Lo advertimos aquí primero! Como os comentaba hace apenas unos días en mi entrada "El karaoke de Génova: ¡Cállate niña!", en la sede central del PP no solo estaban eligiendo la lista de reproducción, sino que estaban deseando quitarle el micrófono a los solistas regionales para que nadie desafinara.
Pero el 25 de febrero de 2026, la realidad ha dado un golpe de plato que ha dejado a todos sordos: El PP ha intentado domar a Vox y ha acabado arrodillado.
El supuesto “reseteo” de las conversaciones, escenificado tras la llamada entre Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, saltó por los aires en menos de 24 horas. Génova presentó un documento marco con guiños evidentes a la ultraderecha en inmigración y políticas climáticas, esperando una transición suave. ¿La respuesta de Abascal? Acusarles de tratarles como “salvajes” por el simple hecho de mencionar el respeto a la ley y la unidad de España.
La dirección popular finge sorpresa, pero la realidad es otra: cuando asumes el marco del adversario, te conviertes en rehén de su estrategia.
En privado, los populares ya admiten lo inevitable: la primera investidura de María Guardiola apunta al fracaso, y Jorge Azcón en Aragón comprobará cómo su autonomía se diluye bajo el mando nacional.
¿La excusa? La campaña en Castilla y León para el 15 de marzo. Según el PP, Abascal no puede rebajar el tono en plena contienda. Traducido al lenguaje de la calle: la estrategia electoral de Vox condiciona la gobernabilidad de dos comunidades autónomas. Incluso Miguel Tellado ha empezado a matizar el discurso, diciendo que “exigir no es un verbo que conjugue bien”. Es decir: negociar sin molestar, o lo que es lo mismo, ceder para no incomodar al socio necesario.
El problema ya no es solo táctico, es político y estructural. Cada vez que el PP incorpora el discurso ultra para facilitar un acuerdo, el centro del debate se desplaza. No se modera a la extrema derecha gobernando con ella; se la fortalece.
En esta lógica de "Maniobras Orquestales en la Oscuridad" (como los míticos OMD), quien pretendía dirigir la batuta ha terminado gestionando su propia humillación pública. Porque la lección es clara: cuando dependes de quien te desprecia, ya no negocias; simplemente obedeces.
Hasta José María Aznar, derechonoico donde los haya y gran arquitecto de la unión de la derecha, ha tenido que saltar a la palestra. Su diagnóstico es demoledor: contra lo que algunos quieren creer, la derecha populista —es decir, Vox— no ha venido a compartir el escenario, ha venido a fagocitar al PP. Mientras Feijóo intenta "domar" al salvaje, el salvaje está afilando los cubiertos para merendarse las siglas populares desde dentro. En este karaoke político, el PP corre el riesgo de perder no solo el micro, sino el local entero. Porque, como parece confirmar Aznar, quien se acuesta con hambre de poder, corre el riesgo de despertarse siendo el menú del día.
¿Qué pensáis vosotros? ¿Es una rendición estratégica o el principio del fin para el PP tal como lo conocemos? ¡Os leo en los comentarios!
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