jueves, 2 de enero de 2014

¿Quién es más golfo Toxo o Méndez?

No tengo la menor duda. Hay una campaña dirigida que desde hace unos años tiñe de inexactitudes, mediastan falso,an falso,verdades y mentiras completas las informaciones sobre los sindicatos mayoritarios con el claro propósito de manipular la opinión que se tiene de ellos y debilitarlos .

De todo menos bonito vienen diciendo de Cándido y de Toxo, de UGT y de CCOO. Los medios de ideología más mohosa buscan desacreditar a las centrales desprestigiando a sus líderes. Vagos, sindicalistos, paletos en coche oficial, triperos, chupones, delincuentes… de todo se ha dicho vamos.

En “Más se perdió en Cuba”, de la parrilla de Intereconomía, con un prestigio, ecuanimidad y veracidad del que nadie con un C.I. medio tiene duda alguna, se llegó a lanzar en 2012 la pregunta ¿Quién es más golfo Toxo o Méndez?

Se ha hablado de los lujosos relojes de Cándido, de su adicción al sibaritismo en hoteles y restaurantes de lujo (2010) y hasta del caviar ruso que Obdulia García, una camuflada militante del PP de Ciempozuelos, dijo ver que pagaba con tarjeta del sindicato en un supermercado donde ella compraba unos mejillones en escabeche.

De Toxo tres cuartos de lo mismo. Desde el ilícito ático protegido en Monte Carmelo (Madrid) con unos ingresos de 114 mil euros, hasta el crucero de lujo por el Báltico (2010).

De los liberados y representantes sindicales en las empresas que son unos vagos que no dan un palo al agua y cobran sin trabajar, devaluando el quehacer sindical en las empresas a la categoría de parasitismo.

Ni Rolex, ni hotel, ni crucero de lujo, ni ingresos astrónomicos, “ni ná de ná”, todo  tan manipulado, falso e interesado como las declaraciones de la pepera de Ciempozuelos.

Cualquier barrunto, cualquier media verdad no contrastada, cualquier mentira interesada, cualquier editorial soez es usado por esos medios para infamar a los líderes sindicales relacionándolos con un aparente lujo y buena vida que no correspondiendo, a todas luces, con su clase les deslegitimaría ante los trabajadores como representantes de un sindicato de trabajadores.

Los políticos más dextrógiros tampoco se han quedado atrás en esta cruzada y, a poco que revisemos la hemeroteca, vemos una evidente y reveladora sintonía con esos medios panfletarios.

Hasta algún agravio de trato se evidencia en función de si quien declara ante la judicatura es un cuello alto, que lo hace por su pie y asistido de letrado, o un sindicalista descamisado, que debe hacerlo esposado, lo que contribuye, queriendo o sin querer, a esa operación antisindical.

Hay una campaña orquestada que interesa, y mucho, a quien interesa.

Eso es cierto. Pero no es menos cierto que existe una creciente desafección, en parte provocada por esa campaña sí, pero en parte originada por el propio funcionamiento, a veces ciertamente opaco, de sus mastodónticos aparatos y también por algunos malos ejemplos de liberados y delegados. 

Nadie habla de los miles de delegados que hacen su trabajo sindical día a día, que negocian mejores condiciones, a pesar de la crisis, para los trabajadores de su empresa, de las horas quitadas a la familia y del abandono de la carrera y promoción profesional.

Y está también la crisis. La odiosa crisis ha provocado, principalmente en UGT una convulsión cuyo epicentro se localiza en Sevilla y que, de no hacerse nada, puede zarandear todo un edificio sindical que cuenta ya con 135 años de honradez, de honestidad y de lucha obrera.

Sobre UGT Andalucía planea la sombra de presuntas irregularidades en los ERE’s, que tanto gustaría a empresarios que no fuesen asistidos por los sindicatos para dejar más indefensos a los afectados; en la formación profesional laboral, bocado exquisito para el mundo del negocio; en las facturaciones a la Junta de Andalucía, gobernada por la izquierda andaluza rival por antonomasia de la derecha más rancia. 

Presuntas irregularidades que se debe determinar, cuanto antes mejor, sin son constitutivas de delito o no lo son. 

Y también actuaciones poco entendibles desde el cariz ético, que nada tienen que ver con el ámbito judicial pero sí con el de la coherencia de la ideas, despidiendo a los trabajadores del sindicato con una legislación que los delegados deben combatir ante los empresarios. Y presuntas irregularidades respecto de la honestidad que debe exigirse a todo el que, a cualquier nivel, representa a los trabajadores.

Estamos, más que acostumbrados, asqueados en ver como la clase política del país, también en crisis de credibilidad, somete la asunción de responsabilidades políticas con la concreción de las penales. En el sindicato, en UGT no debería ser así. Hay que marcar distancias con esa praxis política, porque en el sindicato debe haber sindicalistas y no políticos, y menos aún políticos corruptibles.

En UGT Andalucía no se están adoptando las actuaciones que, desde mi humilde rincón, entiendo se deberían adoptar y que es la que esperan los trabajadores en general y los afiliados en particular. 

Se sigue determinando y buscando el consenso en las cúpulas, intentando los equilibrios entre federaciones. Acuerdos de alto nivel que nadie entenderá pues parece que solo se quiere cambiar lo justo y preciso para que no cambie nada.

Desde UGT confederal se han enviado mensajes hacia la autosuficiente delegación andaluza y respetando su autonomía orgánica no se ha sido lo decisivo que pueda permitir la lectura clara y estricta de unos estatutos que, además de regular su funcionamiento, el de toda la organización, contempla un régimen disciplinario y unos órganos para ejecutarlo. Será cuestión de equilibrios, pero esos equilibrios, políticos, son mal entendidos por los trabajadores vapuleados por la crisis que deben ver en el sindicato su casa y en los sindicalistas a sus iguales.

Son necesarias actuaciones meridianamente decididas. Hay que desmarcar la actuación del sindicato y de sus dirigentes del de las organizaciones políticas y del de algunos de sus dirigentes, sacudidos e imputados por escándalos de corrupción que se mantienen ahí, aferrados, haciendo un daño irreparable la democracia y a la credibilidad social en sus instituciones.


El Sindicato, como se le llamaba orgullosamente antes, debe dar ejemplo de transparencia, honestidad democrática y personal, y de contundencia en la defensa de su labor contra los difamadores y contra los abusadores. Debe abrirse a las bases, a la crítica como elemento de vitalidad y contacto con los tajos y la sociedad, a dirigentes sin mochila que sepan dimitir cuando su credibilidad está, simple pero claramente, en entredicho. 

Y debe cerrarse a la ingeniería congresual que ahoga la participación; al seguidismo fiel que busca recompensa, pero que es desleal con la organización; al liberado vocacional que ni tiene ni quiere el contacto con los representados; a los brazos de madera que una y otra vez levantan sin criterio alguno sus papeletas de voto permitiendo la acomodada profesionalización de las cúpulas.

F. Sánchez
02/01/2014

No hay comentarios:

Publicar un comentario