en aquella España), es conocido por sus incendiarias manifestaciones reaccionarias respecto de todo aquello que no es su propia comunión.


Así del Islam dijo en cierta ocasión que Es una raza fanática. No es una religión sino una filosofía del desierto. El concepto de religiones en plural es absurdo. Solo hay una religión verdadera. Las demás son credos, filosofías orientales, herejías desgarradas del tronco que Cristo fundó. Hay que hablar de religión y no de herejías ni de filosofías humanas".


Su postura ante la homosexualidad y el aborto es igualmente conocida, llegando a decir que “los gays deben apartarse para no contagiar”. Todo un ejemplo de cura. Tanto que revela una y otra vez la hipocresía de una curia pues si alguno hace la declaración: “Yo amo a Dios”, y sin embargo está odiando a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede estar amando a Dios, a quien no ha visto. (1 Juan 4:20) Y este mandamiento lo tenemos de él, que el que ama a Dios esté amando también a su hermano. (1 Juan 4:21). Hipocresía. Solo hipocresía y mucha mala baba.


Después de esas citas bíblicas, quizá por mi condición de ateo, no hablaré aquí de la renovación moral de la vida cristiana de los fieles, ni de adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo y ni de la interrelación con las demás religiones, principalmente las orientales, que propugnaba el Concilio Vaticano II; como tampoco hablaré de la homosexualidad o de la pederastia en el seno de la iglesia. Pero si hago un llamamiento a los valores humanos que debe tener cualquier persona, y más aún si ha dedicado uno su vida a la vocación de servir a Dios, sea el que sea, y a los hombres.


Aunque para muchos de los llamados conservadores se sienten cómodos y hasta animan a quienes así se expresan, si tengo que llamar la atención para decir alto y claro que la homosexualidad no es un crimen y el cáncer no es un castigo divino, porque si este existiese la espada de fuego del arcángel segaría la vida de quien pone a un gay por debajo de la de un perro y quien hace de la pena de muerte un elemento doctrinal para limpiar la “basura social”


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